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60 Cultura DOMINGO 21 5 2006 ABC Ni muerto Umberto Eco rechaza un cara a cara con Dan Brown ABC ROMA. El escritor Umberto Eco añadió ayer más leña al fuego en la polémica sobre El código Da Vinci al acusar al autor de la novela, Dan Brown, de ser un intrigante que propaga informaciones falsas y se enriquece de material de descarte En una entrevista publicada por el diario romano La Repubblica, Eco dijo haber rechazado una invitación de la localidad italiana de Vinci (situada en la Toscana) para reunirse con Brown. Ni muerto- -respondió tajante el autor de El nombre de la rosa Viajaré a Vinci en alguna otra ocasión, cuando esté allí un verdadero escritor Mientras tanto, la repercusión del estreno de la película no cede. En Italia batió el récord de recaudación al obtener una taquilla de dos millones de euros en su primera noche de proyección. En Estados Unidos no se registraron incidentes dignos de mención en las puertas de los cines donde se estrenó el filme, pero tampoco se produjeron colas para verla. El de El Código Da Vinci ha sido el mayor estreno internacional de Hollywood. La película se ha estrenado en casi 12.000 cines; sólo en EE. UU. se ha visto en 3.735 pantallas, trescientas más que las que proyectaron en todo el mundo Spiderman 2 Las previsiones señalan que podría recaudar en EE. UU. entre 60 y 80 millones de dólares. Queman el Código da Vinci en Italia ROMA. Stefano Gizzi, con- AP cejal cristiano demócrata de Ceccano, población de las afueras de Roma, quema El Código da Vinci durante una manifestación contra el libro en el que se basa la película que ha inaugurado el Festival de Cannes. Aunque la imagen de un libro ardiendo rememora las peores épocas de la intransigencia religiosa y política en Europa, Italia es la nación más practicante del catolicismo y en la que seguramente se mostrará mayor indignación ante un fenómeno que frivoliza los dogmas de la religión. Tras la resaca Almodóvar, el cine se toma un respiro en el Festival de Cannes La francesa Según Charlie y la británica Red Road pasaron de puntillas competitiva pasó ayer sin ruido con dos películas; en una sección paralela proyectaron Shortbus algo así como un Pepi, Luci, Bom en versión X E. RODRÍGUEZ MARCHANTE ENVIADO ESPECIAL CANNES. La sección competitiva fue ayer respetuosa con el efecto Almodóvar y no sacó ninguna perla a relucir. La francesa Nicole Garcia presentaba Según Charlie una de esas películas que se evaporan instantáneamente en el frasco de la memoria; y la debutante y aspirante por lo tanto a la Cámara de Oro Andrea Arnold, británica, trajo Red Road una interesante historia lejanamente basada en la Emma Zunz de Borges y resuelta toda ella con una frialdad de botijo a la sombra. Y fuera de competición, se proyectó una de esas películas insólitas que sólo pueden salir de las calderas del infierno neoyorquino; se titula Shortbus la firma John Cameron Mitchell y es un vistazo cóncavo a la trastienda b La sección sexual de la metrópolis con una cámara no ya irreverente y pornófila, sino me atrevería a decir que también un poco guarra. Pero pongamos unos puntos suspensivos... Según Charlie la francesa, es una tortilla emocional en la que una docena de personajes cascados y batidos se fríen ante la mirada de un chiquillo, el Charlie del según, que viene a ser la mirada por la que mira la directora. Es devastadoramente lenta y persistente (en el tiempo, que no en la memoria, ya digo) y de ella lo único verdaderamente reseñable es la presencia jugosa de Jean- Pierre Bacri, ese actor que podría ser un Juan Luis Galiardo a la francesa. Todo ocurre bajo en un hipotético lugar al norte de Francia y bajo el influjo del Atlántico, pero eso lo pone en el folleto de prensa, que ahí sí que lo bordan y se explican bien los (algunos) cineastas franceses. Red Road es una película tan escocesa que hasta la han presentado con subtítulos en inglés, por el acento circunflejo de sus protagonistas. Tanto la historia como la fotografía tienen el color de una ostra sucia: narra el horror de una mujer al descubrir en las panta- Según Charlie es una tortilla emocional en la que una docena de personajes cascados y batidos se fríen ante la mirada de un chiquillo llas de vídeo desde las que vigila la ciudad (es vigilante, no una chalada) al hombre que mató a su marido y a su niña, y luego pasa a relatar lo que parece una venganza a lo Emma Zunz, cambiando las circunstancias, los detalles y los tiempos... Además de éste y otros reflejos La ventana indiscreta la película tiene unos actores muy buenos y que le aportan sordidez y frialdad a la película ya de por sí muy sórdida y fría, con lo cual uno no acaba de explicarse por qué no rompe por arriba y atrapa al espectador por la pechera, algo que sin duda haría si Andrea Arnold, la directora, hubiera puesto más empeño en el drama que en la intriga, y su cámara hubiera buscado más a los personajes en vez de ese efecto monitor con el que nos cuenta gran parte de ella... Y la sorprendente Shortbus se convirtió, pues, en la gran atracción, por lo chocante de sus personajes, como una sexóloga anorgásmica o una fotógrafa sado, y por los desinhibidos de sus actores, que se pasan la película como Dios (un suponer) los trajo al mundo, pero más envalentonados. Lo curioso de Shortbus es que combina esa dureza visual- -con imágenes que el catalogador que catalogue, catalogaría de pornográficas- con una blandura y casi cursilería emocional en las historias que aborda, siempre de tipos a los que les sacaría una buena entrevista Jesús Quintero. Gran parte de la película se la pasa uno sin dar crédito a lo que ve y a lo que oye en un Manhattan que si lo descubre Woody Allen sale pitando para Oviedo.