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68 MIÉRCOLES 24 5 2006 ABC Cultura y espectáculos MARIO VARGAS LLOSA Novelista La Transición es el hecho político- social más extraordinario de los tiempos modernos -En esta novela en cierto modo regresa a algunos temas que caracterizaron las obras que usted escribió en los años 60 y 70, cuando utopía y juventud eran nociones equivalentes. -Indudablemente. La novela está vista desde la perspectiva que da el tiempo, la experiencia acumulada. Pero no es un libro que esté condicionado por el pasado, ni es la nostalgia lo que prevalece, aunque haya un recuerdo cariñoso de lo vivido. -También recupera un tema universal: el amor. -Escribir una historia de amor es muy difícil. Sobre ningún tema existe una carga tan pesada de ritos, convenciones y retóricas. Lo que me propuse era contar un amor moderno, no como se daba en el siglo XIX, un amor que hoy ya no es deudor del romanticismo, aunque esté arrebozado de todas las envolturas románticas. -La niña mala es un personaje múltiple (una niña de diez años, una aprendiz de guerrillera, una esposa bígama... ¿Por qué tantas caras? -José Enrique Rodó dice en los Motivos de Proteo que un hombre es todos los hombres Yo creo que esta muchacha, por razones fundamentalmente de supervivencia y de ambición, es muchos seres a la vez. Y tiene una capacidad enorme de adaptación y transformación, de mímesis; es una mujer de una gran audacia, casi temeraria, y al mismo tiempo, muy vulnerable. Viene de un medio muy modesto, no tiene casi formación y suple las enormes carencias de su personalidad con intuiciones y actos de gran coraje. Son muy distintos los dos personajes. Ella tiene una vida muy compartida con otras cosas, mientras que para él, para Ricardo Somocurcio, no existe otra cosa en la vida que ella y su única grandeza radica en este amor, pues, incluso cuando parece estar condenado al fracaso, en esa perseverancia él se realiza y supera esa condición de pichiruchi de pobre diablo, como dice ella. Aunque sea cierto que esta mujer lo ama a su manera y que él es un refugio al que vuelve una y otra vez. -Las razones del corazón de las que hablaba Pascal, ¿verdad? -Siempre resulta muy extraño el amor, siempre hay razones que escapan a la pura racionalidad y eso es lo que tiene de misterioso y de maravilloso. Así he intentado abordarlo en esta novela, contando la historia de estos dos seres tan diferentes el uno del otro. -Aunque aparecen Lima y Tokio, son París en los 60, Londres en los 70 y Madrid en los 80 las ciudades El novelista y ensayista hispano peruano presentó ayer a los medios Travesuras de la niña mala (Alfaguara) una historia de amor que transcurre en Lima, París, Londres, Tokio y Madrid TEXTO: TULIO DEMICHELI FOTO: CHEMA BARROSO Mario Vargas Llosa posa para los fotógrafos ante la sede de su editorial que se convierten en protagonistas de la novela. Las tres han cobijado grandes momentos históricos que usted ha vivido personalmente. -Ésa es la parte más autobiográfica del libro. Y son ciudades que de alguna manera cambiaron la vida y el mundo, que fueron el centro de una gran transformación política, o cultural, o de costumbres, o de los valores estéticos. En París viví la efervescencia de las utopías sociales y de la revolución asociada a la justicia, así como los grandes debates intelectuales de la época. Aunque después ese pensamiento utópico degeneró y vinieron la bomba y el asesinato, claro que en Italia y Alemania. Por su parte, en Londres se produce durante los años 70 una gran revolución de las costumbres y de la música. Aparece la cultura de los paraísos artificiales y también se produce la salida del ropero de los homosexuales. -Por último, la novela desembarca en España en los 80, aunque usted ya conocía nuestro país de mucho atrás. -Claro, yo ya vine a España a fines de los 50 como estudiante, por eso me resulta fascinante haber vivido también la conversión de Madrid en esta torre de Babel que es hoy, esta ciudad abierta, babilónica y libérrima. La transformación prodigiosa de España durante la Transición es quizá el hecho político y social más extraordinario de los tiempos modernos. -Una Transición que no se produce gracias al empuje de las vanguardias políticas o ideológicas, aquí no hubo lemas como los del 68 parisino o los de la cultura hippy, sino todo lo contrario. Mientras la Oposición pedía la abstención en el referéndum de la Reforma Política (diciembre de 1976) el presidente Suárez impulsaba desde el Poder la democratización, diciendo: Vamos a elevar a la categoría de lo normal lo que es normal en la calle La gente normal iba por delante. ¿Recuerda? -Efectivamente, las grandes revoluciones, las que han tenido una influencia más verdadera, no son las que se planearon como tales revoluciones. Un caso típico es el de España. Nadie planeó la Transición tal como ocurrió, nadie planeó que tras la muerte de Franco se iba a instalar una democracia tan pronto y que, al mismo tiempo, se iba a producir una transformación tan profunda de los usos y costumbres, de la mentalidad, y no sólo de los jóvenes. Eso ha sido para mí lo más notable y extraordinario. Hoy parece que la democracia en España ya es tan antigua como en Gran Bretaña.