Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
4 Opinión VIERNES 26 5 2006 ABC PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA LUCA DE TENA CONSEJERO DELEGADO: SANTIAGO ALONSO PANIAGUA DIRECTOR: JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS Directores Adjuntos: Eduardo San Martín, Juan Carlos Martínez Subdirectores: Santiago Castelo, Rodrigo Gutiérrez, Carlos Maribona, Fernando R. Lafuente, Juan María Gastaca, Alberto Pérez Jefes de área: Jaime González (Opinión) Mayte Alcaraz (Nacional) Miguel Salvatierra (Internacional) Alberto Aguirre de Cárcer (Sociedad- Cultura) Ángel Laso (Economía) Jesús Aycart (Arte) Adjuntos al director: Ramón Pérez- Maura, Enrique Ortego Redactores jefes: V. A. Pérez, S. Guijarro (Continuidad) A. Collado, M. Erice (Nacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura) J. López Jaraba (Deportes) F. Álvarez (TV- Comunicación) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) Director General: José Luis Romero Adjunto al Consejero Delegado: Emilio Ybarra Aznar Económico- financiero: José María Cea Comercial: Laura Múgica Producción y sistemas: Francisco García Mendívil NUESTRO PODEROSO VECINO RUSO A Unión Europea y Rusia comparten muchas más cosas que el comercio de hidrocarburos, pero en este momento histórico la energía se está convirtiendo en el elemento central de nuestras relaciones, con todos los riesgos que ello conlleva, como comprobamos este invierno durante los problemas de suministro que ocasionó la crisis con Ucrania. El abastecimiento energético de Europa depende en buena parte (el 25 por ciento) de las importaciones de gas ruso, pero Rusia es cautiva de los ingresos europeos por sus exportaciones en hidrocarburos (le compramos más del 75 por ciento) lo cual a su vez mantiene un desequilibrio muy pernicioso en nuestra balanza comercial con el antiguo imperio zarista. La Unión Europea quiere quebrar el monopolio de la estatal rusa Gazprom en el transporte y distribución de gas para evitar tanta dependencia, y los directivos de esta compañía estatal exigen por el contrario poder extenderse en el mercado europeo comprando empresas occidentales. Bruselas insiste en que Moscú firme la Carta de la Energía comprometiéndose a no utilizar el suministro energético como arma política, y el Kremlin dice que es una injerencia que atenta contra la soberanía de sus empresas. No es extraño que en estas circunstancias la tendencia de las relaciones bilaterales se dirija hacia una situación en la que se producirán tensiones cada vez más frecuentemente. La reunión semestral que la UE y Rusia celebraron ayer en el balneario de Sochi ha sido un ejemplo de esta situación necesariamente transitoria en la que los problemas no se ven, pero tampoco se solucionan. Para Rusia es una prioridad absoluta que no se produzcan sobresaltos con Europa o Estados Unidos que pudiesen empañar su imagen en el año en el que el presidente Putin va a ser anfitrión por primera vez del poderoso G- 8, lo que es una ocasión muy importante para un país que ni siquiera es miembro de la Organización Mundial de Comercio. Para Europa también es fundamentalcontar con Rusiaen lasnegociaciones con Irán y en el proceso de paz de Oriente Próximo. Sin embargo, tarde o temprano las tensiones reaparecerán, ya sea con Europa en concreto o con el mundo occidental en general, cuando la OTAN dé pasos para concretar el ingreso de países como Ucrania y Georgia, a causa de las críticas de Estados Unidos a los escasos avances de la democracia en Rusia o de la agresiva política europea contra el régimen bielorruso. Las cosas no funcionarán del todo bien con Rusia hasta que se produzcan en Moscú las reformas que no acaban de enraizarse desde que hace quince años se derrumbó la Unión Soviética. Cuanto más se aproxime Rusia a Europa en valores y principios políticos, más fáciles serán las relaciones. Lamentablemente, por ahora hay que reconocer que los pasos que se dan desde el Kremlin no van siempre en una buena dirección. L EL PAPA EN POLONIA ENEDICTO XVI comenzó ayer una visita apostólica de cuatro días a Polonia. Es digno de resaltar que el segundo viaje del Papa fuera de Italia le conduzca precisamente a la tierra natal de su antecesor, porque Juan Pablo II- -un auténtico gigante de la historia universal- -nunca olvidó sus raíces ni la influencia de su larga etapa pastoral bajo un régimen totalitario. Polonia es una nación cuya historia y cultura solo se explican desde la fe católica, que profesan- -según cálculos recientes- -más del 95 por ciento de sus treinta y ocho millones de habitantes. El programa incluye momentos tan significativos como la visita al santuario de Czstochowa y a Wadowice, ciudad de origen del Papa anterior, así como los grandes actos multitudinarios: celebración de la eucaristía en Varsovia y encuentro con los jóvenes en Cracovia, ciudad cuyo obispo es actualmente el que fuera durante muchos años secretario personal de Wojtyla. Sin olvidar, por supuesto, la visita a los campos de concentración, con participación de antiguos prisioneros y víctimas del holocausto, en una imagen que está llamada a dar la vuelta al mundo. El Papa participa también en un encuentro ecuménico con representantes de las iglesias luteranas, buena prueba de que la apertura hacia otros horizontes del cristianismo constituye uno de los ejes de su pontificado. Las cosas han cambiado mucho en aquel gran país, maltratado por la historia y repartido cuatro veces entre sus poderosos vecinos, pero hoy día miembro de pleno derecho de la Unión Europea y dispuesto a afrontar el gran reto de modernizar su economía y desplegar sus señas de identidad cultural, despreciadas con frecuencia durante los largos años vividos bajo la