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ABC DOMINGO 21 5 2006 Opinión 5 UNA RAYA EN EL AGUA LA ENCUESTA O dudó ni un instante en contestar que sí cuando la encuestadora le preguntó si creía en la posibilidad de que el alto el fuego alcance a convertirse en definitivo. La siguiente pregunta estaba relacionada con su estado de ánimo; escuchó la lista de respuestas que le ofrecían, calibró el significado de las palabras allí incluidas y respondió que contemplaba el proceso con profunda desesperanza y gran abatimiento. Algo aturdida, la muchacha le dijo que esa expresión no figuraba en ningún casillero del cuestionario, y sugirió que acaso se estaba confundiendo y quisiera decir que con mucha esperanza. Pero él insistió: mire, entiéndame bien, le he dicho que ponga que estoy muy desesperanzado. La chica le volvió a leer el abanico de alternativas del formulaIGNACIO rio: escepticismo, dudas, CAMACHO esperanza, optimismo. A través de la relación de opciones comprobó que para los redactores del sondeo era del todo descartable que alguien pudiese sentirse desalentado ante un presunto abandono de ETA. La entrevistadora, que era versada y pertinaz, tiró de manual. Escuche, le decía, si usted cree que ETA puede realmente dejar las armas, la siguiente respuesta debe ser que se halla optimista o esperanzado. Es lo lógico. Entonces estalló. Se le vino de golpe el torrente de ideas y sentimientos que llevaba dos meses acumulando en las entrañas, y se los espetó sin resuello a aquella voz desconocida que le interpelaba sin otro objetivo que el de ganarse el estipendio por cada cuestionario relleno. Pues no. Será lo lógico en la lógica de quienes hayan diseñado esa encuesta, pero en la mía, desde luego, no. Y le voy a decir a usted la razón de mi desesperanza: porque creo que en vez de rendirse ETA se va a rendir el Estado. Porque pienso que si los terroristas pueden dejar las armas es porque ya no les van a hacer falta para lograr sus propósitos. Porque me desalienta ver cómo los fiscales se ablandan ante los portavoces del terror. Porque me desespera que se trate como demócratas humanistas a quienes hasta ayer eran cómplices de los asesinos. Porque temo que las víctimas acaben orilladas en un naufragio moral que celebre el advenimiento de una injusticia. Porque me duele que toda esa gente sin escrúpulos que ha celebrado nuestro dolor vaya a sentarse en los ayuntamientos y en las cámaras parlamentarias sin haber pedido siquiera perdón. Porque yo creo que en esta historia hay buenos y malos y siento que esto que algunos llaman paz va a ser más bien una derrota de los buenos. Porque me parece que el fin no justifica los medios y porque me siento engañado por haber creído en que no habría ningún precio político a cambio de que se acabe la violencia. Cuando acabó se hizo un silencio al otro lado de la línea del teléfono. Después de un titubeo oyó a la encuestadora preguntarle con cierta confusión si debía rellenar la casilla de no sabe, no contesta Se sentía desahogado y quiso colgar, pero la chica había sido muy educada. No, señorita, dijo al fin; en todo caso ponga que sé, vaya si sé, pero no contesto. N UN TAL BLÁZQUEZ (LUCIO) STOS americanos son absolutamente im- posi- bles. Tanto presumir de Despacho Oval en la Casa Blanca, y en Madrid sí que hay un verdadero despacho oval en una casa de la Cava Baja, que bien Blanca podía ser, de la cantidad de cascarones de la recova que todos los días se parten en ella. Si despacho oval es todo aquel en el que se expenden huevos o aquel donde los presidentes que los ocupan los ponen sobre la mesa como supremo argumento político, ninguno con más derecho al título que el Despacho Oval que tiene un tal Blázquez en el viejo Madrid del Mesón del Segoviano y de la Posada del León de Oro. Un tal Blázquez. Eso dijo Arzallus (ojú) cuando la Santa Sede nombró obispo de Bilbao al mitrado de Palencia. Como suelen ser todas las cosas de las ilustres familias de los Blázquez: por huevos. Razón por la que quizá Arzallus creANTONIO yó que al que habían hecho obispo de BURGOS Bilbao era a Lucio, el de los huevos estrellados, España pura de oliva. Apellido el de Blázquez tan innecesario en Lucio como el Gómez Ortega en Joselito, el de Rodríguez en Manolete, el de González en Felipe, o en Cayetana ese Fitz No Sé Qué con tantas consonantes extranjeras que viene ya con las faltas de ortografía prefabricadas. El tal Blázquez, Lucio por antonomasia, tiene montado su Despacho Oval, de huevos, en la Cava Baja. Porque ni Palacio de Santa Cruz, ni Ministerio de Asuntos Exteriores, ni Introductor de Embajadores (y Cuchilleros) ni nada. Cuando un dignatario extranjero llega a Madrid en visita de Estado, el presidente lo recibe en Barajas a pie de escalerilla de avión; el Rey, en una audiencia en La Zarzuela; hay luego una cena de gala en Palacio, que el gachó devuelve con una suya en El Pardo. Hay todo eso, ¿no? Bueno, pues hasta que el andova visitante ilustrísimo no aporta por Casa Lucio y no se toma allí sus huevos estrella- E dos en paz y en gracia de Dios, en las mesas buenas de abajo que el tabernero nos da a sus recomendados, ni está en España ni nada. Las salvas de ordenanza en honor de los visitantes se tornan bandejas de huevos estrellados con patatas. Que, como todo lo bueno, son los más imitados de España. He estado hasta ahora exactamente en 3.567 restaurantes cuyos dueños aseguran que hacen unos huevos estrellados con papas como los de Lucio, si no mejores. ¡Miren cómo se me queda el dedo! Bienaventurados los imitadores de los huevos de Lucio, los que la copian y la maman, porque gracias a ellos sabemos lo buenos que están los del Despacho Oval de la Cava Baja. Cuando oí hablar por vez primera de Lucio creí que era uno de estos pintadores de mona autotitulados restauradores, que están en su negocio como de manifiesto, perdonándote la vida por haberte dejado entrar, haciéndote el favor de darte de comer tonterías con pimientos del piquillo y juntándote las manos al final para la gran estocada de la factura. Nada de eso. Me encontré en la Cava Baja a un gran señor con su dignísima chaqueta blanca de camarero, poniendo y quitando más platos que nadie, sin que se le cayeran los anillos, pendiente de todo, dando de comer y haciendo felices a sus clientes. Conozco a esa dignísima Diputación de la Grandeza del Trabajo. A ella pertenece el sevillano Rogelio Gómez Trifón, que, como Lucio, dice orgullosamente que no es restaurador, ¡que es tabernero! Como Pilar Burgos, Mienmana, que dice que ni diseñadora ni tonterías, que es zapatera como nuestra madre. A Lucio le han dado en Madrid un homenaje por sus cincuenta años a pie de huevos, y como su casa, gracias al Ave, es uno de los restaurantes más simpáticos que tenemos en Sevilla, me sumo gustoso a ese acto de justicia. En esta nación desgajada, convulsa, enfrentada, radicalizada, que da saltos de cigarrón sin saber dónde va a caer, nos quedará siempre en la Cava Baja un rinconcito que seguirá siendo lo que entendemos por España. España con huevos.