Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC DOMINGO 21 5 2006 Madrid 47 Un viejo cedro resiste en el Prado, en plena polémica arboricida al precio de 1,9 millones de euros N. PULIDO MADRID. Con la que está cayendo, en plena guerra arboricida mientras la baronesa es propuesta por los ecologistas como alcaldesa, cuando Ayuntamiento, Comunidad y oposición, calculadora en mano, no paran de hacer números de árboles caídos o por caer en cada centímetro cuadrado de la capital y alrededores, se alza en pie, como símbolo de la resistencia, cual Juana de Arco arbórea, en plenas obras de ampliación del Museo del Prado, un cedro. No es el mítico Cedro del Líbano, pero como si lo fuera. No es majestuoso, ni siquiera impresionante. Es normalito, del montón. Vamos, que ningún poeta le dedicaría una oda. Es más, uno pasaría ante él y difícilmente volvería la cabeza para admirarlo. Hace poco más de un año, el 27 de abril de 2005 el subsecretario de Cultura, Antonio Hidalgo, que andaba en el Congreso dando explicaciones de las obras del Prado, soltó la bomba: mantener un cedro en el exterior del museo costará 1,9 millones de euros. Tal cual. Yo no lo he visto, me lo han contado explicaba Hidalgo a los atónitos periodistas. La noticia levantó tanta curiosidad y expectación que hubo espantada general de la prensa para comprobar in situ el viejo y castigado árbol. Bicentenario coronado Se trata de un cedro bicentenario coronado, catalogado por el Ayuntamiento como árbol protegido. Esto ha obligado a Rafael Moneo (que no gana para polémicas arbóreas) a cambiar la obra. Como el cedro se halla en un talud, bajo el cual se desarrolla parte de la ampliación del Prado, ha habido que profundizar 6 metros más de lo previsto la galería que comunica Villanueva con el Cubo, con el fin de no tocar las raíces del árbol. Y este contratiempo añadirá 1,9 millones de euros al presupuesto final. Mientras tienen lugar las obras, el cedro está apuntalado con tres vigas de sujeción. Carmen Thyssen y el cedro se han erigido ya en símbolos de la resistencia ecologista, al grito de ¡No a la tala! El cedro no es nada fuera de lo común, pero está protegido ANGEL DE ANTONIO