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54 Sociedad JUEVES 25 5 2006 ABC El ganador más joven Juan Ignacio Cirac Sasturain nació el 11 de octubre de 1965 en la localidad barcelonesa de Manresa. Licenciado en Física por la Universidad Complutense de Madrid en 1988, de la que es doctor desde 1991, comenzó a trabajar en 1989 en el Departamento de Óptica de dicha universidad. En 1991 fue nombrado profesor del Departamento de Física Aplicada de la Universidad de Castilla- La Mancha, donde permaneció hasta 1996. En esos años (entre 1993 y 1994) fue investigador asociado del Laboratorio de Astrofísica de la Universidad de Colorado. En 1996 se incorporó al Instituto de Teoría Física de la Universidad de Innsbruck (Australia) En 2001 fue nombrado director del Área de Óptica Cuántica del Instituto Max Plank y desde 2002 es también profesor de la Facultad de Ciencias Físicas de la Universidad de Múnich. Premios. Premio Nacional de Investigaciones Noveles 1992, Premio Félix Kuschenitz de la Academia de Ciencias de Austria 2001, Medalla de la Real Sociedad de Ciencias Físicas de España 2003 y miembro correspondiente de la Academia de Ciencias de España. Sus 41 años le convierten en el científico más joven en recibir este galardón, que él mismo considera como del máximo nivel En su lugar de trabajo, donde se encuentran algunos de los mejores laboratorios de Física del mundo, sus compañeros fueron desfilando a felicitarle a medida que iban conociendo la noticia. Entre ellos, el Nobel de Física de 2005, Theodor W. Haensch, que trabaja a sólo dos despachos de distancia del que ocupa Cirac. Sí, sí, hoy lo voy a celebrar- -asegura el científico- aunque aún no se cómo. De momento, he encargado una botella de cava, español, por supuesto. Y no creo que tenga mucho más tiempo para celebraciones, porque mañana (por hoy) tengo una conferencia y pasado mañana, otra Entre las felicitaciones, las de los Príncipes de Asturias, que le enviaron un telegrama nada más conocer el fallo. Ignacio Cirac, en una imagen de julio de 2004, en su laboratorio de Alemania EFE Un pionero de la computación cuántica, Príncipe de Asturias de Investigación El español Ignacio Cirac dirige el Instituto Max Planck de Óptica Cuántica en su despacho, aunque el propio Cirac confesó a ABC que tenía, por lo menos, alguna esperanza de llegar a la final en esta edición JOSÉ MANUEL NIEVES MADRID. Eran las doce menos cuarto de la mañana cuando sonó el teléfono en el despacho del Director del Instituto Max Planck de Óptica Cuántica en la localidad germana de Garching, muy cerca de Múnich. Al otro lado del auricular, el presidente del Jurado de los Premios Príncipe de Asturias, Julio Rodríguez Villanueva, comunicaba a Ignacio Cirac lo que ya desde la noche anterior se rumoreaba en toda España: que le había sido concedido el Premio, considerado como el Nobel español en su categoría de Investigación Científica y Técnica. Apenas cinco minutos después, el teléfono del físico volvió a sonar, y ya no dejó de hacerlo en todo el resto del día. No sabía bien qué decir- -afirmó el galardonado a ABC- En ese momento, yo estaba en mi despacho, leyendo. Y cuando escuché la noticia sentí un gran contento y una profunda sensación de gratitud hacia todos los que me habían ayudado Dentro de ese todos se incluyen también los seis premios Nobel que apoyaron su candidatura. El fallo del jurado no deja dudas sobre la categoría del premiado: Reconocido como uno de los científicos más importantes del mundo en el campo de la teoría cuántica de la información y b La noticia le sorprendió de aspectos de óptica cuántica y física atómica, Juan Ignacio Cirac ha impulsado con su trabajo una nueva ciencia del siglo XXI, que puede suponer una revolución tecnológica en el modo de transmitir y procesar la información Irónica situación la suya, experto en el futuro de las comunicaciones y absolutamente incapaz, hasta poco antes del mediodía, de hacer una simple llamada a casa, para compartir la alegría con su mujer y sus tres hijos, ni tampoco a Madrid, donde sus padres estaban ansiosos por recibir noticias. La vorá- gine le absorbió mucho antes de que pudiera siquiera coger el teléfono, y antes de darse cuenta ya estaba concediendo entrevistas a radios, televisiones y periódicos de toda Europa. El científico más joven Ignacio Cirac, que viajará a Madrid el viernes, donde tiene prevista una conferencia en la Universidad Politécnica, confesó a ABC que tenía, por lo menos, alguna esperanza de llegar a la final en esta edición, ya que el año pasado también estuve entre los nominados El límite cuántico La UE, EE. UU. Rusia y países asiáticos firman la puesta en marcha del reactor ITER M. NÚÑEZ. CORRESPONSAL BRUSELAS. Responsables de la Unión Europea, Estados Unidos, Rusia, Japón, China, Corea del Sur e India firmaron ayer en Bruselas el acuerdo definitivo para poner en marcha el gran reactor de fusión nuclear experimental ITER. Éste intentará investigar el potencial de la fusión como fuente de energía limpia y barata. Se trata de la cooperación científica más amplia de este tipo que se ha producido en la historia, con la participación de un gran número de países que representan más de la mitad de la población mundial. El proyecto tendrá un coste de 10.000 millones de euros a lo largo de los 30 años que durará y su sede estará en la localidad de Cadarache, en el sur de Francia. Este presupuesto será costeado en un 50 entre la UE y Francia, y el otro 50 entre los cinco socios restantes. La construcción del reactor deberá comenzar en dos años, tras obtenerse los permisos correspondientes, y tendrá que estar acabado en diez años, explicó ayer Kaname Ikeda, director general de ITER. El trabajo desarrollado por Ignacio Cirac abarca dos campos principales: el de la computación cuántica, que estudia cómo serán los ordenadores del futuro; y, por otro lado, el estudio de átomos a temperaturas muy bajas. Me interesa saber qué es lo que ocurre con la materia cuando la enfrías mucho. Eso tiene aplicaciones, por ejemplo, en relojes atómicos mucho más precisos, capaces de medir mucho mejor el tiempo En cuanto a los ordenadores, Cirac explica que los que trabajamos en computación cuántica sabemos que llegará un momento en el que los ordenadores, los actuales, con procesadores cada vez más pequeños, llegarán al límite cuántico. Cuando esto suceda, la computación entrará en un mundo en el que no existen propiedades concretas, sino incertidumbres, ni certezas, sino probabilidades. Cosas que, aunque cueste creerlo, harán que los ordenadores funcionen mucho mejor, y se podrán hacer infinidad de otras cosas que hoy no son posibles