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ABC SÁBADO 13 5 2006 Cultura 61 LA HISTORIA DE ESPAÑA, NOVELA A NOVELA Jesús Maeso, autor de Tartessos segunda entrega de la colección de novela histórica de ABC que podrá conseguir mañana con el diario por 1,99 euros más, nos explica en esta charla- entrevista los entresijos de la novela Fresco dinámico de una civilización legendaria TEXTO: LUIS CONDE- SALAZAR INFIESTA Apenas si quedan, como testigos inmóviles, unas pocas piezas de rico material e inspiración fenicia, los Tesoros de Aliseda (en Cáceres) Carambolo (Sevilla) o el Bronce Carriazo, que dan fe de la existencia de Tartessos, la voluptuosa civilización del Sur de España, que se desarrolló entre los siglos XII y VII a. C. Un legado que se completa, eso sí, con una gran cantidad de escritos, muchos de ellos productos híbridos de imaginación y realidad (como el de Rifo Festo Avieno en su Ora marítima) otros que dan descripciones más o menos fiables (Herodoto, Hesiodo, Polibio, Estrabón, Hecateo o Artemidoro, entre otros) o sesudos estudios no sin lagunas (en especial los de Adolfo Schulten a principios del siglo XX) que han hecho de aquella cultura una leyenda y del conocimiento de aquel mundo una pasión. Como la que ha demostrado tener Jesús Maeso de la Torre (Úbeda, Jaén, 1949) licenciado en Filosofía e Historia y reconocido autor de novela histórica que en su dinámica Tartessos (2003) ofrece al lector el fresco de una sociedad que se instaló y creció en un acomodado entorno, habitada por gentes hospitalarias y en esencia equitativas, muy dadas al hedonismo y a la esponjosidad cultural. Se escribe sobre lo que se ama- -afirma Maeso- y yo amo profundamente la Historia y los edenes perdidos de nuestro ayer. Y entre la fascinante Historia de España existen episodios, personajes y valores olvidados que merece la pena rescatar. Precisamente Tartessos, primer estado civilizado de la península, llamado por los griegos el Reino de la Paz Jesús Maeso, un amante de Tartessos que no faltan todos esos elementos que hacen de esta literaria forma de hacer memoria un ejercicio individual de fantasía. Así, entre exuberantes adjetivaciones y detalladas descripciones de usos y costumbres se teje una aventura que el lector debe seguir con atención, sosiego y delectación. La principal fuente que utilicé- -dice el autor- -fue mi imaginación y el hecho de haber nacido y vivido en distintos lugares del Valle del Guadalquivir, el espacio geográfico que ocupó Tartessos. Luego las usuales, como el Tartessos de Shulten, las citas Bíblicas, Estrabón, Avieno y Maluquer de Motes. Con esos mimbres he elaborado una novela impaciente, de misterios, de amores irredentos, de ansias de poder, y de aventuras y viajes, donde los personajes se mueven desde Gadir a Britania, de Normandía al norte de África, y desde Tiro y Creta, a Sicilia, Grecia y Turpa, la perdida capital de Tartessos Se escribe sobre lo que se ama y yo amo los edenes perdidos de nuestro ayer y del Buen Gobierno, y paradigma de la Fortuna y la Felicidad, posee ese atractivo de modelo ideal de Estado que todo ciudadano ansía evocar, poseer y disfrutar Fresco, sí, pero en el Enigma seductor En esta ficción narrativa, cuyo protagonista es el joven ministro de los Metales Hiarbas de Egelasta, encargado de buscar a la desaparecida nueva sibila de Noctiluca, Jesús Maeso se aleja de sus anteriores trabajos, tanto por el momento histórico como por la trama. Mis primeras novelas, Al Gazal, La Piedra del Destino, El Papa Luna, o la recientemente aparecida La Profecía del Corán, relataban historias del espa- cio medieval, y era momento para regresar a uno de los enigmas más seductores del viejo mundo hispano, Tartessos, que dejó tras de sí la más esplendorosa evocación cultural y espiritual de nuestro remoto pasado, transmitiéndonos la exótica imagen de míticos reyes como Gerión, Gárgoris, Habis, Norax, Argantonio o Therón, creadores de una realidad política y económica que dejó una efímera y evocadora huella en el Mediterráneo y en el Atlántico Si conocer el pasado es saber más de uno mismo, es inevitable preguntarse qué queda de aquella cultura, en lo que es la España actual y, concretamente, en la Comunidad de Andalucía. ¿Qué queda de Tartessos? Maeso lo entiende y lo define perfectamente: Aparte de la fascinación de los griegos, fenicios y cartagineses por el País del Ocaso, el gusto por la vida, la felicidad de lo cotidiano, el sentido senequista del mundo del tartessio, luego turdetano, después bético romano, andalusí y andaluz contemporáneo. Quizás la propensión a lo mestizo, a contagiarse sin temores con otros pueblos y razas, y a no rechazar a los que la ocupaban, que a la postre se convertían en sus más aguerridos defensores