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32 Internacional LUNES 22 5 2006 ABC Retrasó una década el crecimiento económico La Revolución Cultural pretendía eliminar las costumbres burguesas y feudales que aún quedaban en China, pero no era más que una lucha de Mao Zedong, debilitado por el fracaso del Gran Salto Adelante frente a líderes moderados como Liu Shaoqi, el presidente de la República defenestrado en 1967, o Deng Xiaoping, enviado a un campo de trabajo al igual que millones de camaradas rivales. Para ello, la Banda de los Cuatro liderada por la cuarta esposa de Mao, Jiang Qing, orquestó una campaña de culto a la personalidad del Gran Timonel basada en una implacable persecución política de la que no se libró prácticamente nadie y que paralizó al país. La Revolución Cultural retrasó diez años el crecimiento económico de China aseguró la antigua guardia roja Zhang, quien, no obstante, justificó el silencio impuesto por el Gobierno en su 40 aniversario al afirmar que a nadie le gusta recordar cosas malas A pesar de que el régimen comunista repudió la Revolución Cultural, su legitimidad aún procede de la herencia dejada por Mao, por lo que deberán transcurrir todavía muchos más años para que China pueda afrontar su doloroso pasado. Carteles de la Revolución Cultural vendidos como souvenirs para los turistas en un puesto callejero de Pekín AP La idea del igualitarismo era buena, pero Mao cometió errores, no controló a sus colaboradores Memorias de una guardia roja cuarenta años después de la Revolución Cultural silencio impuesto en el 40 aniversario de la Revolución Cultural, una antigua integrante de los Guardias Rojos recuerda la oscura década de fanatismo PABLO M. DÍEZ. CORRESPONSAL PEKÍN. La señora Zhang nació en un pueblo al sur de Shangai en noviembre de 1949, sólo un mes después de que se fundara la República Popular de China. En este nuevo Estado surgido de la revolución comunista dirigida por Mao Zedong, Zhang no ha tenido infancia ni adolescencia. La primera le fue arrebatada por el Gran Salto Adelante (1958- 60) el desastroso intento de industrialización a base de fundiciones comunales cuyo fracaso provocó una hambruna que se cobró más de 30 millones de vidas. La segunda le fue robada por la Revolución Cultural (1966- 76) la feroz campaña contra las costumbres feudales y burguesas que sumió al país en el caos hace ahora justo 40 años. Con entre 2 y 20 millones de personas ejecutadas o inducidas al suicidio y cientos de millones más víctimas de las persecuciones políticas, estos días no hay mucho que celebrar en China, b En medio del pero sí que recordar. Sin embargo, el Gobierno ha silenciado el aniversario de esta dolorosa etapa de la historia del gigante asiático que aún levanta ampollas en la sociedad. Debido a la férrea censura del régimen sobre los medios de comunicación, la señora Zhang no ha encontrado ni un solo periódico ni canal de televisión que hable del drama que le tocó vivir, y protagonizar, cuando cursaba su último año de colegio en Pekín. Sólo tenía 17 años cuando el Comité Central del Partido Comunista puso en marcha la Gran Revolución Cultural Proletaria el 16 de mayo de 1966 explicó a ABC la mujer, cuya juventud determinó que cayera no del lado de las víctimas, sino de los verdugos. Poco después de que en la Universidad de Pekín se colocaran carteles denunciando a los líderes contrarrevolucionarios del Partido, decidí hacer algo para defender al presidente Mao y luchar por la sociedad justa e igualitaria que él estaba tratando de crear se justificó Zhang, quien pasó a engrosar las filas de los temidos Guardias Rojos. Al igual que millones de jóvenes repartidos por todo el país, Zhang se dedicó a perseguir a todos aquellos que simbolizaran los valores de la vieja China o que no profesaran la devoción que se le debía al Gran Timonel Entre ellos, destacaban los intelectuales, los artistas, los terratenientes y hombres de negocios que habían sobrevivido a la revolución sin escapar a Taiwán y, sobre todo, los camaradas rivales y los profesores. Juicio público En nuestra escuela hubo un juicio público contra el director, al que depusimos de su cargo para que se encargara de barrer las clases recordó la señora Zhang. No en vano, durante esos aciagos días los Guardias Rojos tenían la potestad para entrar a registrar las casas en plena noche y para castigar sin piedad a todos aquellos que cayeran en desgracia. Para ello, en las principales plazas de las ciudades se celebraban una especie de autos de fe en los que compañeros, amigos y hasta familiares se denunciaban unos a otros públicamente. Con unos humillantes gorros de burro Para mí (Mao) era como un dios y siempre tenía razón, por lo que no podía parar de llorar cuando le escuchaba hechos de papel, los condenados eran paseados por las calles colgando de su cuello unos carteles en los que se exponían sus pecados de clase Ataviados con sus característicos trajes Mao de color azul o verde, jóvenes como Zhang pregonaban el ideario del Partido Comunista y, sobre todo, afianzaban el poder de Mao Zedong frente a otros líderes más moderados difundiendo las citas que contenía su popular Libro Rojo Para mí era como un dios y siempre tenía razón, por lo que no podía parar de llorar por la emoción cuando, junto a decenas de miles de Guardias Rojos, nos reuníamos en la plaza de Tiananmen para escuchar lo que decía rememoró la mujer, quien aún hoy duda a la hora de atribuir al padre de la patria los desmanes ocurridos entonces. Mao había repartido la tierra entre los campesinos al fundar la Nueva China y, en principio, la idea de instaurar una sociedad igual para todos era buena, pero luego cometió errores porque no pudo controlar lo que hacían sus más estrechos colaboradores manifestó Zhang en clara alusión a la Banda de los Cuatro Repitiendo al pie de la letra la propaganda oficial del régimen, que repudió la Revolución Cultural en 1981, esta antigua guardia roja culpó así de aquellos diez años oscuros al grupo que lideraba la cuarta esposa de Mao, Jiang Qing, y que integraban Yao Wenyuan, Zhang Chunqiao y Wang Hongwen.