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ABC DOMINGO 14 5 2006 Madrid 45 En Ríos Rosas 54 vivieron Cela y González Ruano y, para que conste, ambos tienen una placa en la fachada. En ese edificio y coincidiendo con ellos dos, también vivió el pintor Manuel Viola, que todavía no tiene un recuerdo conmemorativo El tercer hombre, la tercera placa TEXTO: MARÍA ISABEL SERRANO FOTOS: CHEMA BARROSO ABC MADRID. El Ayuntamiento y el pueblo de Madrid tienen una deuda pendiente con el pintor Manuel Viola (Zaragoza, 1916- San Lorenzo de El Escorial, 1987) Vamos por partes. Saltan a la vista dos placas colocadas en la fachada del número 54 de la madrileña calle de Ríos Rosas. Una está dedicada a Cela. Y dice: En esta casa vivió entre 1949 y 1954 Camilo José Cela y en ella escribió La Colmena La segunda placa es en memoria de González Ruano y reza lo siguiente: En esta casa vivió de 1948 a 1965 el escritor César González Ruano y en ella escribió casi toda su obra Lo que pocos saben, o han olvidado, es que en este mismo inmueble, y coincidiendo con los dos ilustres personajes ya mencionados, vivió el pintor Manuel Viola, de cuya obra se dice que es aire denso y clamoroso En Ríos Rosas número 54 no está la placa con el nombre del tercer hombre, del tercer artista que también habitó entre sus muros. Su viuda, una encantadora octogenaria llamada Laurence Iché, nos cuenta que fueron unos años muy felices los que pasamos en esa vivienda La viuda de Manuel Viola no tiene más que buenos recuerdos de su paso por la calle de Ríos Rosas, muy cerquita ya de la plaza de San Juan de la Cruz. Nosotros estábamos en Barcelona. Habíamos sido invitados- -nos cuenta Laurence- -por González Ruano a su casa de Madrid. Corría el año 1949 y nada más ver la zona nos enamoramos de ella, tan bonita, con una arboleda estupenda. Aquella zona era, por entonces, el final de Madrid El edificio de Ríos Rosas 54, con las placas de Cela y González Ruano junto al portal. Falta la del pintor. rido pintó muchos cuadros en la casa de Ríos Rosas, porque se encontraba muy a gusto Manuel Viola, pintor zaragozano, fue cofundador de la revista de vanguardia Art de Lérida. Republicano, no tuvo más remedio que exiliarse. En 1940 se instala en París donde entra en contacto con el poeta surrealista Benjamín Perret, con Picasso y con el pintor abstracto Henri Goetz. Una pandilla muy divertida Laurence Iché, de origen francés, cuenta y no acaba de su amistad con González Ruano y con Cela. Sobre todo con el primero. Éramos muy amigos. A él le gustaba mucho la pintura y a mi marido la literatura y el periodismo, con lo que el cóctel en ese edificio era perfecto dice la viuda de Viola. Nos parecía un espacio encantador. Fue muy agradable vivir ahí. A nosotros, que veníamos del frío de París, el clima de Madrid nos daba mucha vida y la casa estaba en un lugar rodeado de árboles añade Laurence. Ella recuerda que cuando dieron con sus huesos en Ríos Rosas 54, en la casa de su amigo González Ruano, ya les pareció todo una maravilla. No sólo su amistad con el escritor sino la elegancia de la finca, con mucho encanto. Nuestro amigo González Ruano nos dijo que había un piso para alquilar, el octavo derecha. Lo alquilamos y, al final, terminamos comprando. Me acuerdo, además, de que nosotros estábamos en otra escalera pero las viviendas de González Ruano y la de Ce- De galería en galería Viola participó, bajo el seudónimo de Manuel, en diversas exposiciones colectivas entre ellas las del grupo Espagnols de l Ecole de París Salón des Artistes Iberiques. En 1958 entra a formar parte del grupo El Paso. Sus obras han recorrido las galerías no sólo españolas sino de todo el mundo: desde el Museo de Arte Moderno de NuevaYork o el Corcoran Gallery de Washington, hasta la Galería L Attico de Roma y la Art Gallery de Toronto, sin olvidar el Museo de Arte Moderno de Lieja, el de Tokio, Colonia, Sao Paulo, Montevideo y Buenos Aires. Manuel Viola, en uno de sus momentos de creatividad Laurence Iché, viuda de Viola, recuerda que Cela, González Ruano y su marido eran una pandilla muy divertida la daban pared con pared comenta. Laurence Iché no duda en señalar que éramos como una pandilla que se divertía muchísimo. Ibamos juntos a las tertulias del Café Gijón, a veces en tranvía. Era muy gracioso. A Ruano le gustaba escribir en el Gijón Su ma-