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64 Cultura MARTES 16 5 2006 ABC CLÁSICA Ibermúsica Mussorgski: Kovanchina (preludio) Brahms: Concierto núm. 2 Prokofiev: Romeo y Julieta (selección) Int. Nikolai Demidenko, piano. Orquesta Sinfónica de Londres. Dir. Yuri Termikanov. Lugar: Auditorio Nacional. Fecha: 11- 05- 06 CLÁSICA Ciclos de la Comunidad Da Motta: Obertura de Inês de Castro Del Puerto: Sinfonía núm. 2. Nusantara (estreno) Beethoven: Egmont Int. A. Sukarlan, piano. S. Cordón, soprano. J. L. Gómez, rec. Orcam. Dir. J. R. Encinar. Lugar: Auditorio Nacional. Madrid VOLUNTADES A. G. L. PRIMERAS CANAS ALBERTO GONZÁLEZ LAPUENTE E l director Yuri Termikanov ha visitado Madrid en una época difícil. El polen y la nefasta alergia intranquiliza al que la sufre y a aquellos que están a su alrededor. Se dejó oír en el Auditorio. Y ante Termikanov hace falta concentración. Su inmaculada compostura y su estilo contenido exige que el espectador ponga mucho de sí mismo. No es que Termikanov sea un músico frío, sencillamente no arriesga y eso es algo, que estos días de feria madrileña, se recomienda como muy beneficioso si lo que se quiere es que el espectáculo tenga emoción. A Termikanov se le ha escuchado en Madrid con muy distintas orquestas. Alguna de corte americano, como la de Baltimore, es decir brillante, extravertida, sonora. Otras robustas como la de San Petersburgo. Ha vuelto con una muy especial: la Sinfónica de Londres, a la que ha dirigido un doble programa dentro del ciclo de Ibermúsica. Piénsese que la británica se caracteriza por la homogeneidad entre sus familias, la textura aterciopelada de su cuerda y la cariñosa emisión de fabulosos instrumentistas. El oboista Nicholas Daniel entre ellos, impresionante al prolongar el largo pianissimo conseguido en el preludio de Kovanchina o el violonchelista Tim Hugh, a quien se le ha escuchado otras veces como solista junto a su propia orquesta, no menos virtuoso en el tiempo lento del segundo concierto de Brahms. Su actuación fue lo más brillante de esta obra, sin duda porque el pianista Nikoli Demidenko, sustituto de la anunciada Hélène Grimaud, no estuvo demasiado cómodo ante un tempo tan controlado como el que adoptó Termikanov. Su mejor baza podría haber estado en el alarde técnico y no en la capacidad para desarrollar una expresividad verdaderamente intencionada. Llegó al último movimiento cansado y, a lo mejor, algo incómodo con la fallida afinación del piano. Luego el final. Exquisitez sonora, fantásticos encuentros instrumentales, detalles interpretativos de exquisito perfil, rectitud en las ideas, coherencia en el discurso, concreción y seguridad acompañaron la audición de la selección de Romeo y Julieta de Prokofiev. Dicha con la envidiable calidad de la LSO y la distancia que le gusta imponer al maestro Termikanov. Por eso, con él, hay que bajar al escenario. Barenboim, ayer en La Scala de Milán REUTERS Barenboim será maestro de La Scala durante cinco años sin abandonar la Staatsoper de Berlín El teatro milanés también comenzará una estrecha colaboración con la ópera alemana que el cargo de maestro en lugar de director musical se debe a que Barenboim no quiere asumir ninguna responsabilidad administrativa JUAN VICENTE BOO CORRESPONSAL ROMA. El director de orquesta y pianista Daniel Barenboim asumió ayer el cargo de maestro de La Scala exento de responsabilidades administrativas, lo cual le permitirá desempeñar la tarea de director musical de la institución milanesa sin abandonar la Staatsoper de Berlín e incluso poner en marcha un ambicioso programa de colaboración entre ambos escenarios. Dejará, en cambio, la Chicago Symphony