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84 LUNES 15 5 2006 ABC Deportes Fernando Alonso embruja a Montmeló Logra su tercera victoria delante de Michael Schumacher y arropado por 131.200 espectadores JOSÉ CARLOS CARABIAS MONTMELÓ. Ninguna imagen del deporte evoca tanta pena como aquella final de Maracaná, Mundial 1950, Brasil ante Uruguay, fútbol en sepia, el mayor estadio del mundo lleno con la hinchada más fervorosa que se ha conocida. Brasil perdió, Maracaná solicitó su demolición, hubo suicidios colectivos y el país permaneció sumido en una depresión general durante meses. Había 174.000 espectadores en el legendario estadio de Río de Janeiro. Sin llegar a ese grado de histeria, algo de esto tenía la cita de ayer en Montmeló por la amenaza de Ferrari. Alonso convocó a su audiencia como el flautista de Hamelín a los ratones. Un hechicero con licencia para dirigir el ánimo de las masas. En el circuito del Vallés se congregó una colonia de 131.200 aficionados, no todos alonsistas, que muchos le tienen gato, que el ferrarismo cuenta con multitud de seguidores en España, pero todos con una idea en la retina: analizar el comportamiento en carrera de Alonso. Y el asturiano tendrá un carro de defectos- ¿quién no? pero sobre la pista funciona como una máquina infalible. Ganó en Montmeló, juntó a su favor el carro de estadísticas mareantes que maneja la Fórmula 1 a falta de mejor información (su primer éxito en España, la victoria 100 de Renault... dio un golpe de autoridad al Mundial, decretó el camino de tensión que le espera a los sesudos ingenieros de Ferrari, pero sobre todo, Alonso se emocionó. El coche, al límite Nada hay peor que la autocensura, que una vida planificada al detalle, una agenda que esclaviza cada minuto del día, que impide el aliento de la inspiración y deja en manos de los números y la fría computadora cualquier atisbo de imaginación. Esto sucedió ayer en Montmeló. El Alonso calculador, hermético e impasible ante las emociones cedió a la tentación. Dirigió su talento hacia donde no llegan los demás. Llevó su coche al límite, el sueño de cualquier piloto, objetivo último de cualquier inquilino de estos reactores de asfalto. Ningún piloto dirá que quiere limitaciones, prohibiciones a la evolución, a la posibilidad de ir más deprisa. Alonso se liberó. Decidió no pensar, zafarse de la tensión y hacer disfrutar. Esquivó los grilletes de la autocensura como si fuese William Wallace arengando a su ejército en minoría frente a los ingleses. También azul Brave- LO MEJOR La liberación de Alonso, que condujo sin freno, como si fuese juvenil Fernando Alonso expresó su felicidad con un salto en lo más alto del podio EPA