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2- 3 D 7 LOS DOMINGOS DE Nepal conserva su aura de paraíso hippy, pero es uno de los países más pobres del mundo El dinero apenas le dio para saldar deudas y comprar varias cabras, que murieron al poco tiempo. Así que convenció entonces a su mujer para que siguiera su ejemplo. Aunque ambos sobrevivieron al exiguo postoperatorio, después sufrieron dolores y calamidades que marcaron a Krishna para el resto de sus días. Infierno en el paraíso de los mochileros Perdido entre las cumbres del Himalaya, Nepal es desde los años 70 el paraíso de los hippies del mundo entero. Con la cima más alta de la tierra, el Everest, como principal reclamo natural, y con su exótica y mística capital, Katmandú, plagada de templos hindúes y budistas, los mochileros y aficionados al trekking han encontrado en este pequeño país de 27 millones de habitantes el Shangrilá que tanto promocionan las agencias de viajes. Pero existe otro Nepal que no aparece en los folletos turísticos: el que luce el dudoso honor de ser uno de los países más pobres del planeta con una renta per cápita de sólo 173 euros al año. Con un 95 por ciento de la población sobreviviendo a duras penas de la agricultura y un 40 por ciento bajo el umbral de la miseria, esta convulsa nación se desangra desde hace una década en una guerra civil que se ha cobrado ya más de 12.000 vidas, ha dividido al país y ha provocado decenas de miles de desplazados internos. Así, la guerrilla maoísta liderada por Prachanda El Feroz que lucha por derrocar la última monarquía hindú del mundo para imponer una república comunista, controla un tercio de las zonas rurales, donde ha expulsado a las tropas del Ejército y ha impuesto su propia Administración. Sin electricidad en buena parte del campo y con el suministro de agua corriente limitado a un par de horas en las ciudades, la vida tampoco resulta fácil en las áreas dominadas por el Gobierno. Pero la esperanza ha vuelto a renacer en Nepal después de que la revuelta popular de abril doblegara al autoritario Rey Gyanendra y le obligara a restaurar el Parlamento elegido democráticamente, que ya ha abierto un proceso de paz con los rebeldes. Por ello, Nepal, enclavado entre los gigantes de la India y China, confía en salir del atraso para convertirse de una vez por todas en el Shangrilá el auténtico paraíso sobre la Tierra, que idealizara en 1933 el escritor inglés James Hilton con su célebre novela Horizontes perdidos Ahora me arrepiento Para olvidar, una noche me emborraché con mi esposa y bebimos tanto que ella no volvió a despertarse balbucea Krishna cabizbajo, convencido de que la falta de un riñón mató a su mujer. Ahora me arrepiento, y no volvería a hacerlo, porque tengo las mismas deudas que antes apostilla con amargura, evitando la mirada y contemplando las montañas que envuelven su valle. En una de ellas, el drama de Krishna se repite en la experiencia de Kenam Singh Lama. A sus 51 años, tampoco espera nada de la vida porque, pobre desde la cuna, perdió lo único que tenía, su salud, al malvender su riñón por 70.000 rupias (763,42 euros) de las que sólo recibió 50.000 (545 euros) Para colmo, tuvo que pagar la mitad de ese dinero en el hospital donde fue atendido después de caerse un día por un barranco de 20 metros mientras subía a su casa, una destartalada vivienda sin luz ni agua en la cima de una escarpada colina a la que resulta difícil acceder incluso para una persona sana. No pienso en ello. Lo hice y ya está zanja Kenam la cuestión aclarando que lo único que le interesa es poder seguir trabajando como jornalero para ganar al año 1.000 míseras rupias (11 euros) con las que comprar el fuerte vino nepalí, famoso por su alta graduación. Sin beber no puedo dormir, y estoy tan débil que es lo único que quiero... dormir concluyó ausente admirando el duro valle que se abre a sus pies. Aunque, al principio, se enfureció con su hijo y pensó en acudir a la Policía, después consideró que ésa era su única salida para mantener a su familia. Tengo pocas tierras y había pedido prestadas 30.000 rupias (327 euros) que no podía devolver, por lo que acepté cuando me ofrecieron 65.000 rupias (708 euros) por mi riñón. Total, si ya tengo uno, ¿por qué no me iba a desprender del otro? argumenta apoyado en la azada.