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60 Cultura MARTES 16 5 2006 ABC Alejandro Dolina: Le debo muchísimo a Jorge Luis Borges b El polifacético escritor argenti- La política de apaciguamiento hubiera sido mejor en Irak que la guerra El historiador Ian Kershaw presenta su nuevo libro, Un amigo de Hitler años 30, Europa veía derrumbarse sus democracias ante el totalitarismo. En Gran Bretaña, los políticos intentaron apaciguar a Hitler, quien se rió de ellos TULIO DEMICHELI MADRID. Autor de una monumental biografía de Hitler, el historiador británico ahora toma como pretexto la figura de Lord Londonderry (grande del Reino, primo de Churchill, ministro responsable de las fuerzas aéreas... y amigo de Ribbentropp y Göring) para explorar en Un amigo de Hitler (Crítica) las políticas de apaciguamiento que dirigentes como Chamberlain abanderaron durante los años 30. La clave hay que buscarla en las consecuencias de la Primera Guerra Mundial- -señala Kershaw a ABC- Todos querían comprender cómo fue posible una guerra entre Gran Bretaña y Alemania, naciones percibidas como muy similares por la gente Entre amplios sectores, y Londonderry es prueba de ello, se promocionó un mejor entendimiento entre ambas potencias para prevenir otra guerras en el futuro- -prosigue Kershaw- Londonderry sintió la necesidad de aproximarse y hacer amistad con la Alemania de Hitler para entender y ayudar a remediar sus problemas. Por su parte, Chamberlain, sobre todo a partir de 1937, cuando fue nombrado primer ministro, arbitró una política de apaciguamiento, pero ésta no respondía a ninguna afinidad con los nacionalsocialistas, como pudiera ser el caso de Londonderry, sino porque Gran Bretaña se encontraba en una situación militar débil frente a Alemania. La única forma de evitar la guerra era, a su juicio, llegar a algún tipo de acuerdo haciendo concesiones que los ciudadanos, por su parte, compartían al sentir que Alemania había sido tratada muy injustamente en Versalles b En los no, cuyo programa de radio arrasa desde hace 15 años, presenta estos días en nuestro país su último libro de relatos, Bar del infierno ANTONIO VILLARREAL MADRID. La venganza será terrible es el título de un programa con el que, cada noche en Radio Continental, Alejandro Dolina ha llegado a aglutinar hasta el 70 por ciento de la audiencia radiofónica con su particular mezcla de radio, teatro, historia y poesía. Estos días, y estas noches, el célebre locutor ha abandonado momentáneamente el Café Tortoni de la capital argentina, lugar desde donde emite su espacio estos días emitiremos programas ya pasados para presentar en España su último libro de relatos, titulado Bar del infierno El libro que Dolina ha venido a presentar comparte nombre con el exitoso programa que llevó a cabo en la televisión de su país hace unos años. El género escogido, como buen argentino, es el del relato breve. Como el escritor reconoce, es cierto que los argentinos, quizá a través de la pertinancia, han obtenido muchos éxitos en este género. También es verdad que hemos tenido unos grandísimos maestros como Borges y Cortázar Son precisamente dos alegorías borgianas las que dan un soporte estructural a Bar del infierno En primer lugar, la del narrador de historias que cada medianoche se ve obligado a contar una historia en el libro de Dolina, y que recuerda tanto al mismo autor en su papel de locutor radiofónico como al enigmático personaje de Sherezade en Las mil y una noches sobre el que Borges tanto investigó en sus textos. En segundo lugar, el bar en el que se desarrollan las historias pretende establecer un paralelismo con aquella Biblioteca de Babel que Borges planeó como equivalencia al universo. Mientras la biblioteca pretende ser una alegoría del universo- -matiza Dolina- el bar de mi libro pretende ser en cambio una alegoría de la lengua, porque al igual que nos es imposible imaginar algo fuera del universo, es del mismo modo imposible imaginar algo fuera del lenguaje Para un hombre que ha trabajado en tan diversos paradigmas, desde la poesía hasta la televisión, pasando por la radio e incluso la ópera, la incursión, una vez más, en la literatura puede parecer frívola. Para Alejandro Dolina, no tiene por qué sorprender este paso de la radio, cómoda, mundana y venturosa a la soledad, arrepentimiento y dudas de los relatos cortos. Ian Kershaw durante la entrevista con ABC jarse tras la retirada de Dunkerke, cuando sus discursos comienzan a hacer mella en la opinión pública En el vértice del Estado, el Rey Eduardo VIII manifestaba simpatías por los nazis. ¿Era eso expresión del sentir de la aristocracia que albergaba sentimientos antisemitas, porque los judíos parecían abanderar movimientos reformistas y revolucionarios? Eduardo VIII no reinó durante mucho tiempo para ejercer gran influencia. Es verdad que ciertos sectores del stablishment cercano al monarca consideraban que los cambios que se estaban produciendo en Alemania e Italia eran positivos y hubieran podido favorecer una monarquía populista SIGEFREDO Fracaso en tiempos de paz Churchill fue el único político que denunció sin contemplaciones la naturaleza maligna del totalitarismo en sus dos vertientes. Sin embargo, casi nadie le apoyaba en tiempos de paz, sólo se le valoró en tiempos de guerra. El prestigio que logró durante la conflagración nos hace olvidar que Churchill fue un fracaso en tiempos de paz. Incluso su propio partido, el conservador, le consideraba un político poco fiable y muy impetuoso; tenía muchos enemigos dentro de casa y fuera, pues para la izquierda era un reaccionario y las clases populares le veían como un enemigo tras las huelgas de 1926. Para la sociedad británica, la de apaciguamiento era la política correcta a seguir, por eso Chamberlain tenía consenso y, cuando hubo que sustituirle en 1940, el primer candidato de los conservadores fue Halifax. En realidad, la popularidad de Churchill comienza a for- con una mayor intervención política del Rey. Después, ya en los años años 40, sólo unos pocos apoyaban la idea de que Jorge VI abdicara y que el duque de Windsor volviera al Trono. La figura de Eduardo VIII fue mucho menos importante de lo que se piensa. Es verdad que la clase alta albergaba cierto antisemitismo que Londonderry compartía, pero más bien era antipatía, porque consideraban que no se habían integrado en la nación y sentían que protagonizaban movimientos reformistas. Pero no iba más allá, nada que ver con el nazismo. Su apoyo marginal más bien se debía a que en esos países la vida política era más dinámica, se podían hacer más cosas que en el sistema británico, al que se veía como inmovilista y limitado Londonderry y Chamberlain intentaron apaciguar a Hitler por razones distintas Hoy, algunos dirigentes sacaron conclusiones de los años 30 y se han equivocado Enfrentamiento catastrófico ¿Pueden sacarse lecciones políticas de aquellos fracasos para enfrentar las amenazas de Irak o Irán? Hoy más bien parece que el enfrentamiento militar con Hussein ha resultado catastrófico. Quizá algunos dirigentes mundiales sacaron sus propias conclusiones de aquellos años y se han equivocado. En cuanto a Irán, también las políticas de apaciguamiento y la diplomacia parecen mejores que una intervención militar. Lo que era adecuado en los años 30 no tiene por qué serlo hoy en Oriente Medio