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ABC SÁBADO 20 5 2006 Cultura 59 Una joven, ante una de las piezas de la maravillosa exposición de los Reales Alcázares Sevillanos MILLAN HERCE Sevilla recrea el mundo mediterráneo del siglo XIV recordando a Ibn Jaldún Los Reales Alcázares acogen la muestra dedicada al diplomático andalusí b Hasta el 30 de septiembre po- drá visitarse este recorrido por Oriente y Occidente, que fue inaugurado por los Reyes y que reúne un centenar de piezas de la época ANDRÉS GONZÁLEZ- BARBA SEVILLA. Sus Majestades los Reyes inauguraron ayer en el Real Alcázar de Se- villa la exposición Ibn Jaldún. El Mediterráneo en el siglo XIV: Auge y declive de los imperios Se trata de una muestra que contiene un centenar de piezas pertenecientes a más de 60 museos de todo el mundo y que da a conocer la figura de este diplomático que estableció misiones por diversos países del Mediterráneo. Uno de los objetivos principales de esta muestra- -que organizan la Junta, la Fundación El Legado Anda- lusí, los ministerios de Asuntos Exteriores y Cultura, la Seacex y el Ayuntamiento- -es la de acercar a las distintas culturas del Mediterráneo en un momento conflictivo como el actual. No en vano, Ibn Jaldún (1332- 1406) estableció en el siglo XIV unos contactos entre los pueblos cristianos y árabes viajando por distintos países como España, Egipto, Túnez, Argelia, Marruecos y Siria. Según comentó el comisa- rio general de la muestra, Jerónimo Páez, las relaciones entre los países mediterráneos de la época iban más allá de la simplificación de moros y cristianos, y habló de la gestación de un mundo interrelacionado Uno de los lugares más destacados de la exposición es el que se sitúa en el Palacio del Rey don Pedro. En palabras de uno de los comisarios de la exposición, Rafael López Guzmán, hemos realizado en esta zona una relectura del espacio. El mismo palacio es una pieza expositiva En este espacio expositivo destacan tres piezas: una escultura de un dogo veneciano del período gótico con elementos renacentistas; una lápida funeraria de un sultán meriní de Rabat, y una pila bautismal de Toledo. En la capilla del Palacio Gótico se exponen una serie de obras literarias de escritores del siglo XIV que se encuadran con el nombre de Gente de letras Ibn Jaldún fue contemporáneo de grandes escritores europeos de la época como Petrarca, Boccacio, Chaucer o Juan Ruiz. En las vitrinas de la capilla se expone un Comentario del Infierno de Dante, o un Comentario a las mujeres virtuosas de Boccacio. Asimismo, se puede contemplar el Libro de los Reyes un códice iluminado de origen iraní y un manuscrito de El libro de buen amor de Juan Ruiz. Esta exposición muestra igualmente objetos de cerámica de Samarcanda, Irán, Yemen, El Cairo y vidrios mamelucos. También se exhiben cofres, estelas funerarias y lacados chinos. El elemento comercial se refleja también en varias obras que rememoran la ruta de la seda de Marco Polo. Por este motivo se exponen cerámicas con motivos náuticos. Se exhibe también un estandarte de la Batalla del Salado de Abul l- Hasan Ali que se ha restaurado para esta exposición y que procede del Cabildo de la Catedral de Toledo. El aspecto bélico también se ve reflejado en piezas que poseen un gran valor artístico como el Casco con el nombre del sultán Ibn Qalawun, obra clave de la muestra. EN LA MUERTE DE JULIÁN GÁLLEGO DELFÍN RODRÍGUEZ cabo de enterarme, es la última hora de la tarde, del fallecimiento del profesor Julián Gállego y los recuerdos y su magisterio se me amontonan como pueden fácilmente imaginar. Fue, es, uno de los más importantes, originales, sabios y brillantes historiadores del arte en España, y conocedor como pocos del arte europeo, de sus ciudades, rincones y museos. Recuerdo una semana que compartí con él Roma, en la Academia de España, en el Gianicolo. Era el otoño de 1980 y, por las tardes, los aspirantes a artistas e historiadores le otorgamos la enojosa labor de que nos enseñase su Roma y debo decir que en efecto fue así. Visitas a lugares y rincones recónditos, hermosos no a los ojos de la sabiduría y la erudición, que también, sino, sobre todo, de la emoción, conta- A giándonos un infinito espíritu de curiosidad por todo, desde la conversación con un párroco o con la guardesa de las llaves de una iglesia, al arte del siglo XIX o al Aventino, lugar en el que sentimos temblar la memoria de las legiones romanas purificando sus armas y enseñas, rodeados de cipreses y de una umbría muy característica y única, al momento de la conversación- -era, es, un extraordinario conversador- lo misma daba en el Trastevere que sentados sobre las ánforas del monte Testaccio. Brillante, elocuente, magnífico escritor: ¿quién no recuerda su extraordinario catálogo sobre Velázquez en el Museo del Prado, de 1990- -y que debiera reeditarse- -lleno de erudición, sí, pero de una escritura y una precisión que aún conmueven. Formado como Julián Gállego historiador del arte en París, con Pierre Francastel, publicó, en 1968, en la capital francesa, su inolvidable Visión y Símbolos en la pintura española del Siglo de Oro, un estudio ejemplar que llamó la atención internacional sobre un arte entendido hasta entonces en términos casi exclusivamente realistas, propios de la veta brava de lo hispánico. Gállego cambió, en muchos senti- dos, la forma de mirar y saber ver la pintura española, de Goya, al que dedicó libros inolvidables, a su pasión por Velázquez o Picasso. Sin olvidar su permanente atención por el arte contemporáneo, ya desde las crónicas, inapreciables, que enviaba desde París a la revista Goya durante los años cincuenta y sesenta. El cuadro dentro del cuadro, de 1978, fue otro de esos libros pequeños e intensos que deslumbraron a generaciones de estudiosos, estudiantes y amantes del arte, como sus libros de viajes, de memorias o ficciones. Crítico de arte durante años, y de los mejores, en estas mismas páginas de ABC, fue, además, profesor en París y catedrático en las Universidades Autónoma y Complutense de Madrid, además de conferenciante en otras muchas universidades europeas y Académico de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. El mejor homenaje que cabe rendirle es el de continuar leyendo su maravillosa escritura, nunca reñida con su sabiduría y tocada siempre con su característico sentido del humor: ahí, en su escritura, sigue vivo, sin duda.