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54 DOMINGO 14 5 2006 ABC Cultura y espectáculos ELFRIEDE JELINEK Escritora, premio Nobel de Literatura La guerra de Irak es una falsificación, un teatro, una copia torpe de Disneylandia VIENA. -En Bambilandia y Babel denuncia la banalización que los medios hacen de la guerra de Irak. -Me interesa cómo un acontecimiento tan tremendo como la guerra se refleja en los medios. Los reporteros empotrados que acompañan a las tropas son parte de la guerra. Ya no hay una información independiente. Los medios que informan directamente desde zona de guerra son casi siempre afines y la información oficial que reciben está controlada de igual forma que el motivo oficial de esta guerra ya fue manipulado. En medio de esa enorme falsificación, de ese teatro, ese escenario bélico yo hago mi propio teatro, en el que reúno diferentes voces. Desde citas de Los Persas de Esquilo, a citas literales de las informaciones de guerra. Estuve semanas frente a la televisión tomando notas, porque me interesaba cómo suena la guerra en el lenguaje de sus cómplices (y esos periodistas se transforman en cómplices, quieran o no) Los antiguos griegos podían reconocer a sus adversarios persas y no sólo describirlos en sus acciones bélicas, sino mantenerlos como personas. En la guerra moderna se desindividualiza al enemigo y ya no se le percibe como un ser humano y sí como una masa amorfa. Bambiland eraun parquede atracciones dirigido por Marko, el hijo de Milosevic. Babel, unperiódico deportivo en manos de Udai Hussein, hijo de Sadam. ¿Muestran los medios el horror de la guerra como espectáculo? -He intentado fijar los extremos, dentro de los que la acción se desarrolla. Por un lado, una torpe Disneylandia, una copia de la auténtica, con niños soldados que descargan cada día las novedades musicales en sus reproductores MP 3 para así entretenerse durante el combate y luego tranquilizarse. Y Babel un periódico deportivo de Udai Hussein, al que el fútbol es lo que más le interesaba, quizás con la excepción de violar mujeres. Ya desde hace tiempo todo es entretenimiento y lo que no lo es, debe convertirse en él. Por así decirlo, desde las trincheras de la I Guerra Mundial, en las que la juventud europea fue gaseada y masacrada hasta una parodia de ese horror, la guerra moderna con su propia moda, los peinados y afeitados de los soldados, que se traslada a la moda diaria, su propia música o estética. Aún se cuenta el número de soldados de Estados Unidos que han muerto. Los enemigos ya no más. No pueden ser estimados. -La guerra es tan antigua como la civilización y se ha usado como instrumento de propaganda. ¿El instinto bé- La escritora austriaca Elfriede Jelinek publica en España Bambilandia y Babel (Destino) dos obras teatrales que destilan una crítica feroz a la guerra de Irak, la despersonalización de sus víctimas y el tratamiento que los medios hacen de ella TEXTO: ANTONIO SÁNCHEZ SOLÍS FOTO: REUTERS Jelinek, en su casa de Viena, tras conocer la concesión del Nobel en 2004 lico es intrínseco al ser humano? -Poco a poco voy creyendo en una constante bélica en el ser humano, pese a que me resisto a ello. Pero yo soy una misántropa y creo en la naturaleza agresiva del hombre y en que hay que hacer todo lo posible para tirar de las riendas para que esa agresividad no siga existiendo. Soy pesimista sobre el éxito. -Describe cómo los medios anestesian a nuestra sociedad hasta la pasividad y la indiferencia. ¿Ya no nos conmovemos ante lo injusto? -Las personas no tienen conciencia de ser agentes que hacen la Historia y que son sujetos políticos de ella. Por el contrario, dejan que los medios pasen ante ellos la Historia, como una película de entretenimiento sin fin. Para mí está claro que la gente tiene un efecto en la Historia y viceversa. No sé cómo se puede recuperar esa conciencia histórica. ¿Hay recetas contra la indiferencia? ¿La literatura quizá? -La literatura apenas interesa a nadie, sobre todo lo que no es literatura de entretenimiento. Y es completamente seguro que no interesa a quienes dirigen y deciden la Historia. -Su lenguaje y su estilo son conocidos por su complejidad y sólo llegan a un determinado público. ¿Cómo se puede así difundir su mensaje? -Lo que más me interesa es cómo se plasman los acontecimientos en el lenguaje. Para mí no hay pensamiento más allá del lenguaje. Por eso mi lenguaje está fragmentado, desde el idioma de las novelas de entretenimiento, las series de televisión y los autores dramáticos de la Antigüedad. Todo fluye junto en una corriente discursiva y puede siempre, como un caleidoscopio, girarse y agitarse en una nueva imagen, aunque dentro siempre están las mismas piezas. La mayor parte de lo que escribo no se presta a la difusión amplia, pero tiene que ser posible y permitido hacerlo. ¿Las caricaturas de Mahoma fueron una provocación innecesaria o un ejercicio de libertad de expresión? -Toda provocación está permitida. El arte tiene la obligación de llegar a los extremos y golpear. Una religión de la que uno no se puede reír no tiene ningún derecho a existir, porque mezclaría los planos de la realidad y de lo simbólico y entonces la realidad desaparecería automáticamente. Contra eso hay que levantarse mientras uno pueda. Es escandaloso que los caricaturistas daneses tuvieran que esconderse de algunas bandas de extremistas islámicos. -Grass las comparó con los dibujos antijudíos de los nazis.