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21 5 06 EN PORTADA Nepal Vampiros de órganos (Viene de la página anterior) luz ni agua. Pero, como la dicha no se prodiga en la casa del pobre, enseguida el taciturno errante pierde las fuerzas, cae gravemente enfermo al menor resfriado o muere de manera irremediable. Es entonces cuando se resuelve el enigma. Al desnudar al fallecido para quemar su cuerpo junto a un río que fluya hasta el Ganges, sus parientes descubren una cicatriz que recorre uno de sus costados y, a veces, se prolonga hasta la mitad de la espalda. Como si fuera la prueba de su sacrificio, la marca en la piel revela el auténtico motivo por el que el desdichado dejó a su familia sin dar explicaciones y luego apareció con un buen fajo de rupias bajo el brazo. Al menos, así descubrió la verdad Mohan Sapkota, quien en el funeral de un vecino se dio cuenta de que la cicatriz que presentaba el cadáver se parecía demasiado a la que él mismo tiene desde hace ya diez años. Tan curiosa coincidencia sólo podía indicar que su paisano también había sido víctima de los traficantes de órganos que contactaron con él. Cuando me emancipé de mi familia y construí esta casa, tenía ya dos hijos y estaba asfixiado por las deudas, por lo que me hicieron una oferta que no pude rechazar explica Mohan a ABC sentado sobre una esterilla de esparto. Si vas a la India y entregas uno de tus riñones, puedes conseguir un montón de dinero le prometió su amigo Krishna Tamang, quien le aseguró que después no tendría ningún problema por el tratamiento médico que le iban a aplicar. Podía ayudar a alguien que estuviese enfermo y, al mismo tiempo, conseguir lo suficiente para pagar lo que debía intenta justificarse Mohan. Acompañado por Krishna Tamang, emprendió un viaje de cuatro días en tren hasta la ciudad india de Madrás, donde conoció a la persona que iba a recibir su riñón. Se llamaba Kumar Bar Joshi, era doctor y se mostró muy amable y conmovido cuando me dio las gracias por lo que iba a hacer por él. Además, me garantizó que me pagaría 60.000 rupias (655 euros) que es el triple de lo que gano cada año vendiendo patatas y tomates relata Mohan, quien se sometió a la operación en un hospital privado de Tamilnadú. Tras la intervención, el donante no volvió a ver al otro paciente. Apenas transcurrió el tiempo mínimo para que Mohan se recuperara en el lujoso centro médico, fue trasladado a una cochambrosa pensión. Sólo me dieron unas pastillas para calmar los fuertes dolores y, a la semana de dejar el hospital, necesitaba de nuevo atención sanitaria porque la herida no paraba de sangrar recuerda el desventurado agricultor. Me lo gasté en bebida Pero Mohan, con un pellejo ya curtido por la dura vida del campo nepalí, sobrevivió y pudo regresar. Lo hizo acompañado esta vez por un estudiante de medicina de Bután que, tras confesarle que él también había vendido su riñón, le entregó el dinero prometido cuando llegaron a Katmandú. De las 60.000 rupias recibidas, empleó casi la mitad en comprar nuevas tierras y destinó otras 12.000 a colocar un tejado de uralita en su casa. El resto me lo gasté en menos de un año en bebida y jugando a las cartas confiesa profundamente arrepentido. Desde entonces, Mohan no ha podido trabajar como antaño, porque se siente demasiado débil. Me pasaba el día entero durmiendo y caí enfermo durante bastante tiempo, pero no me di cuenta de que había hecho una locura hasta que empecé a recibir la visita de periodistas nepalíes Este campesino, que ha tenido otras dos hijas desde que vendió su riñón, decidió fundar una asociación cuyos miembros van casa por casa advirtiendo a sus vecinos de los riesgos de sucumbir a los traficantes de órganos. Sólo en este pueblo hemos localizado a veinticinco que han vendido uno de sus riñones, y en la aldea de Jydian hay otros quince En Nepal, uno de los países más pobres del mundo, la miseria y la falta de oportunidades llegan a tal punto que familias enteras peregrinan a la India con lo único que tienen, su salud y los órganos de su cuerpo, para venderlos a adinerados enfermos que necesitan un La vida es dura para la población campesina de una nación bella, pobre y en guerra civil trasplante. Es el caso de Krishna Bor Bajagain, otro de los vecinos de Hokse que, junto a su mujer y su vástago de veinte años, entregó su riñón por un puñado de rupias. El primero en hacerlo fue mi hijo, que se fue a la India sin mi consentimiento y luego ni siquiera le pagaron lo que le habían prometido, por lo que tuvo que huir después de que la mafia le diera una paliza y le amenazara de muerte explica este campesino. Un país remoto, a menudo idealizado, pero hoy abatido en la desgracia Tengo pocas tierras y había pedido dinero prestado, así que acepté cuando me ofrecieron 65.000 rupias (708 euros) por mi riñón. Total, si todavía me quedaba otro...