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ABC JUEVES 25 5 2006 Madrid 45 ¿Le gustaría conocer qué cenaron los invitados a la inauguración del Canal de Suez en 1866 o el Papa Juan Pablo II en su vuelo de Innsbruck a Roma el 27 de junio de 1988? ¿Y cuál fue el menú en la cena de gala del primer centenario del Gran Teatro Liceo, en 1947? La cocinera Belén Laguía nos invita a un singular recorrido a través de la Memoria del paladar Menús que hicieron historia TEXTO: MABEL AMADO FOTO: VÍCTOR INCHAUSTI MADRID. Tras permanecer unas horas sobre lujosos manteles y compartir bromas y confidencias, son arrumbados en el fondo de algún cajón, maleta o, incluso, bolsillo. Los menús- -o minutas- fiel reflejo de modas culinarias y de la propia bonanza de un país, recuperan de nuevo su esplendor en una singular exposición y de la mano de la cocinera Belén Laguía. Desde ayer y hasta el 15 de junio, el centro Moda Shopping (General Perón, 40) ofrece al visitante un recorrido por la cultura social y gastronómica a través de 436 menús de la colección privada de Laguía. Como reconoce esta cocinera que ha dirigido restaurantes como El Café Latino La Recoleta o Lerranz antes de afrontar el reto del catering, hace veinte años que visito librerías de viejo rebuscando en los papeles que otros tiran. Así comencé a encontrar estas historias gastronómicas que una mano guardó, alguien perdió y yo rescato Cogote de merluza o mondalindos Así, entre los cerca de 3.000 menús de su colección, se han elegido los más significativos por los platos que se sirvieron, el momento histórico, la calidad del papel o su singularidad lingüística No en vano, hubo un momento en que expresiones como rusa se transformaba en ensaladilla nacional o imperial un postre tradicional en fruta tomada a los rojillos de Aragón y el cogote de merluza- -en clara alusión a los reclutas- -cambiaba su nombre por mondalindos Ésta es sólo una pequeña parte de la historia que se acerca al visitante a través de veinte paneles explicativos: El Papa a bordo La cocina de Franco Cazuelas en guerra Lujo en la posguerra La Casa Real Escritores y toreros Barcelona siempre es bona Madrid, Madrid, Madrid La cocinera Belén Laguía ha atesorado a lo largo de veinte años casi 3.000 menús diferentes. En esta muestra se exhiben 436 Algunas son joyas de imprenta, y entre ellas destacan los realizados en seda natural de la Maison Doré o la ilustración Art- Decó de la cena de fin de año de 1932 del Círculo Artístico Reveillón. Otras son singulares propuestas, como el menú catalán que incluye cuatro padrinos, todos varones; el que convoca a los amigos de más de treinta años de amistad o el que prohíbe la intervención de oradores espontáneos- -evidentemente, era una cena en homenaje a Mesonero Romanos- Y los más son curiosidades históricas y gastronómicas. Gracias a esta colección de Belén Laguía podemos admirar uno de los menús más antiguos, de 1866. Se trata del ágape servido con motivo de la inauguración del Canal de Suez y cuenta con más de veinte especialidades servidas. También destaca la cena de gala en conmemoración del primer centenario del Gran Teatro del Liceo (1847- 1947) y que constó de crema de ave, langostinos con salsa de caviar, medallones de solomillo asado al horno con guisantes a la francesa, supremas de capón y pastel de foie- gras. Para Laguía se trata de una pieza muy especial, pues el mismo día que la encontró se incendió el Liceo... Más austeros eran en el Palacio del Pardo, pues leemos que el menú del 15 de junio de 1962 constaba de sopa de fideos, tortilla con patatas y jamón, ternera mechada y pudin Alcalá. Y en este apartado también aparece otra singularidad: el menú de la única comida que Franco realizó fuera de España. Las cazuelas en guerra con sus recuerdos a victorias parciales, también ocupan un panel, contrapuesto al lujo en la posguerra que vio el nacimiento de dos restaurantes de referencia: Horcher y Jockey. También encontramos curiosidades, como el menú más pequeño- -de 4 x 7 centímetros- que se sirvió en homenaje a Ramón Gómez de la Serna en 1950, o el más grande- -de 60 x 40- del restaurante Horcher. Y entre ellos destaca, sin duda, el más emotivo: la carta del restaurante Windows on the World en las desaparecidas Torres Gemelas...