Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC JUEVES 18 5 2006 Opinión 5 UNA RAYA EN EL AGUA MARAGALL Y LOS PELELES E FRANCIA, ENTRE 2006 Y 2008 F RANCIA sufre de desasosiego. Sufre en realidad desde los años previos a Carlos VII, finales del siglo XIV. Francia es distinta de Inglaterra ¿recuerdan al soldado británico, estremecido en pleno desembarco, bajo fuego alemán, cuerpo a tierra en la playa normanda? Vaciaba la cantimplora en su casco, temblaba al encender el infiernillo, decía a su superior: disculpe mi teniente, tomemos un té... La Torre Eiffel permanece en su sitio, la cúpula del Instituto sigue junto al Sena: Mazarino, maestro de Luis XIV, donó el Instituto a París, tales eran los tesoros extracontables acumulados. El cardenal hizo la Paz de Westfalia, 1648, y consiguió firmar con una primera potencia, España, la Paz de los Pirineos, 1659. Agazapado en Ciboure, próximo al Bidasoa, donde negociaban sus plenipotenciarios, los instruyó al minuto, día y noche, durante cinco meses. Francia sigue adelante. Villepin, priDARÍO mer ministro, ganó anteayer su moVALCÁRCEL ción en la Asamblea. Algunos le acusaban de conspirar contra su compañero de gobierno y temible enemigo, Nicolas Sarkozy. El asunto planteado, el escándalo Clearstream, presenta varias ramificaciones recientes: 1. El cuervo, transmisor de malas noticias, es al parecer el enarca Jean- Louis Gergorin. Inventó posiblemente la trama dirigida, entre otros, contra Sarkozy, hoy ministro del Interior, candidato en 2007 a la presidencia de la República. ¿Es Gergorin amigo de Villepin? Respuesta tajante: los primeros ministros no tenemos amigos. 2. La trama se plasmó luego en unos listados electrónicos, considerados hoy falsos, fabricados por un informático experto, Imad Lahoud, empleado en EADS, cercano a Gergorin. 3. El juez Van Ruymbeke, magistrado de mucho prestigio en Francia, antiguo profesor de la Escuela Judicial, ha titubeado. La necesidad de saber es la morfina de un juez. Saltando sobre la ley procesal, Van Ruymbeke escuchó al cuervo en el despacho de un joven abogado. El cuervo se negó a declarar formalmente. Van Ruymbeke aceptó la irregularidad. ¿Para qué? Para saber. El cuervo declaró a través de anónimos. Pero el anónimo ha de ser veraz. En este caso no lo era. Van Ruymbeke, como todo ser humano, depende de su cerebro, una gelatina frágil, deteriorable. Los jueces d Huy y Pons, no Van Ruymbeke, son responsables del sumario Clearstream. Antiguos alumnos de la Escuela Judicial son discípulos de Van Ruymbeke. Pero los jueces aman su independencia, la defienden. Van Ruymbeke es responsable de los sumarios ¿conexos? de Elf y las fragatas. Clearstream es una firma de Luxemburgo: seria, alemana, dependiente de la Deutsche Börse. Clearstream responde de su seguridad informática: sus datos, confirma, no han sido violados. ¿Está Sarkozy limpio de las salpicaduras de Clearstream? Quizá sí, no se sabe. ¿Lo están algunos amigos próximos a él? Se verá. En todo caso Villepin, entonces ministro de Exteriores, luego de Interior, no debía detener la investigación: la alentó. Roland Dumas, ministro de Mitterrand, había arreglado la turbia venta: seis buques de guerra comprados por Taiwán, armados con la última generación de Exocet, total 14.000 millones de euros, comisiones de 900 millones. Las retribuciones opacas mezclaban a traficantes de armas y funcionarios. Hay además amenazas cumplidas: 11 miembros de los servicios de inteligencia fueron asesinados. En una venganza clásica, mafiosa, murió el hijo del director de la DGSE, la seguridad exterior. La mezcla de terror y futilidad alarma a los franceses. Aparte de su balanza comercial, España y Francia, miembros de la UE, mantienen contactos decisivos: por ejemplo, el trabajo conjunto de los servicios españoles, franceses y alemanes en la lucha contra el terrorismo. Clairstream no es un escándalo menor. Hay muertos. Y mucha porquería. Se extiende la sensación de que algunos, no sólo el cuervo, han tratado de banalizar al Estado francés, un pesado edificio de nueve siglos. N Madrid, y a las nueve de la mañana, últimamente o das un desayuno o te lo dan, como aquellas conferencias vespertinas de D Ors. El que se había convocado ayer en torno a Pasqual Maragall reunió una expectación perfectamente descriptible, como si los sensores de influencia que controlan la vida madrileña hubiesen detectado un apreciable descenso de la cotización del personaje. Maragall llegó con aire somnoliento- -es decir, con el mismo aire que arrastra a cualquier hora del día- -y con esa confusa prosodia tan suya, con esa sintaxis mental tan errática, comenzó a desgranar sin preámbulos las virtudes de su flamante Estatuto. Arrancó muy potente, pero una hora, un café y un coloquio más tarde, el molt hoIGNACIO norable presidente de la GeCAMACHO neralitat arrojaba la intensa impresión de un político amortizado que intenta proyectarse en la posteridad con una tarea cumplida. Ese perfume de fin de ciclo se desprendía del modo en que rehusaba proclamarse como candidato a la sucesión de sí mismo, agarrado al célebre hoy no toca pujolista, pero sobre todo de la manera en que vendía el Estatuto como un legado. Y lo que destacó al respecto merece resaltarse con sus propias palabras, porque la cúpula del PSOE trata hace tiempo de convencernos de que las cosas son como evidentemente no son. Esté o no en la última vuelta del camino, el honorable dijo orgullosamente, y con sinceridad que le honra, que sí son como parece que son. A saber: Este Estatuto representa lo que no nos habíamos atrevido a hacer en 25 años Le llamamos el Estatuto del 50 50, porque significa un 50 por ciento más de inversión del Estado y 50 competencias nuevas Éste es un Estatuto que nos depara nación (sic) y además poneese concepto enboca del pueblo catalán y de su Parlamento. ¿Hace falta que siga? ¿Puede alguien dudar de que los motivos de satisfacción del presidente de la Generalitat coinciden con las causas que provocan la inquietud de tantos ciudadanos españoles? Esos ciudadanos llenos de zozobra, simbolizados en los cuatro millones de firmas recogidas por el PP, fueron calificados por Maragall como gentes de buena fe azuzadas con demagogia por un tacticismo moral decidido a fomentar la catalanofobia como arma política. Pero la alarma ante el Estatuto procede precisamente de los logros que él esgrime con complacencia casi póstuma. El reconocimiento de Cataluña como nación, las ventajas financieras y competenciales, la vuelta de tuerca al statu quo del último cuarto de siglo. Eso no origina caprichosa catalanofobia, sino razonable desasosiego ante un cambio unilateral del modelo de convivencia territorial en España. Por eso los firmantes de los pliegos del PP tienen sobradas razones no sólo para estar inquietos, sino cabreados. Porque además de despreciar su opinión, los quieren presentar como manipulados idiotas. Incluso si en España hubiese cuatro millones de peleles- -en todo caso serían muchos más- se trataría de una incuestionable, casi abrumadora realidad democrática. Vamos a ver pronto cuántos votos cosecha el sí.