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60 Toros MARTES 23 5 2006 ABC LUIS FRANCISCO ESPLÁ Matador de toros El torero ha perdido todo el glamour -Tres décadas como matador de toros. ¿Se imaginaba que llegaría hasta aquí? -A pesar del desgaste escénico, nunca le he puesto fecha de caducidad a la profesión. Pero ya son años, sí. -Hoy celebrará la efeméride en un espectáculo gratuito en Almadén acompañado con una banda de jazz. ¿Por qué así? -Siempre he dicho que el mejor maridaje que podrían tener los toros en cuestión de música es el jazz. Hay que tener en cuenta que el pasodoble llega a la Fiesta en los años veinte circunstancialmente, cuando se empieza a tocar durante las faenas. Porque hasta entonces las corridas se amenizaban en los descansos con marchas, la mayoría de las veces militares. -En la cita debutará su hijo Alejandro. ¿Podría sumarse a esta nueva hornada de toreros de dinastía? -No lo sé. En estos momentos no es ni siquiera un proyecto, más bien un boceto. De todos modos, como despuntaremos los toros, de El Madroñiz, no nos vestiremos de luces. Iremos de chaqueta y corbata. ¿Le agrada la idea de que su vástago siga sus pasos? -No me hace ninguna ilusión, la verdad. Yo he vivido todas las erosiones de esta profesión, y sólo compensan si se funciona a un nivel elitista. Moverte en ese submundo del toreo donde todo es sórdido no es plato de buen gusto. Él tiene 23 años, está terminando su carrera y sabrá lo que debe hacer. -Y usted, ¿volvería a ser torero? -Me lo pensaría, porque el panorama de hoy no me agrada. He envidiado siempre a los toreros de los años cincuenta, gente que mantenía una coherencia en la plaza y en la calle. -Muchos ven aún al torero como un héroe. -El torero puede ser o no héroe, pero lo que no puede perder es el glamour, y los de hoy lo han perdido todo. Los toreros, no todos por fortuna, son zafios, personajes vulgares y más conocidos por lo que hacen fuera del ruedo. El torero al que asistimos hoy se mueve en esas claves de vulgaridad. Antes había un glamour especial, por ejemplo, pensemos en las mujeres que rodearon a Luis Miguel: Ava Gardner, María Félix... Esa clase de toreros despertaban en mí una envidia sana; aquellos coches, aquella forma de moverse en la calle, los sitios que frecuentaban. Pero ya no se mueven en esas claves. -Se le considera uno de los últimos románticos del toro. -Yo no soy ejemplo, porque soy un torero asocial, que vive en el campo. El problema es que ahora hasta se le ha perdido el respeto a muchos toreros. ¿Y cómo no se lo van a perder? La gente desayuna, come y cena con ellos, saben a quién se han tirado, a quién han puesto los cuernos, lo que ha hecho la ma- Cumple hoy treinta años de alternativa. Único e irrepetible, el maestro alicantino celebrará la efeméride con una corrida amenizada con una banda de jazz, en el debut de su hijo TEXTO: ROSARIO PÉREZ FOTO: ABC Luis Francisco Esplá dre, el padre... La gente se acerca al torero con familiaridad, porque prácticamente conviven con ellos a través de la televisión. A algunos sólo les falta un cencerro para que se sepa por dónde van. Recuerdo una frase maravillosa, que llevo a rajatabla, de Curro Romero: Que no te pongan nunca la mano encima entendida en el sentido metafórico, es decir, que no te manipule nada ni nadie, algo esencial para no perder esa condición de divo o estrella. Lamento que ahora las cosas no sean así, porque se le hace flaco favor a una profesión tan complicada y bonita como ésta. -Aunque siempre intentó dosificar sus actuaciones, su estadística en los ruedos es apabullante: 1.058 corridas y 80 paseíllos en Madrid, convirtiéndose en el segundo torero de la historia con más actuaciones en Las Ventas, después de Antonio Bienvenida. -En estas últimas veinte temporadas he intentado filtrar todo, porque el torero, como cualquier artista, termina Una tauromaquia para la historia Alternativa: Zaragoza, 23 de mayo de 1976. Padrino: Paco Camino. Testigo: El Niño de la Capea. Toros de El Cordobés. Confirmación en Las Ventas: 19 de mayo de 1977, de manos de Curro Romero y en presencia de Paco Alcalde, con toros de Martín Berrocal. Idilio con Madrid: 80 paseíllos, el segundo después de Antonio Bienvenida (102 tardes) Ha lidiado 169 toros, 22 de Victorino Martín. Ha cortado 15 orejas y ha abierto cuatro Puertas Grandes. Número total de corridas: 1.058. Nunca cantaré una despedida para que el público me contemple con pena y me trate bien. Que Dios me libre de tamaña felonía desgastándose, y cuanto más se deja ver, más desgaste. Lo que ocurre es que en tres décadas es normal que haya cifras tan elevadas. -En Madrid se ha apuntado a las dos victorinadas. ¿Por qué doble ración? -Un poco por subrayar estos treinta años, porque yo soy torero de Madrid y le estoy muy agradecido a esta ganadería señera. Pero ya veremos si, después de hacerme el machote, no me arrepiento. ¿Ha cumplido ya sus metas? -No. Sería catastrófico que un artista se acostase con sus ideales conseguidos y con la faena de su vida hecha. Los artistas somos insaciables y eso es lo que nos impulsa a levantarnos todas las mañanas dispuestos a superarnos. Somos conscientes de que la perfección es intocable, pero ocurre como con las hadas: sabemos que no existen, pero no nos resistimos a buscarlas. -En su millar de paseíllos habrá hablado de tú a tú con el miedo. -Tenemos una relación bastante íntima, yo no diría con el miedo físico, porque el miedo del torero no tiene nada que ver con el instinto de conservación, sino con los miedos intelectuales que creamos: el del fracaso, el del ridículo. Ésos son los miedos que atenazan antes de San Isidro, ese miedo que parece que está en todas partes, hasta en las costuras de los trajes. Es una especie de horda que te asalta en cualquier instante. ¿Cómo consigue vencerlos? -Lo que hay que tener es la capacidad para dialogar, convivir con ellos y metabolizarlos. Yo no creo en el valor. ¿Qué toro le puso el corazón en un puño? -El toro que te calcina es el malo que no te coge, ya que cuando estás en el hotel sigues viendo su mirada y pensando que si te pilla, te parte en dos. Ése es el que más daño hace, porque la incertidumbre de qué hubiese pasado en caso de prenderte es horrible. A mí me sucedió con un santacoloma, en Algeciras. -Después de toda una vida dedicado al arte de la lidia, ¿se acerca ya la hora del adiós? -Es como la muerte, cuanto más vivimos, más cerca estamos del desenlace. Hay una serie de síntomas que me indicarán que esto se acaba. Si yo sigo aquí es porque mi relación con el toro es buena, porque nos entendemos, pero esta historia tan bonita puede enturbiarse mañana mismo. Evidentemente, si estoy aquí, es también porque el público lo autoriza. Lo que no haré nunca es cantar una despedida para que el público me contemple con pena y me trate bien. Un torero tiene que evocar cualquier tipo de sentimiento, pero no ése. Mi despedida será de un día para otro. -Parece que la afición no verá a Esplá cortándose un mechón de pelo de plaza en plaza... -Que Dios me libre de tamaña felonía.