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D 7 21 5 06 La autora de La niña de la jungla (Ed. Styria) un enorme éxito editorial que acaba de editarse en nuestro país, nació en Patan (Nepal) en 1972. Hija de dos lingüistas de origen alemán, en 1980 se instaló junto a su familia en un remoto rincón de Indonesia conocido como el Valle Perdido, en Papúa Occidental. Sus vecinos eran los fayu, una tribu anclada en la Edad de Piedra, con quienes convivió como un miembro más. A los 17 años descubrió Europa y, con ello, el temor, la frustración y el caos. Hoy nos cuenta su experiencia ISABEL GUTIÉRREZ- En el Valle Perdido me sentía feliz; en el resto del mundo me sentía perdida ha dicho a propósito de su adolescencia. Una buena metáfora de su cambio de rumbo... -Papúa Occidental era mi hogar, un mundo que comprendía y conocía. Son tan extremas las diferencias entre vivir en la selva y vivir en el mundo moderno, que adaptarme me costó demasiados años. Me he sentido sola y confundida. ¿Cómo es la naturaleza psicológica de los fayu? -Son personas cuya existencia está basada en la pura supervivencia. Para ellos, el grupo es más importante que el individuo: cada uno tiene un lugar y un papel en su sociedad. Por naturaleza son muy pacíficos, pero también perezosos, pues el tiempo carece de importancia. Dicen: ¿Por qué hacer algo hoy si podemos dejarlo para mañana? -Ignoran lo que para muchos es una gran tiranía... -Sí, pero también hay que asumir que sin la tiranía del tiempo, la sociedad occidental nunca habría llegado tan lejos en su desarrollo. ¿Hay algún valor de los fayu que pueda encajar en nuestra civilización? -La amistad, la grandeza de estar rodeado de gente que te ama y te ayuda sin condiciones. ¿Alguna vez ha caído en la tentación de juzgarles? -No. No son ni mejores ni peores de lo que somos nosotros. Simplemente, son diferentes y la diferencia es lo que nos convierte a todos en seres únicos. -En su libro, narra episodios de guerra y violencia doméstica en el seno de los fayu. Está claro que el odio y el dolor también se cuelan en el paraíso -La vida de los fayu no es idílica. Es muy dura. Yo tuve suerte: conté con lo mejor de los dos mundos. Por un lado, gracias a mis padres nunca me vi implicada en sus guerras Por otro, vivir en una GUTIERREZ Y DE LA FUENTE 20 D 7 LOS DOMINGOS DE Sabine Kuegler ESCRITORA, ECONOMISTA Y ACTIVISTA EN DEFENSA DE LOS PUEBLOS INDÍGENAS El paraíso no se encuentra en ningún país, sino en el corazón desconocer las cosas más simples, como coger el autobús. Me miraban con suficiencia. ¿Qué es para usted el caos? -El caos es cuando no existe estabilidad emocional. Si tu mente es libre y fuerte, no importa que reine a tu alrededor. ¿Cómo consiguió superar su dolor? -Adaptándome, asumiendo que la vida es un camino que hay que seguir y que cada experiencia, sea buena o mala, es un aprendizaje. -En el mercado editorial de Europa y Estados Unidos abundan los libros de autoayuda. ¿Por qué tanta psicología para masas? -En esta parte del mundo se libran demasiadas guerras psicológicas. La gente no pelea con su cuerpo, como hacen los fayu, sino con su mente. Esto causa estrés, depresión, heridas que no son visibles... Cuando alguien se siente emocionalmente herido, tiende a esconder su dolor para que los demás no señalen su debilidad. ¿Existe una fórmula para la felicidad? -Yo todavía la estoy buscando. Al igual que no hay una única llave para abrir todas las cerraduras, no existe una única fórmula para solucionar todos los problemas. Lo que me hace feliz, no significa que se lo haga a los demás. ¿Qué saben sus hijos de su infancia? -Lo saben todo, pero no les interesa nada. ¿Siempre estuvo de acuerdo con el tipo de vida que le dieron sus padres? -Lo que mis padres me dieron, me hizo muy feliz. Consiguieron que viera la vida de diferente manera y me aportaron mucha fuerza interior. Lástima que me costara tanto reconocerlo. ¿Dónde está su paraíso en la Tierra? -Allí donde están quienes me quieren y a quienes quiero. El paraíso no se encuentra en ningún país o en una casa. El paraíso está en el corazón. Una dieta SINGULAR Gusanos, hormigas rojas gigantes, murciélagos asados a fuego lento... Sabine y sus hermanos compartían con los fayu (de quienes se dicen que practicaron el canibalismo) las delicias gastronómicas que la selva les ofrecía: auténticos manjares para completar su alimentación Juegos INFANTILES Los niños fayu se divertían de una manera nada convencional. Más bien se limitaban a sobrevivir. Sabine les enseñó a jugar al fútbol o al escondite. A cambio, ellos la instruyeron en el manejo del arco y las flechas, a cazar, a interpretar los sonidos de los animales, a pronosticar cuándo se avecinaba un desastre... Simplemente, a sobrevivir en la selva tribu armonizaba con mi propia naturaleza. -Su adaptación a la vida occidental, cuando aterrizó en Suiza a los 17 años, resultó penosa. -Al principio, estaba muy animada porque pensaba, como la mayor parte de quienes proceden de países asiáticos, que Europa era el cielo, que allí estaba la gente más feliz del planeta. Cuando me di cuenta de que no era así, sufrí un tremendo desencanto. Además, no podía comprender por qué la gente no me trataba bien por el hecho de ser diferente o por EFE No hay una única llave para abrir todas las cerraduras, ni una única fórmula para la felicidad