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ABC MIÉRCOLES 24 5 2006 Cultura 71 El Brecht poético de La buena persona de Sezuan llega al teatro María Guerrero La obra es, según Luis Blat, una reflexión ética sobre el ser humano y Yolanda Ulloa encabezan el reparto de esta producción, que se estrena mañana y con la que el Centro Dramático Nacional cierra la temporada JULIO BRAVO MADRID. El Centro Dramático Nacional (CDN) cierra su temporada en el teatro María Guerrero con uno de los autores fundamentales del siglo XX, Bertolt Brecht, y con uno de sus textos más hermosos e importantes según palabras del director del CDN, Gerardo Vera. La buena persona de Sezuan fue definida como una parábola escénica por Brecht, que la escribió en 1943 durante su exilio en Estados Unidos. Luis Blat, director de la producción, explica que a diferencia de otros textos, a Brecht le llevó mucho tiempo escribirla. Él era consciente de la importancia de esta obra, de que era un texto seminal en su producción La buena persona de Sezuan -cuyos últimos montajes destacables en España son el que protagonizó Nuria Espert en 1967 y el que dirigió Fabiá Puigserver en el Lliure en 1988, con Anna Lizarán como protagonista- -está situada en China. Allí quiso Brecht llevar esta parábola conscientemente, según Blat, ya que nos alejamos pero nos vemos a nosotros mismos y a nuestros vecinos. El texto cuenta una historia de un lugar lejano, pero en el fondo está hablándonos de nuestro microcosmos, de nuestras bajezas, nuestras miserias y nuestro egoísmo Blat piensa que en esta obra predob Gonzalo de Castro Dagoll Dagom regresa a Madrid con su histórico montaje de El mikado b El teatro Gran Vía acoge hoy el estreno de esta producción de la opereta británica, con el que la compañía catalana celebra sus treinta años de vida J. B. MADRID. Hacía muchos años que Dagoll Dagom, una de las más significativas compañías teatrales catalanas, no pisaba Madrid. Y hoy regresan a la capital, concretamente al teatro Gran Vía, para presentar un título que ya pudo verse hace veinte años (en el teatro Monumental) El Mikado Joan Lluís Bozzo, uno de los creadores de Dagoll Dagom, explicó ayer que la reposición de El Mikado se enmarca dentro de las celebraciones del trigésimo aniversario de la compañía. Para celebrar la efeméride, montamos un musical que tuvo mucho éxito, Mar y cielo pero requiere de un escenario muy grande y no podíamos hacer gira con él. Por eso recuperamos El Mikado que también nos dio en su momento muchas satisfacciones El Mikado es seguramente el título más popular de los reyes de la opereta británica, Gilbert Sullivan. Estrenada en 1885 en Londres, su éxito fue inmediato, y desde entonces han sido constantes sus representaciones en Gran Bretaña. La popularidad de la obra se ha extendido por todo el mundo, y según Bozzo, en Japón hay un teatro dedicado única y exclusivamente a este musical. Ambientada en un Japón imaginario, donde el Mikado (el Emperador) ha prohibido el flirteo en todo su imperio, y quien tenga veleidades amorosas sin fines exclusivamente matrimoniales ha de ser ejecutado Éste es el punto de partida de esta opereta que Bozzo define como una comedia de humor surrealista, a veces desvergonzada, con mucho color, muchas sorpresas y, sobre todo, con mucha felicidad escénica El montaje recupera con absoluta fidelidad el que se puso en pie hace veinte años. Según Bozzo, el maquillaje y las pelucas están inspiradas en el kabuki, aunque nosotros hemos hecho una especie de kabuki- cabaret La gran diferencia con respecto a la producción de 1986 son los intérpretes. Entonces no era fácil encontrar actores de musical, pero en estos veinte años la situación en este aspecto ha cambiado mucho, afortunadamente Dulcinea Juárez, Iván Labanda, Josep Ferrer, Josep María Gimeno y Mariona Blanch encabezan el reparto de la obra, que dirige musicalmente Joan Vives. Yolanda Ulloa y Gonzalo de Castro, en uno de los ensayos mina el aspecto poético de