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54 MARTES 23 5 2006 ABC Cultura y espectáculos El Salvador de Huerga, el cándido de Kaurismaki y el ególatra de Moretti Las luces del suburbio del finlandés brillaron más que El Caimán del italiano presencia de Salvador de Manuel Huerga, en la Semana de la Crítica, termina la representación española en esta edición del festival de Cannes E. RODRÍGUEZ MARCHANTE ENVIADO ESPECIAL CANNES. Uno de esos días en los que no han dejado ni el hueco para el desatascador. Cuando este Festival se pone serio, rodea al comentarista como un donut a su propio agujero. Ayer la competición proponía a dos de sus cineastas preferidos, al finlandés Aki Kaurismaki, acompañado de su película Las luces del suburbio (o extrarradio, o arrabal... y el italiano Nanni Moretti, con Il Caimano una burla en serio del cine político que patina sobre la calva de Berlusconi. Pero es que, además de eso, la Semana de la Crítica ofrecía la película española Salvador una recreación hecha por Manuel Huerga sobre la vida- -más bien, la muerte- -de Salvador Puig Antich, condenado a muerte- -garrote- -por el franquismo. Intensísima película que tampoco agotó la riada en la programación de ayer, que se adornó con el estreno de X- Men: the last stand la tercera y parece ser que última entrega de esta serie de estos superhéroes, y el rizo final de un adelanto de postín: veinte minutos de la película que Oliver Stone hace sobre el 11- S titulada World Trade Center Lo primero es lo primero: Salvador sorprende por lo bien hecha y contada que está, y no es nada fácil meterse en esa época tan cercana y tan cuéntame sin que le chirríe el tonillo o los tornillos a la narración. Magnífico trabajo de Huerga y magnífico también de sus protagonistas, en especial de Dab Con la niel Bruhl, que interpreta con mucho talento y matiz al anarquista Puig Antich. Todo en Salvador es de primera calidad, desde la consistencia que le dan al personaje y sus circunstancias las interpretaciones de Leonor Watling o Ingrid Rubio, a la viscosidad de otras como la de Sbaraglia o Tristán Ulloa, hasta la música de Lluis Llach. Sin duda Manuel Huerga cuenta lo que pretende (o lo que pretende el productor, Jaume Roures) consigue iluminar la figura de ese hombre y dejar una impresión bastante próxima de aquellos días y aquellos lodos; probablemente se le va un tanto la mano en el modo de afrontar un desenlace (conocido por todo el mundo) demasiado rítmico, lento y sudoroso, empeñado en adornarse en la suerte y a la búsqueda de algo que ya había conseguido mucho antes y mucho mejor. En cualquiera de los casos, Salvador tiene empaque pero también sustancia. La sobriedad de Kaurismaki De las dos películas a competición por la Palma de Oro, le damos preferencia a la del finlandés Kaurismaki, Las luces del suburbio muy emparentada en clima y fragancia con todo su cine, pero especialmente con justo el anterior, El hombre sin pasado Un personaje similar, nadie entre la muchedumbre, un tipo transparente y taciturno al que en su trabajo, en el que lleva tres años, le preguntan cada noche el nombre al entrar como si no lo conocieran... Su universo es ése, nadie en el trabajo y nada fuera de él; tiene una levísima relación con la camarera de un bar nocturno ambulante, con un chaval tan chaplinesco como él y con un perrillo tan sólo y chaplinesco como todos ellos... La trama que cuenta Kaurismaki viene a decir el tipo de persona que es: un alma de cántaro, un tro- Halle Berry y Hugh Jackman, en la presentación en Cannes de X- Men zo de pan, un bonachón ingenuo que narra las cosas enormes con una sencillez candorosa. En realidad, y creo que es hora de decirlo, Kaurismaki es un cineasta sobrio, lo cual tiene bastante gracia si consideramos con qué ferocidad le ha dado siempre al frasco. Hay unos cuantos villanos impresentables y una mujer fatal, pero todo está tratado con una delicadeza tal que lo mismo ese perrillo perplejo que el complejísimo Gilles Jacob (el director de todo esto) vienen a entenderlo casi, casi del mismo modo... Impresionante la sigilo- REUTERS sa elocuencia del sobrio Kaurismaki. Y claro, al lado de la sencillez de este cineasta, el romano Nanni Moretti parece Carmen Miranda con la frutería en la cabeza. Su película tiene cierta gracia y un gran personaje, el productor de cine malo que interpreta Silvio Orlando, un hombre apabullado por todo y por todos, incapaz de sacar adelante esa perla que cae en sus manos, un guión titulado El Caimán y que va a desatornillar los goznes que sujetan al poder al cascabelero Berlusconi. De hecho la película consiste en todo ese apuro por levantar un La ola de Cannes El actor Bruce Willis y el productor Jeffrey Katzenberg fueron víctimas de la furia del mar durante una entrevista para televisión, cuando una ola les empapó, como muestra la secuencia. EPA