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ABC MARTES 23 5 2006 Toros 59 ENTREBARRERAS He cumplido mi sueño en una tarde de gallos R. PÉREZ MADRID. Quería El Cid abrazar el cielo de la calle de Alcalá. Misión cumplida. Mi sueño se ha hecho realidad: he conseguido mi segunda Puerta Grande en una tarde de gallos, de ésas para el recuerdo manifestó feliz el espada sevillano, que dedicó su éxito a todos los que creen en mí, especialmente a esta afición de Madrid a la que debo tanto Y se refirió luego a sus dos faenas, de distinto corte Con el tercer alcurrucén he disfrutado mucho, porque ha tenido muy buena condición, especialmente por el izquierdo. Precisamente por ese pitón, me ha permitido pegar naturales a cámara lenta. He toreado despacito y muy a gusto El pero: No lo cacé a la primera y la espada me privó de las dos orejas. Pero lo importante es que Madrid me ha visto triunfar otra vez y ha triunfado conmigo Respecto al sexto, comentó: Ha sido mucho más complicado, pero ha tenido emoción, esa emoción que tantas veces echamos en falta. Y yo he estado muy entregado y dispuesto El torero de Salteras tuvo palabras de elogio para sus compañeros de terna: Han demostrado su condición indiscutible de máximas figuras. El maestro Rincón no ha tenido suerte con su lote, pero ha dejado claro que El Juli, al natural La tarde se vivió con intensidad. San Isidro lo necesitaba, después de una semana nefanda y una primera triunfal ¿Que el toreo es justo? Puede. Lo dudo. Igual no es justa la gente. Seguro que no lo es Trinidad. El Cid toreó en el patio de su casa, sin que eso signifique que toreara mal. Qué va. Lo que pasa es que Guitarra tenía mucha más profundidad. Guitarra de la familia de músicos o instrumentos de los núñez de Alcurrucén, se entregó en la muleta como no había hecho en la magistral lidia (de El Boni) de la primera mitad. Frío en manso entonces y caliente después. El Cid lo citó en largo y rectificó, flexionando la rodilla, en esa manera tan fea de hacer la encogetá. Y luego se creció. Se creció en faena irregular. Muy coreada, eso sí. Larguísimos los naturales, más seguro. La muñeca enorme. El ajuste escaso. Los rugidos de los tendidos amplificados. Dos tandas en este plan, que prometía según se afianzaba. La derecha también fue. La faena buena. Dispar. Al natural le volvió a sorprender. Otra rectificación y de nuevo a más. El toro no se acababa nunca, siempre esperando con el hocico por delante, oliendo el futuro trazo antes de citar. La oreja cayó cabal. Tras una descabalada organización final. De organigrama o plan. El eco se desvanecía. Abierto El Cid, en diagonal. Cierre bonito, y un pinchazo, y una estocada. Si lo mata a la primera... Pues tampoco caen las dos con el sello de Madrid aunque ya es El Cid torero de la capital. Bien. El sexto fue el otro toro de Alcurrucén que se salvó. En los caballos no, pero en el último tramo sí. Más carbón y menos profundidad. O menos temple. Lo de El Cid con Madrid sí que fue ahora colosal. Todo va- lía. También la velocidad. Qué manera tan rápida de torear. ¿Y los pies? De aquí para allá. Tres y el de pecho eran la constante. Como los toques y los desplazamientos de la desconfianza. El Cid no se confió nunca, con el pompis, en castellano culo, en el palo de la bandera, la izquierda tocando por Antequera. Todo valía, y todo daba igual. Ole, ole y ole. Empujaba la gente. Sicosis favorable. La Puerta Grande como necesidad. Una oreja para abrirla. Oreja de jijijajá. es un elegido, con esa forma de dar las distancias, con esa perfecta colación. Y El Juli ha estado sensacional con su primer toro. Mi objetivo ahora es seguir por este camino y llegar también a lo más alto Deseaba más El Juli. No se conformaba con la oreja cortada: Es una pena que el presidente sólo me haya concedido una en el primero, porque el público pidió con fuerza las dos, después de una faena importante Con la Puerta Grande entreabierta, salió a por todas en el quinto, que fue todo lo contrario a lo que necesitaba para triunfar: un animal sin transmisión y soso a más no poder Qué lástima- -concluyó el matador madrileño- porque después de como estaba la gente conmigo y las ganas que tenía yo de salir a hombros... César Rincón se marchó fastidiado de la Monumental, porque anhelaba mi séptima Puerta Grande Pero su deslucido lote le privó de ella: Ya se sabe, el toro descompone todo. Y yo no he tenido opciones con ninguno de los dos Así se refirió a sus oponentes: El primero, muy reservón nunca se empleó. Además, el picador, que no es el que suele acompañarme, lo ha picado muy poco. El cuarto salía siempre con la cara alta, desentendiéndose del trapo. Sólo he podido enseñar mi disposición Rincón no se quiso quedar atrás La tarde se vivió con intensidad. San Isidro lo necesitaba, después de una semana nefanda y una primera triunfal. Tarde grande. Y Rincón que no se quiso quedar atrás, pero la suerte no le dejó más. Valiente en serio con un manso violento y bronco de oleás que se quedó sin picar. Aunque el César movió los caballos con autoridad, a favor de querencia, el toro se picó mal. Y poco. De ahí el mal. Rincón sufrió las coladas y las tarascás. Los arreones y las ideas torticeras. Tragó en un par de tandas diestras de arrestos. Arrestos sobrados para su edad, que ya pide comodidad. Mal rato solventado a base de la casta y que aún rezuma su pequeña figura. A escala todavía más pequeña con el grandón cuarto. Colorado y grande. Noblón, boyancón, ligero en la distancia larga y generosa que le ofreció Rincón para galopar y desfondado cuando de veras lo quiso obligar. Clueca la embestida. Rajado el animal. En ambos toros, el bogotano mató con habilidad. Juli se justificó con otro manso arisco y frenado. Un tío cinqueño. La justificación terminó con una estocada en lo alto. Y que no queden sin reseñar las bregas de El Boni, que ya está, la de Montoya y Carretero. Ni el puyazo de Luisín. El personal lo gozó. Y eso para la Fiesta es fundamental. ERNESTO AGUDO Los Lozano descubren en Las Ventas un azulejo a la mejor corrida de 2005 La divisa de Alcurrucén cuenta desde ayer en el patio de arrastre de Las Ventas con un azulejo a la corrida más completa en presentación y bravura del pasado San Isidro. José Luis Lozano, acompañado de sus hermanos Eduardo y Pablo (en la imagen) señaló que, entre un sinfín de sinsabores, dos son las grandes recompensas para un ganadero: La primera, lidiar en la Feria, y la segunda, triunfar en esta plaza, que es la que da y quita