hegemonía soviética. La fe católica fue entonces y sigue siendo ahora el hilo conductor de una historia nacional que ha aportado a Europa momentos brillantes en la resistencia contra el nazismo y en la lucha contra el comunismo, simbolizada por el sindicato solidaridad y su líder Lech Walesa. El Pontífice actual se caracteriza por una singular combinación entre la continuidad y la renovación. Ratzinger, colaborador principal de Juan Pablo II, sigue las líneas maestras de una etapa de excepcional relevancia para la Iglesia, introduciendo un énfasis especial en aspectos como el ecumenismo y la apuesta por una mayor presencia de los católicos en la vida pública. Es un Papa llamado a regir los destinos del mundo católico en B una era marcada por la globalización, pero que pretende también conservar y fomentar los sentimientos de arraigo y pertenencia. Polonia es un buen ejemplo de este doble enfoque. El hechode que se trate de un Papa de origen alemán- -la canciller federal, Angela Merkel, insistió ayer en la necesidad de que en la Constitución europea aparezca una referencia al cristianismo- -introduce además un factor simbólico de primera magnitud en relación con las convulsas relaciones entre alemanes y polacos a lo largo de los siglos, y no solo después de 1939. Sin embargo, conviene tomar buena nota de las palabras del Pontífice (todavía en el avión que le trasladaba desde Roma) en el sentido de que la Iglesia es católica y, por ello, universal, de manera que las naciones están incluidas, relativizadas y bien colocadas en el gran conjunto de la comunidad católica Son palabras que demuestran una visión abierta al mundo y que suponen una crítica implícita de cualquier localismo de vía estrecha que daña la imagen de un mensaje dirigido por igual hacia todas las gentes de buena fe. Con su estilo más propenso a la reflexión intelectual que a los gestos mediáticos, Benedicto XVI está logrando transmitir ese mensaje evangélico en un marco de plena compatibilidad entre la razón y la fe, como reclaman desde hace siglos los mejores filósofos y teólogos. Pero nadie puede reprochar a este Papa la lejanía afectiva que a veces se achaca a los pensadores volcados en su reflexión interna: Os saludo, soldados fueron sus primeras palabras pronunciadas en lengua polaca nada más descender del avión, dirigidas a la compañía del Ejército que le rendía honores. Ha sorprendido a muchos que Ratzinger se haya desprendido en pocos meses de la imagen de rigidez y dogmatismo que algunos asociaban con su figura. Frente al tópico interesado, nos encontramos ante un Papa que busca y encuentra el equilibrio entre la expresión docta y rigurosa y el gesto amable y cariñoso hacia la gente sencilla. Quienes pensaban (o acaso deseaban) que la Iglesia iba a iniciar una etapa marcada por una personalidad autoritaria se han equivocado por completo. Eso sí, la moderación en las formas y la firmeza en el mensaje las acompaña de una sólida argumentación doctrinal. Bien merece el pueblo polaco este acto de reconocimiento y de confianza que le ofrece el Papa, a quien es previsible que se vuelque con el mismo entusiasmo mostrado hacia su predecesor. CAUSAS DE INDEFENSIÓN la hora de explicar el incremento de asaltos violentos a domicilios, especialmente en urbanizaciones de viviendas unifamiliares, hay datos que se muestran demoledores. Según la información que hoy publica ABC, en la sierra norte de la Comunidad de Madrid únicamente están desplegados 150 guardias civiles, que deben atender 58 localidades, con 1.144 urbanizaciones y 150.000 habitantes. En estas condiciones no es posible que los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado puedan prevenir este tipo de delitos mediante la disuasión. Los delincuentes no tienen temor a ser sorprendidos, ya que la policía no puede atender rápidamente las llamadas de auxilio de los ciudadanos. Cuando llega, ya es tarde. El problema no se resuelve echando la culpa a la proliferación de urbanizaciones. Son los poderes públicos los que deben adaptarse a la evolución de la sociedad, y no esta a las limitadas capacidades de las administraciones públicas para garantizar los servicios esenciales que constituyen el núcleo del Estado, empezando por la seguridad de los ciudadanos. No podrá tampoco alegarse que el Estado, en sus diferentes estamentos- -central, autonómico y local- no dispone de recursos económicos, pues sería un contrasentido que en el momento histórico de mayor acumulación de A estructuras administrativas, gasto público y cuerpos policiales de toda índole no fuera posible asegurar- -si no totalmente, sí en mucho mayor grado que el actual- -la integridad de vidas y patrimonios. Hay demandas sociales que se deben atender por encima de cualquier consideración ideológica o presupuestaria. La de la seguridad ciudadana es una de ellas, como la sanidado laeducación. En la misma medida en que aumentan los presupuestos para reforzar el sistema sanitario o el educativo, también debe hacerlo el destinado a los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado. Correlativamente, habrán de revisarse también las necesidades de la Justicia y de la administración penitenciaria, como elementos imprescindibles de un sistema integral de protección del orden público. Los datos de la sierra norte de la Comunidad de Madrid- -que refuerzan las críticas de la administración autonómica hacia la gestión del Ministerio del Interior en esta comunidad- son gravemente expresivos de la debilidad policial que se está produciendo en el desarrollo urbano de determinadas zonas de España. No hay mucho margen para la imaginación: hace falta más policía en las calles para que el delincuente se lo piense dos veces antes de delinquir.