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ABC LUNES 22 5 2006 Opinión 5 UNA RAYA EN EL AGUA BAILAR CON VAMPIROS V CATECISMO Y PROGRAMA AS declaraciones a la prensa de Francisco Vázquez, nuevo embajador español ante la Santa Sede, no han podido ser más pintureras; pero quizá estuviese probando la cuadratura del círculo, intentando a la vez satisfacer a quien lo envía de emisario y no contrariar sus convicciones religiosas. Vázquez, que ha leído el Evangelio, sabe cuán difícil es servir a dos amos. Más desafortunada se me antojó la mención específica que el nuevo embajador hizo al papel que la Iglesia podría desempeñar en el proceso abierto tras el llamado alto el fuego permanente de los asesinos etarras. Utilizar las palabras de Benedicto XVI con fines partidistas me parece una imprudencia indigna de un diplomático, sobre todo si se confiesa tan rendidamente católico. Pero no eran las incontinencias de Vázquez las que quería glosar aquí, sino las muy taimadas necedades JUAN MANUEL con que Fernando Moraleda, converDE PRADA tido en secretario de Estado de Intoxicación, respondió al breve discurso que Benedicto XVI había pronunciado ante el nuevo embajador. Descubrimos en ellas esa mezcla estragadora de malicia, bravuconería, tergiversación y argumentos cefalópodos que vienen caracterizando los mensajes que el Gobierno español lanza a las jerarquías eclesiásticas. Así, por ejemplo, el secretario Moraleda afirmó que carece de sentido que el Estado financie a la Iglesia, porque la Constitución Española recoge que el Estado español es aconfesional se le olvidó, en cambio, añadir que también recoge que los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española y mantendrán las consiguientes relaciones de cooperación con la Iglesia Católica Se había referido el Papa en su discurso- -citando tácitamente el artículo 27 de nuestra Constitución- -al derecho de los padres a que sus hijos reciban una educación acorde con sus propios valores y L creencias, sin discriminación ni exclusión explícita o encubierta y había recordado también que la enseñanza de la religión católica debe impartirse en condiciones equiparables a las demás disciplinas fundamentales tal como lo establece el Acuerdo entre el Estado Español y la Santa Sede sobre materia educativa. El secretario Moraleda, ante la intachable y muy sucinta exposición jurídica del Papa, se sale por peteneras y aduce que el Gobierno tiene que atender un programa y no puede atender el catecismo Se le olvidó añadir que, antes que un catecismo o un programa, el Gobierno tiene que atender la ley, bajo cuyo imperio se halla mientras no se demuestre lo contrario (aunque no falten los indicios de que ya ha empezado a situarse por encima de ella) Y la ley establece exactamente lo que el Papa demandó. A continuación, el secretario Moraleda lleva hasta sus últimas consecuencias esa mezcla de avilantez y pensamiento mameluco que ya habíamos detectado en su apología del programa (que es el catecismo al que se aferran quienes prefieren ignorar la ley) El Ejecutivo garantiza a todos aquellos niños que quieran estudiar religión que lo hagan, pero nunca lo impondría a aquellos que no lo quieran; como nunca impondremos a los ciudadanos una guerra que no quieren ni un estado de las autonomías que no desean, y por eso dejamos que se expresen y decimos que este es el Gobierno de los ciudadanos Dejaremos aparte la caspa retórica que infesta el segundo período de la oración: ese batiburrillo de clase de religión, guerra y estado de las autonomías denota una empanada mental importante, amén de una propensión demagógica con densidad de mugre. Pero, centrándonos en el primer período, ¿podría explicarnos el secretario Moraleda a quién desea intoxicar? ¿Acaso la Iglesia pretende que se imponga la enseñanza de la religión a los niños que no la quieren? ¿En qué catecismo o programa de mendacidad ha aprendido el secretario Moraleda su oficio? ALE, está en su derecho. El presidente tiene derecho incluso a dejarse engañar por ETA, como todos sus antecesores, pero no puedepretender que nos engañemos los demás. Y menos, engañarnos él a nosotros. Tiene derecho a negociar, claro que lo tiene, pero esto no es ni lo prometido (en las declaraciones públicas) ni lo aprobado (en el Parlamento) ni lo pactado (en el Pacto Antiterrorista) Lo prometido era ir despacio y con cautela; lo aprobado consistía en esperar el abandono definitivo de las armas, y lo pactado se basaba en no pagar un precio político por la paz. Nada de eso queda en el anuncio de Zapatero: precipita la negociación, se conforma con un alto el fuego y da a entender que se proIGNACIO ducirá un diálogo político CAMACHO con los portavoces de los terroristas. Aunque haya tenido la decencia de advertirlo en voz alta, lo que está haciendo es poner el carro delante de los bueyes y dejarse llevar por unas prisas incomprensibles que debilitan la posición del Estado. Estas urgencias suponen el incumplimiento de una palabra pública, cuyas condiciones han sido progresivamente rebajadas hasta el límite de la claudicación. El Gobierno se comprometió a no dar un solo paso antes de la entrega de las armas por parte de la ETA y el cese absoluto de la violencia callejera. Luego suavizóeste compromisopara sustituir la constatación fehaciente y previa de la rendición por una más ambigua expresión de la voluntad definitiva de abandono. Más tarde ha hecho la vista gorda ante los brotes de extorsión postal y de kale borroka, ha dado por buena una sumarísima verificación de la tregua, ha ordenado a los fiscales un bochornoso ablandamiento de sus exigencias punitivas, ha mirado para otro sitio ante las reclamaciones por escrito de la cúpula terrorista y, finalmente, ante la exigencia envalentonada de Otegi, ha terminado anunciando el comienzo inmediato del diálogo de tú a tú con los encapuchados y susadláteres. Esa degradación de las cláusulas democráticas supone un retroceso alarmante de la firmeza del Estado y convierte el llamado proceso de paz en una maniobra unilateral fundada en intereses de conveniencia política. La precipitación gubernamental y sus manifiestas premuras han generado ya un estado de opinión mayoritariamente escéptico, reflejado de modo expreso en la reciente encuesta del CIS y patente en la escasa rentaque la tregua ha generado en las expectativas de voto del PSOE. La respuesta del Gobierno a esa frialdad ciudadana ha sido otra vuelta de tuerca, que parece más bien provocada por la impaciencia de Batasuna ante sus necesidades de volver al espacio institucional y político. Incluso aunque el presidente disponga de la certeza moral de que ETA va realmente a abandonar la violencia, la impresión que reflejan sus movimientos es la de que está bailando al son que le marcan los terroristas, que es como bailar con vampiros: sólo se refleja él en los espejos de la pista. Que no se extrañe, pues, de que le falten aplausos y compañía en ese vals siniestro.