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D 7 14 5 06 Torero (ella lo prefiere así) y rejoneadora de leyenda, Conchita Cintrón cometió el delito, en la España de Franco, de apearse de la montura y torear pie a tierra. Amiga y musa de poetas como Gerardo Diego, mujer culta y seductora, ahora en plena feria isidril ha inaugurado en el madrileño Estudio Peironcely una exposición de pintura junto con Peñuca de la Serna. Otra gran faena TORERO, REJONEADORA Y PINTORA GUTIERREZ Y DE LA FUENTE 20 D 7 LOS DOMINGOS DE Conchita Cintrón Al abrirse los toriles, no hay más que Dios, el toro y el torero ¿Cuál ha sido el animal de su vida: el toro o el caballo? -El perro... Aunque me regalaron un caballo cuando hice la Primera Comunión. La verdad es que yo tenía un auténtico zoo en el jardín de casa. Mi padre me dejaba tener lo que quisiera con una sola condición, yo me debía encargar de cuidarlo sin ayuda de nadie. Toda mi mi vida estuve rodeada de animales, y no sólo los tenía como compañía, también me dedicaba a adiestrarlos, tanto que a veces me preguntaban si quería tener un circo. -Pero digamos que el toro y el caballo eran sus herramientas. ¿Herramientas? Yo no he trabajado en mi vida, ni en el colegio. Diosa rubia de los toros (en México) Virreina del redondel, amazona de los incas (Rafael Duyós) A ti Conchita, amor de la andanada (Gerardo Diego) ¿No la abrumaba tanto piropo? -Como no soy feminista los hombres me han puesto en un lugar muy especial, ése en el que el hombre sabe situar a la mujer cuando él quiere. No busqué ese sitio, pero fue el que me tocó. ¿Cómo la recibía el público de la época? -El público, el público... la verdad es que nunca les pregunté, digamos que el público siempre me ha traído sin cuidado. La gente me recibía con una gran alegría y con mucho cariño. Esa popularidad que buscan algunos con tanto ahínco yo la conocí sin buscarla. Desde niña fui muy popular donde vivía... Claro, paseando con un burro, dos conejos, un borrego... -Sin embargo, a veces me parece que hay tristeza en sus ojos. -Me gusta mucho la soledad, sí, siempre he sido triste. Me gusta tanto la tristeza, me siento tan bien así, que a veces hasta pena tengo de tener pena de mí ¿Cuándo ha sentido más miedo, ante los toros o ante el lienzo en blanco? -Tengo que decir muy claro que a mí los toros nunca me han dado ¿La trataron bien esos machistas -En mí veían a una niña que no había visto nunca un toro pero que venía avalada por un tutor y un maestro como el caballero Ruy de Cámara, un rejoneador excepcional. Piense que yo no salí nunca sola con un muchacho hasta el día en el que me casé, pero sí podía salir con la cuadrilla, de hecho parecía que iba como escoltada por la Guardia Civil, casi no dejaban que se me acercarse alguien para firmarle un autógrafo, estaban encantados de la vida cuidándome. Creo que veían en mí aquello que siempre fui, una maletilla. ¿Cómo se encontraba mejor en la plaza, a caballo o pie a tierra? -Sin ninguna duda, a pie, porque así dependía exclusivamente de mí. Las cosas entre tres no son siempre igual. ¿Ha cambiado la Fiesta en estos años, ha perdido romanticismo; por ejemplo, se ha comercializado en exceso? -Antes, entre tres vecinos montaban una plaza y organizaban una corrida con total desinterés, sólo por afición, para disfrutar de una bella tarde de toros. Ahora no, un empresario puede tener siete plazas, setenta toreros... pues no. Y le aseguro una cosa, yo nunca he toreado, ni a pie ni a caballo, un toro despuntado (afeitado) Ahora se ve cada cosa por ahí... ¿Entre la gente de luces el miedo también es libre? -Los toreros siempre han rezado mucho, siempre hemos rezado mucho. Rezamos en el hotel, rezamos en la plaza, pasamos por el purgatorio (bueno, casi el infierno) en el patio de cuadrillas, pero quien le diga que cuando entra al ruedo tiene miedo le miente. Como decía Ortega, el hombre le tiene más miedo al vacío, al no saber qué va a pasar. Cuando suenan los clarines, se abre la puerta y uno se santigua, ahí no hay nada más que Dios, el toro y el torero. mdelafuente abc. es Zona RESERVADA El mundo del torero auténtico es increíblemente cerrado, totalmente exclusivo, que cuando los diestros hablan en la conversación no se meten ni ganaderos, ni apoderados ni nada de nada. Para contar cosas y para hablar por unas manzanillas ya están los miembros de la cuadrilla Conchita y su retrato de Antonio Bienvenida miedo. Si me lo hubiesen dado no habría pisado una plaza, qué tontería. Y no me lo daban porque antes de los diez u once años jamás había visto una corrida, ni remotamente sabía que existían. Mi padre fue el primer militar hispano salido de West Point, y mi madre era de origen irlandés. En casa se hablaba inglés, aunque se cantaba música caribeña en castellano. Pero los toros no tenían nada que ver con nosotros. Ni se iba ni se hablaba. -Fundamentalmente, el mundo del toro es cosa de hombres. IGNACIO GIL El César DOMINGUÍN Entre centenares de suculentas y hermosas anécdotas humanas y taurinas, la Cintrón recuerda cómo su grupo (Antonio Bienvenida, Domingo Ortega, El Estudiante se refería al maestro Luis Miguel Dominguín como el César, como Nerón, porque les recibía al borde de la piscina envuelto tan sólo por una liviana toalla.