Orchestra el próximo 17 de junio. El niño prodigio, que ofreció su primer concierto en Italia a los 10 años, estrenará su cargo en La Scala con el Réquiem de Verdi, el 9 de noviembre del próximo año, cuando se cumple el cincuenta aniversario de la muerte de Arturo Toscanini. La temporada se inaugurará en diciembre con Tristán e Isolda de Wagner. El nuevo maestro de La Scala dirigirá al menos tres inauguraciones en el quinquenio del 2007 al 2012, y dos producciones cada año. b Lissner manifestó El superintendente, Stéphane Lissner, manifestó ayer que el cargo de maestro en lugar de director musical se debe a que Barenboim no quiere asumir ninguna responsabilidad administrativa para poder concentrarse exclusivamente en su tarea artística. Con la división de su tiempo entre Berlín y Milán prevé dedicar a La Scala unos tres meses cada año. Según Lissner, el maestro proyecta una colaboración cada vez más estrecha entre los teatros de Berlín y Milán, que llegará al máximo en la temporada 2010- 2011, realizando entre ambos las cuatro óperas del ciclo del Anillo de los Nibelungos de Wagner. Primero a dos por ciudad y después las cuatro en ambas ciudades. Barenboim elogió ayer los méritos de una orquesta verdaderamente extraordinaria así como el trabajo de sus predecesores, Claudio Abbado y Riccardo Muti, que invitará a volver a La Scala. Barenboim dirigirá en La Scala de Milán al menos tres inauguraciones en el quinquenio del 2007 al 2012 os síntomas de la madurez no son siempre coincidentes. Por ejemplo, al compositor David de Puerto le asoman muchos y diversos. Lo acaba de verificar su segunda sinfonía, Nusantara recién estrenada por la Orquesta de la Comunidad de Madrid y su titular, José Ramón Encinar, tras el encargo propiciado por la propia Comunidad de Madrid. Pero Nusantara no es obra de circunstancias. Lo delata la larga duración y el despliegue de medios. Tampoco es una obra sinfónica in stricto sensu pues maneja el piano concertante amalgamado entre los instrumentos a la manera del Prometeo de Scriabin, la cuarta sinfonía de Szymanowski o la segunda de Bernstein. Es decir, con el protagonismo justo y la dificultad suficiente como para que su parte culmine en varias cadencias que son un ejercicio de auténtico virtuosismo. El espíritu de la partitura es ambicioso; su perfil muy bien estructurado. Es música digna de alguien con las ideas amuebladas, con depurado oficio, recursos, y deseo de indagar en la claridad. La obra de un compositor sensato y maduro. Podría considerarse una aparente contradicción el choque entre la ambición de su apariencia y la sencillez con la que en el fondo se manejan los parámetros en juego. En Nusantara se entrecruzan anchura melódica, nitidez de la armonía y rotundidad rítmica, adornándose todo ello de muy atractivas sonoridades y de algún tema admirativo, en este caso hacia la obra de Bernstein. Al igual que está sucediendo con otras composiciones de sus coetáneos, ésta, de David del Puerto, manifiesta grandeza dentro de la simplicidad, naturalidad en la expresión y racionalidad en el discurso. Con esa intención lo explicó Ananda Sukarlan y la orquesta madrileña, de sonido especialmente fresco tras haberse paseando previamente por las curiosas espesuras dialéctico- románticas de la Obertura Inês de Castro del portugués Vianna da Motta. José Ramón Encinar prefirió decirlas con un vuelo más contenido. La responsabilidad del estreno y las efusiones heroicas del Egmont beethoveniano tuvieron mejor intención. Estas últimas llevadas por la extraordinaria voz de Susana Cordón y por la creciente entrega del narrador José Luis Gómez, nada beneficiado por la amplificación. L