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56 Cultura MARTES 23 5 2006 ABC De la Nuez repasa el cubanismo de la izquierda occidental b Vicente Verdú presentó ayer el ensayo Fantasía Roja. Los intelectuales de izquierda y la Revolución cubana (Debate) que ha publicado Iván de la Nuez (La Habana, 1964) TULIO DEMICHELI MADRID. Para el escritor y periodista Vicente Verdú este ensayo aporta nuevas ideas acerca de un progresismo que pone en cuestión las condiciones de vida de Cuba, pero no su utopía Iván de la Nuez (crítico de arte residente de Barcelona y autor, entre otras obras, de La balsa perpetua. Soledad y conexiones de la cultura cubana y El mapa de sal. Un postcomunista en el paisaje global repasa en la obra los discursos de intelectuales, cineastas y músicos europeos y norteamericanos como Jean- Paul Sartre, Régis Debray, Oliver Stone, Sydney Pollack, Wim Wenders, Graham Greene, Max Aub, Ry Cooder y David Byrne, a medio camino entre la crítica y la laudatoria De la Nuez, que abandonó Cuba hace 15 años y que no fue rehabilitado hasta 11 después (nunca puede pasar más de 21 días en la isla) advierte en esta historia intelectual de la Revolución una energía centrípeta y otra centrífuga La centrípeta es la que empuja a los intelectuales y artistas del primer mundo hacia la isla porque, afirmó, para ellos Cuba no es Cuba sino un pivote para hacer su diatriba contra el capitalismo. Allí, en un lugar lejano, encuentran la utopía donde se gestan las reformas que no se lograron hacer en su primer mundo. Detrás de Sartre no está Marx, sino Tomás Moro Nicholas Serota, director de las Tate británicas, ante la serie de retratos de Marilyn Monroe de Andy Warhol REUTERS La Tate de Londres vuelve a innovar al reorganizar su exposición permanente Casi la mitad de las obras no se habían expuesto antes en el museo b La reforma ha supuesto incre- mentar la presencia en las salas de la fotografía y el vídeo, apuestas muy personales del director, el español Vicente Todolí EMILI J. BLASCO. CORRESPONSAL LONDRES. Capacidad de reinventarse. La Tate Modern sorprendió cuando abrió sus puertas en 2000 con una nada convencional distribución de su colección, y ahora, cuando otros museos han comenzado a imitarla, la gran galería londinense de arte contemporáneo ha vuelto a redecorar completamente sus paredes siguiendo un nuevo concepto, que huye igualmente de un muestrario cronológico. En la reorganización de las salas de la Tate, que hoy se inaugura, hay mucho del viejo consejo de hacer de la necesidad virtud, pues su colección permanente no dispone de grandes reclamos centrados en determinados movimientos o artistas. Pero la nueva apuesta no es un mero juego de manos: el 47 por ciento de las cuatrocientas obras que ahora se exponen no habían sido mostradas antes en el museo, como es el caso del conocido Whaam! de Lichtenstein, y el 27 por ciento corresponden a adquisiciones realizadas desde 2000, entre ellas composiciones de Guerrilla Girls y Rachel Rachel Whiteread, o la reciente donación de un gran lienzo de Juan Uslé realizado por la Fundación del Banco Santander. La nueva estructura divide en cua- Diatriba y antiamericanismo Una diatriba que, en su opinión, tiene mucho que ver con el antiamericanismo militante de la izquierda intelectual europea. Estos intelectuales, a su juicio, también son los creadores de las ideas sin las cuales no se explicaría la Revolución La fuerza centrífuga es la que sitúa a muchos jóvenes cubanos fuera de la isla, en las universidades de la URSS y de los países satélites, y en las guerras anticoloniales africanas. Para su autor, Fantasía Roja no es un libro sobre Cuba, sino un road movie por el cubanismo de la izquierda occidental algo así como el turismo del ideal de la expresión acuñada por Ignacio Vidal Folch. Hoy, casi 20 años después de la caída del Muro, la fascinación por la Revolución no ha decaído porque el utopismo ha reverdecido con la antiglobalización. Para el ensayista, el derrumbe del comunismo ha sido bueno para la izquierda porque ya no podrá haber otra URSS Pero advirtió que la nueva izquierda, en la que él se sitúa, ha de hacer la autocrítica para no volver a ser cómplice del Gulag tro bloques los dos pisos de la antigua fábrica generadora de energía a orillas del Támesis destinados a la colección propia (las otras plantas están dedicadas a exposiciones temporales) Las cuatro alas llevan títulos conceptuales como Poesía y sueño (surrealismo y tendencias surrealistas) Gestos materiales (expresionismo abstracto y arte informal europeo) Idea y concepto (minimalismo y arte conceptual) y Estados de flujo (cubismo, futurismo y vorticismo) Cada ala está abierta por una pequeña sala en la que se ponen en diálogo a dos creadores distantes en el tiempo, como Roy Lichtenstein y Umberto Boccioni o Jannis Kounellis y Giorgio de Chirico, y su espacio central sirve para presentar en bloque el periodo de innovación del siglo XX que se aborda. A partir de este punto focal, las distintas salas van hacia delante y hacia atrás en el tiempo, explorando antecedentes o remarcando posteriores desarrollos, unas veces con salas consagradas a un solo artista, como las tributadas a Juan Muñoz, Francis Picabia y Thomas Schütte, entre otros, y en otras ocasiones con presencia de un mismo artista en diferentes secciones. Se trata, además, de una muestra que irá cambiando con el tiempo, con Según Todolí, algunas salas cambiarán cada año, lo que será un continuo reclamo el propósito de que cada año haya que venir a verla según indicó ayer en rueda de Prensa el director de la Tate Modern, el español Vicente Todolí. Las salas centrales alrededor de las cuales pivotan las cuatro partes del museo serán renovadas parcialmente dentro de cuatro años, y cada año lo harán las salas individuales, dando siempre a la colección permanente un aire de novedad. Con ello, la Tate se propone mantener su alto poder atracción. Desde su apertura en 2000, la galería ha recibido 26 millones de visitantes y la recolocación de sus fondos, en opinión de Todolí, tiene que suponer sin duda un nuevo reclamo Todolí señaló que ha estado trabajando en el nuevo concepto de la exposición durante los últimos tres años, y lo consideró como una de sus principales aportaciones a la Tate. El plan está pensado para ocho años, con dos periodos de cuatro años en los que se renovarán sustancialmente las obras expuestas, y al siguiente director le tocará decidir cómo hay que exhibir la colección manifestó. La reforma ha supuesto incrementar la presencia en las salas de la Tate de la fotografía y el vídeo, apuestas muy personales de Todolí, aunque sigue dominando la pintura. Muchos de los maestros de la modernidad del siglo XX siguen en las paredes del museo, como Picasso, Miró, Ernst, Klee, Magritte, Dalí, Kandinsky y Arp, pero se han ganado espacios para los lienzos de Rothko, las esculturas de Donald Judd y las creaciones de fluorescentes de Dan Flavin.