Brecht, y que lo que nos transmite es la importancia de volver a mirarnos; es una reflexión ética sobre el ser humano lleno de interrogantes y sin ninguna respuesta Todo ello en un contexto de ligereza que hemos tratado de desarrollar, con un texto lleno de humor y de ironía. Yolanda Ulloa, la protagonista de la obra, concreta: Es el latido de una pregunta abierta: ¿Qué posibilidad tiene el ser humano hoy en día de ser bueno, y de prosperar sin necesidad de ser un tiburón? ROS RIBAS Junto a Yolanda Ulloa sube al escenario una compañía compuesta por veintiséis actores, entre los que se encuentran Gonzalo de Castro, Enriqueta Carballeira, Críspulo Cabezas, Cristina Fenollar, Teresa Lozano o Vicente Díez. La escenografía la firma Paco Azorín y el vestuario es de Ana Garay. Según Blat, se ha querido huir de la chinoserie del exotismo. Nos han servido de inspiración las fotos de Robert Capa de la guerra entre Japón y China. Veíamos que cuanto más rico es uno, más occidental era su vestuario TEATRO El hombre de teatro Autor: Thomas Bernhard. Director: Xavier Albertí. Traducción: Eugeni Bou. Escenografía: Lluc Castells. Vestuario: María Araujo. Iluminación: Albert Faura. Intérpretes: Lluís Homar, Lina Lambert, Jordi Vidal, Silvia Ricart, Oriol Genis, Lurdes Barba y María de Frutos. Lugar: Teatro de la Abadía. Madrid. UNA GLORIA NACIONAL JUAN IGNACIO GARCÍA GARZÓN l teatro todo lo pisotea. Siempre es una catástrofe aseguraba Thomas Bernhard (1931- 1989) al final de una entrevista publicada en 1987 por la revista Quimera, en la que ponía de manifiesto el signo contradictorio que define su obra. El teatro es siempre una catástrofe, afirma rotundo, sí, como la vida, y seguimos viviendo como él continuaba escribiendo tozudamente teatro, novelas, poesía, entre la diatriba y la elegía, E e igual que Bruscon, el protagonista de El hombre de teatro sigue defendiendo su arte magnífico en un escenario paredaño con una pocilga. Como Bernhard, este actor excesivo, megalómano, odioso y admirable es un Sísifo imprecatorio y sarcástico. El escritor austriaco, al que- -como a Larra España- -siempre le dolió Austria y la fustigó hasta la extenuación, escribió este texto en 1985 como acto de amor odio hacia el teatro, esa catástrofe tan imprescindible. Es una pieza teatral que se centra en el montaje de una pieza teatral en el teatrillo de mala muerte del hostal de la perdida localidad de Utzsbach, a la que, en una gira zarrapastrosa, ha llegado la compañía familiar del gran actor Bruscon para representar una obra del propio intérprete, La rueda de la Historia pomposa apología de la cultura y el devenir europeos. Bernhard trufa la obra con una sucesión de metáforas: el pueblecito que hiede a cerdo podría ser Austria (o la entidad nacional a la que cada cual quiera aplicar el cuento) el montaje, un diagnóstico de la cultura occidental como hueco tinglado lleno de ruido y furia contado por un narcisista irredento, y, al tiempo, un trasunto del propio acto de la creación, esa búsqueda de lo sublime en un escenario ruinoso, en inútil lucha contra los elementos, la mediocridad y las propias limitaciones; y ese Bruscon cascarrabias, tiránico e iluminado, un autorretrato del propio autor, gloria nacional del país que vitupera. Una amarga comedia repleta de ironía cáustica, voluntariamente reiterativa, que es casi un monólogo de Bruscon. Un inmenso Lluís Homar, histriónico, desbordante como su personaje, llena el escenario, ajado para la ocasión con una estupenda escenografía de Lluc Castells; es el suyo un trabajo difícil y completo, de vaciarse para sentirse repleto, una exhibición de musculatura actoral. Xavier Albertí dirige un buen montaje que gravita en torno al astro, pero que también está muy atento a los pequeños detalles, como se percibe en el trabajo del resto de los intérpretes- meros comparsas del megalomaníaco hombre de teatro- que realizan un ajustado ejercicio de administración de silencios, cortas réplicas y cuidados matices.