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60 Cultura JUEVES 25 5 2006 ABC Juan Manuel de Prada, ayer en el estudio de su casa ç PREMIO MARIANO DE CAVIA JUAN MANUEL DE PRADA Escritor Es como entrar en el panteón de fantasmas benéficos que me marcaron como lector Testigo privilegiado del acontecimiento histórico de la muerte y elección papal- -junto a un completísimo equipo de enviados especiales y corresponsales de ABC- Juan Manuel de Prada enhebró un periodismo más atento y cercano al factor humano que a la gran noticia. Ayer, una de sus prosas- Navegando la noche viaje a la madrugada romana antes de las exequias- -besó el Cavia (el inolvidable Jaime Campmany también ganó el Cavia con una joya- César o nada -esculpida durante ocho horas en una madrugada romana de 1965, cuando le golpeó la noticia de la muerte de su irrepetible maestro González- Ruano) Viajamos con Prada al corazón de su noche romana en la que el aire se paró. ¿Que significó su abril en Roma? -Me propuso esa aventura Ignacio Camacho, a quien le estoy muy agradecido porque fue una experiencia periodística, literaria y humana extraordinaria. Uno sintió esos días la vibración de la historia, la palpitación del instante y del corazón. -Exequias Vaticanas. Luto en el mundo entero. Numerosas colas se forman para desfilar un segundo delante del Papa muerto... Fetichista convicto y confeso, Prada se asoma al Cavia con una prosa sublime, fruto de tres semanas de pálpito Vaticano, cubriendo para ABC las exequias romanas. Y siente vértigo TEXTO: ANTONIO ASTORGA FOTO: JULIÁN DE DOMINGO (Esto creo que no lo debo decir) pero ya que me pone en el atolladero debo confesar que yo me colé en el Vaticano gracias a un fraile hospitalario, paisano mío de Zamora, que trabajaba de enfermero y de boticario y que se llama Fray José Luis Martínez Gil, de la Orden de San Juan de Dios. Los Hospitalarios tienen a su cargo la Farmacia Vaticana y el cuidado del Santo Pontífice. El día siguiente fue el más emocionante: la noche en la que todo el mundo permaneció a la intemperie para asistir a la misa funeral. La muchedumbre cantaba, rezaba. Durante la vigilia miles de velas permanecieron encendidas y miles de lámparas votivas sobre el Río Tíber. Fue algo conmovedor. Era un espectáculo extraordinario de cómo el espíritu triunfó sobre la carne, sobre la debilidad de la carne. Un hombre muere y su espíritu mantiene en vela a toda esta gente. ¿Fue una experiencia espiritual? -Sin duda. Me mezclé mucho con los polacos y hablé con ellos en inglés. Era como una legión que tenía invadida la ciudad, con mujeres muy guapas- -yo siempre he sentido debilidad por las eslavas- -junto a los scouts Innumerables chavales uniformados y perfectamente alineados. Era como un ejército vivaqueando con el fondo del Castello Sant Angello. Más de la mitad de los peregrinos que invadieron Roma tenían menos de veinticinco años. -Y esa noche las aguas del Tíber no leyeron a Heráclito... ...Que dijo que nadie se iba a bañar dos veces en el mismo río. Aquella noche no se movió nada. Las velas no se apagaban. Las aguas se detuvieron. La gente acudió como pudo, de modo muy precario, peregrinando, caminando a trechos, haciendo autoestop, era algo increíble. Una de las cosas que más me llamó la atención fue la presencia de personas del Camino Neocatecumenal. Es un movimiento muy atractivo, gente que intenta volver a los orígenes del cristianismo cuando hoy la gente vive un cristianismo muy cómodo. La gente hizo esfuerzos sobrehumanos para estar en Roma, organizando el viaje sin tener alojamiento en la ciudad. El ambiente previo al funeral me recordó un paraje del Evangelio, que dice: Nos os preocupéis por vuestra vida, qué comeréis o beberéis, qué vestiréis... Observad cómo crecen los lirios del campo, no se fatigan ni hilan -La conclusión de la misa le recordó a usted la imagen de la película Ariane de Billy Wilder, donde el camión de riego interrumpe su labor higiénica en París para respetar el beso de dos enamorados. -La misa fue espectacular. Emocionante. La multitud la siguió con muchísimo respeto, con vítores y aplausos a Ratzinger. Santo Subito fue el grito que más se repitió en las dos horas que duró la ceremonia. ¡Santo! ¡Santo! ¡Santo! Luego fuí a intentar dormir. -Y se encontró con la rebelión del viento, que elevaba al cielo de Roma miles de hojas de periódicos.