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ABC LUNES 15 5 2006 101 Johnny Depp y sus autógrafos cum laude Sus rúbricas con solera y la atención dedicada a sus fans han aupado al protagonista de Piratas del Caribe como el mejor firmante de autógrafos de Hollywood, según la encuesta de una publicación estadounidense. A la cola del ránking queda Cameron Díaz, amiga de firmar sin dedicatoria. Morgan Freeman, doctor honoris causa Al Oscar por Million dollar baby ya puede la estrella de Menphis sumarle otra noble distinción: la de haber sido investido doctor honoris causa de las Artes y las Letras por la Universidad de Delta (Cleveland) El intérprete, a punto de cumplir 69 años, recibió emocionado el título. Ricky Martin, no hay duda de que el roce hace el cariño MANUEL DE LA FUENTE Qué le vamos a hacer. Así es la vida y así están las cosas. Por ahí, sí, por Barcelona, se lo llevan todo. La Liga, puede que la Champions, y ayer a Bruce Springsteen. Y en Madrid (un gigantesco atasco hervía pasadas las once y pico de la noche en la M- 30, eso sí que es marcha) tenemos que conformarnos con Ricky Martin. Pero, ojo, ojo, no es poco. Ni muchísimo menos. Si el trabajo del Boss representa en estos momentos de su carrera los aspectos más profundos y comprometidos de la música popular de nuestros días, el chavalote puertorriqueño hace lo propio con su faceta más comercial y más divertida. Y cómo lo hace. Como un toro. Para empezar, acompañado por magníficos efectos visuales y, para seguir, escoltado por hasta una docena de músicos de primera categoría, que se adaptan a las idas y venidas del cantante con profesionalidad y simpatía. Y, además, con una presencia nada melosa, sino potente, enérgica, contundente. El mismo Enrique Martín Morales (ése es su nombre completo) se mostró anoche en el Madrid Arena pletórico, repleto hasta las cachas de Life como ha titulado su último álbum. El boricua dice que ya no es el mismo, que después de tantos años livin la vida loca ha reflexionado y se toma las cosas (el éxito, la fama, el dinero y la popularidad, sobre todo) de otra manera. Con más tranquilidad, mesura y conocimiento. No sería ayer. Porque este hombre (entre el público cuatro mujeres por cada varón, y queda claro que ya ha llegado el verano, esto es, todas con casi todo al aire) suda la camiseta (y el chaleco, la chaqueta, la bufanda, la camisa, los calzones) que diría Di Stefano, pero a chorros. Suda la El príncipe, ayer en Londres AP El príncipe Enrique cambia su uniforme militar por un bombín LONDRES. Aunque sólo sea por esta ocasión, el príncipe Enrique, tercero en la línea de sucesión al trono de Inglaterra, cambió ayer el uniforme militar por un traje gris, con bombín y paraguas incluidos. Tal es la indumentaria de rigor del City suit el tradicional desfile castrense- -tiene 82 años de historia- -que cruza Hyde Park, en el centro de Londres. Enrique, de 21 años, marchó junto a los miembros de su regimiento, el batallón Blues and Royals de la Guardia Real, y unos dos mil militares asistieron al acto, al que siguió una ceremonia conmemorativa para recordar a los soldados británicos caídos en conflictos. Graduado el pasado mes de abril como oficial en la academia militar de Sandhurst, la más reputada de Reino Unido, Enrique reside actualmente en los barracones de Windsor, a las afueras de la capital londinense, donde se entrena para dirigir una unidad blindada de reconocimiento. El joven ya ha expresado su deseo de participar en cualquier misión que se encomiende a los Blues and Royals dado que el Ministerio de Defensa ha admitido la posibilidad de que ese regimiento sea enviado a Irak o Afganistán. EFE Ricky Martin, en pleno esfuerzo durante el concierto de ayer en Madrid gota gorda. Y lo anuncia nada más salir al escenario: Me voy a dejar el alma Y allí quedó. Se cambia continuamente de ropa, enloquece al público con canciones como la citada Livin la vida loca y Geisha o derrite a las (des) enamoradas con la tórrida balada Vuelve Por el camino (por el entretenidísimo camino) baila y baila. Con pasos de karateca, como un poseso, como un loco. No se preocupen sus fans, aunque haya cambiado su manera de ver la vida, las caderas sigue teniéndolas en su sitio. Y en forma. En escena, por hacer, Ricky hace hasta el pino, en el sentido literal de la frase. Sonríe (su dentista también debe ser de los buenos) deja que su guitarrista se explaye con un solo rockero de maneras a lo Santana, vacila con el estupendo trío de metales (saxo, trombón de varas y trompeta) y hasta él mismo se pone al cajón cuando la noche se pone flamenca en Jaleo y en She bangs donde una deslumbrante bailaora se marca un zapateado de órdago mientras el cantante la jalea con sus palmas. De paso, perrea con su corista, y ambos se permiten algunos restregones, eso sí, sin llegar al revolcón. Con Lola, Lola y María (un pasito p alante, un pasito p atrás) el Arena echa humo y Martin echa el resto. Por arriba por abajo y La copa de la vida tu y yo, ale, ale, ale... Ricky Martin se apunta sencillamente a la goleada. Dos horas de música ligera, pegadiza y divertida. Interpretada con convicción. No es poco a estas alturas. Con Ricky, como con tantas otras cosas de la vida, el roce hace el cariño.