Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
14 5 06 EL LIBRO PREPUBLICACIÓN Objetivo: matar a Setién El obispo emérito de San Sebastián ha sido- -es- -una de las figuras más polémicas de la Iglesia española. Su papel en el sombrío paisaje político vasco de las últimas décadas ha provocado decepción, ira... y el respaldo de quienes le han llamado guía del pueblo euskaldun El libro de Jesús Bastante nos desvela, por primera vez, la trayectoria y el pensamiento de José María Setién Título: Setién Un pastor entre lobos Autor: Jesús Bastante Liébana Editorial: La Esfera de los Libros Páginas: 352 Precio: 23 euros Fecha de publicación: 16 de mayo s noviembre de 1980, y en Madrid hace un frío que pela. Setenta obispos participan en la asamblea plenaria del episcopado español en la casa de ejercicios del Pinar de Chamartín, en la salida norte de Madrid, con acceso directo a la carretera que lleva a Burgos, Bilbao y San Sebastián. Faltan dos años para que Juan Pablo II visite nuestro país e inaugure la actual sede de la Conferencia Episcopal, en el número 1 de la calle de Añastro, así que los obispos prefieren para sus plenarios la residencia del Pinar de Chamartín Vivimos unos tiempos convulsos: tras la muerte de Franco y la Transición, el maridaje Iglesia- Estado no pasa por sus mejores momentos. Dos años antes se firmaron los acuerdos entre la Santa Sede y el Estado Español gracias a la pericia del cardenal Vicente Enrique Tarancón, presidente del episcopado entre 1972 y 1981 y cardenal arzobispo de Madrid. Sin embargo, no son pocos los que todavía ven en la Iglesia un elemento perturbador, que mantiene una posición social privilegiada, heredada en buena medida del régimen franquista. Y eso que desde 1975 se viene produciendo un relevo generacional acentuado el 16 de julio de 1976, cuando el Rey renunció al privilegio de presentación de obispos y concedió a la Santa Sede mayor libertad para designar prelados más acordes con la nueva situación de España. Pocos meses después de la jornada que nos ocupa, durante las tensas horas que siguieron al intento de golpe de Estado del 23- F, y en el seno de la reunión plenaria que habría de relevar a Tarancón para poner en su lugar al arzobispo de Oviedo, Gabino Díaz Merchán, los obispos encontraron de nuevo en el Pinar de Chamartín un seguro refugio, al menos hasta que la situación se normalizó y pudieron salir del paso con un comunicado defendiendo la legalidad vigente. Algunos dijeron que se habían pronunciado demasiado tarde. El teléfono de la residencia episcopal suena con fuerza. La religiosa encargada de la recepción tarda un poco en contestar, pues se está E despidiendo de los obispos. Es viernes y acaba de concluir una asamblea plenaria en la que se ha tratado con viveza la reforma del Código Civil por la que, a partir de enero de 1981, se permitirá el divorcio en España. Los prelados no han disimulado su disgusto Al otro lado del auricular le espera una voz masculina y evidentemente nerviosa: ¿Dígame? -Buenas tardes. Verá, quisiera... Necesitaría hablar con monseñor Setién, el obispo de San Sebastián. Es muy urgente. -Espere un momento, que no sé si está o se ha ido ya. ¿De parte de quién? -Dígale que es muy urgente, que es absolutamente necesario que yo hable con él ahora mismo. Se trata de una cuestión de vida o muerte. En circunstancias normales la religiosa habría exigido a su interlocutor que se identificase o sencillamente habría colgado el teléfono. No eran pocos los que durante aquellos años llamaban a la casa de ejercicios para burlarse de los obispos o recordar la famosa frase de Tarancón al paredón que se universalizó durante los funerales de Franco. Sin embargo, la Providencia o el azar quisieron que en aquel preciso instante el mismísimo José María Setién, obispo titular de San Sebastián desde hacía un año, pasara por la recepción de la casa de ejercicios. Iba acompañado por varios prelados, entre ellos el entonces obispo de Segovia, José Palenzuela, y el obispo auxiliar de Oviedo y actual prelado de Sigüenza- Guadalajara, José Sánchez, así como algunos secretarios de departamentos. La hermana aprovechó la ocasión, pues como confesó ella misma, jamás habría ido a buscar a Setién: Me daba miedo, esa es la verdad. Se decían muchas cosas de él. JESÚS BASTANTE Responsable de información socio- religiosa del diario ABC. Autor de Los curas de ETA y Benedicto XVI. El nuevo Papa -Hay muchos que desearían verle muerto, monseñor. Yo creo en Dios y pensé que no debía permitirlo Muchos entenderían que usted sufriera ese accidente Que si era amigo de los terroristas, que si traía una pistola en el maletín, que si te miraba con ojos penetrantes... Así pues, la monja se acercó al obispo y le tocó levemente en el hombro. ¿Sí? Dígame, hermana, ¿qué sucede? -Disculpe, reverendo padre. Es que tiene una llamada y, por lo que parece, es urgente. ¿De quién se trata? -No lo sé, monseñor. Es la voz de un hombre, parece nervioso y dice que es muy importante que hable con usted. José María Setién se disculpó ante el corrillo de obispos, no sin antes pedir a Palenzuela y Sánchez que le esperasen un momento, y acudió hasta el teléfono. -Sí, dígame. ¿Es usted Setién? -El mismo. ¿Con quién hablo? -Usted no me conoce y, además, eso es lo de menos. Sólo llamaba para decirle... -Hombre, eso de que es lo de menos, permítame que se lo discuta. -Déjeme terminar. No tengo mucho tiempo. Si descubren que he hablado con usted puedo acabar muy mal. ¿Si descubren qué? ¿Quiénes? Oiga, está usted empezando a preocuparme. -Digamos que soy un amigo y que le llamo de la Dirección General de Seguridad. Con eso debe valerle. Debo avisarle de que está usted en peligro. ¿Cómo dice? -No vuelva a San Sebastián por la carretera de Irún. No lo haga. Le han preparado un accidente Búsquese otro camino, porque si no le aseguro que no llegará a su destino. ¿Pero a qué se refiere? ¿Quién es usted? -Hay muchos que desearían verle muerto, monseñor. Yo creo en Dios y pensé que no debía permitirlo. Aunque, si me permite, hay cosas que usted dice sobre ETA y sobre la policía que causan mucho daño. Muchos entenderían que usted sufriera ese accidente Ahora debo dejarle: como se sepa que he hablado con usted, quien tendrá (Pasa a la página siguiente)