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32 DOMINGO 21 5 2006 ABC Internacional El atentado contra un fiel de Mahmud Abbas abre la puerta en Gaza a la guerra civil Al Fatah insta al presidente de la Autoridad Palestina a disolver el Gobierno de Hamás b La bomba contra el jefe de la Inteligencia fue colocada el jueves en un ascensor del cuartel general de la mujabarat y activada ayer por control remoto JUAN CIERCO. CORRESPONSAL GAZA. Todo estaba tan bien planeado que demuestra que nadie es intocable en el volcán de Gaza. Los responsables del atentado que ayer hirió de gravedad al jefe de la Inteligencia palestina, la mujabarat el general Tarek Abu Rayab, y mató a uno de sus guardaespaldas, que además era su sobrino, tenían todos los detalles preparados al dedillo. El cuartel general de los servicios de Inteligencia palestinos, el único no bombardeado por Israel durante los cinco años de la Segunda Intifada, es prácticamente inaccesible para quienes no trabajan allí. Sí puedan acceder a su interior, sin embargo, los miembros, por ejemplo, del equipo de mantenimiento de los cuatro ascensores con que cuenta el edificio, utilizado en su día por la CIA norteamericana para mantener sus reuniones con sus interlocutores palestinos. Revisión del ascensor Así, uno de esos empleados revisó el jueves el ascensor reservado para el general Abu Rayab. No sólo eso sino que colocó una bomba, según confirmaron ayer a este corresponsal en Gaza fuentes cercanas a la investigación ordenada por Mahmud Abbas. Bomba que fue activada en la mañana de ayer por control remoto cuando el jefe de la mujabarat de 59 años de edad, muy cercano al presidente Abbas, como lo estaba en su día de Yaser Arafat, subía al ascensor rodeado de sus guardaespaldas. Abu Rayab y diez de sus acompañantes resultaron heridos y fueron trasladados de urgencia al hospital Al Shifa en coches de los servicios de Inteligencia, tiroteados de camino al centro sanitario por simpatizantes de Hamás. Tras ser operado de urgencia, el general Abu Rayab fue trasladado junto a uno de sus guardaespaldas al hospital Ijilov, de Tel Aviv, ante el riesgo de perder su pierna izquierda. No es precisamente el jefe de la Inte- ligencia palestina hombre muy querido ni por Hamás ni por los Comités Populares de Resistencia, que le acusaban de colaborar con Israel y de facilitar, por ejemplo, el 31 de marzo, el asesinato selectivo de uno de los responsables de esta última organización, Abu Yusef Koka. De hecho, el responsable de la mujabarat ya fue víctima de un atentado en agosto de 2004, del que escapó con un tiro en el pecho mientras dos de sus más estrechos colaboradores resultaban muertos. La noticia del ataque contra Abu Rayab corrió como la pólvora en toda la Franja. Milicianos de Hamás y de Al Fatah, de sus respectivas y particulares policías se concentraron en torno al hospital e intercambiaron acusaciones a tiro limpio. Un niño resultó herido, en un episodio más que demuestra la cercanía de una guerra civil ya sea a pequeña o gran escala. Algo de lo que todos los palestinos de Gaza están por desgracia convencidos. Las concentraciones armadas no sólo tuvieron a la Franja mediterránea como protagonista. Decenas de milicianos de las Brigadas de los Mártires de Al Aqsa, brazo armado de Al Fatah, rodearon el Parlamento de Ramala e instaron al presidente de la ANP a disolver de una vez por todas el Gobierno de Hamás y convocar elecciones. Tarek Abu Rayab entra en camilla en un hospital de Tel Aviv El responsable de la mujabarat ya fue víctima de un atentado en agosto de 2004, del que se salvó Hace unos días, Abbas envió al general Tarek Abu Rayab a Jordania para investigar sobre las acciones de Hamás Mahmud Abbas ordenó, desde el balneario egipcio de Sharm el Sheij, donde participa en un Foro Político y Económico sobre Oriente Próximo y donde hoy se verá las caras con los viceprimeros ministros israelíes, Tzipi Livni y Simón Peres, una investigación minuciosa del atentado. Hace sólo unos días, Abbas envió al general Tarek Abu Rayab a Jordania para compartir con los servicios secretos jordanos la información sobre las acciones de Hamás (contrabando de armas y operaciones para desestabilizar al régimen) en el Reino hachemí. Israel mata a una familia palestina y a un jefe del Yihad Islámico J. C. GAZA. Una balanza. Dos platos. En uno, Mohamed Dahduh, de 40 años, jefe del brazo armado del Yihad Islámico en Gaza. Muerto ayer víctima de otro asesinato nada selectivo de Israel a primera hora de la tarde, muy cerca de la casa del ministro palestino de Asuntos Exteriores y hombre fuerte de Hamás, Mahmud al- Zahar. En otro, Hanan Aman, una abuela ya con pocas cosas que le hicieran sonreír salvo sus nietos. Y Naima, su nuera y madre de familia. Y Muhaned, de 4 años, nieto de la primera, hijo de la segunda. Los tres, también muertos en el mismo asesinato nada selectivo. Los tres viajaban en un coche, junto a otros familiares, entre ellos el padre de la familia, todos ingresados de urgencia en el hospital. Su particular desgracia, como otras muchas de muchos habitantes de Gaza: desplazarse en su vehículo detrás del conducido por Dahduh en el peor momento, en el sitio equivocado. Otras muertes colatera- les; otras víctimas que pasaban por allí; otra familia rota; otras personas inocentes que nada tenían que ver con los grupos terroristas palestinos. Con el lanzamiento de los cohetes artesanales Qassam contra Israel que provocan el constante fuego de artillería del Ejército hebreo contra la Franja. Con los atentados suicidas en Tel Aviv, el último del Yihad Islámico, en el que murieron 11 israelíes tan inocentes como la abuela, la nuera, el nieto de Gaza; con Mohamed Dahduh. Con un objetivo entre ceja y ceja, la destrucción del Estado de Israel, como lo tenía su hermano Jaled, víctima mortal hace dos meses de otro asesinato selectivo. Una balanza. Dos platos. En uno, un terrorista reconocido dispuesto a morir matando. En otro, una familia desmembrada. Una abuela sin nietos, una madre sin hijos, un pequeño sin futuro. Los tres, muertos por pasar, por circular por allí. Como la vida misma. Como la muerte continua.