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13 5 06 ESTILO VIAJES Código da Vinci Peregrinos del Grial Bajo la antigua Roslin el Grial... Con 125.000 visitantes el último año, la capilla de Rosslyn, al sur de Edimburgo, se ha convertido en uno de los monumentos estrella de esta ruta (Viene de la página anterior) de Saint- Sulpice hablan del legendario órgano de la iglesia, el mayor de Francia, con 20 metros de altura y cinco teclados manuales, que puede escucharse durante las misas y los conciertos- -gratuitos- -que se ofrecen cada mes. Los monjes guerreros Al otro lado del Canal de La Mancha los ecos de Leonardo da Vinci quedan apagados por otros poderosos ecos ligados a la leyenda del Santo Grial: los caballeros templarios. El barrio del Temple es un Londres silencioso y oculto en el corazón de la bulliciosa metrópoli, que uno descubre al doblar una esquina en Fleet Street. Cuartel general de los monjes guerreros en su época de esplendor, hoy de los juristas más renombrados de Inglaterra (esos tipos con peluca y toga que vemos en las películas) su iglesia es el edificio más antiguo de la zona (se comenzó a construir en 1160) Los caballeros yacentes de la nave redonda- -que se levantó a semejanza del nada pagano Santo Sepulcro de Jerusalén- -no son tumbas, como explica un mo- naguillo en la novela, sino cenotafios, monumentos funerarios donde no están los cadáveres de los personajes a quienes se dedican. A un paso, en la calle Strand, está el edificio principal del prestigioso King s College. La cámara octogonal de la biblioteca Maughan, citada en El Código... existe en realidad: está en Chancery Lane, cerca del campus de Strand. Allí los protagonistas hallan la pista que les lleva a la tumba de Isaac Newton, en la abadía de Westminster, un hito más en el viaje hacia la última respuesta. Desde que la tradición empezara con Guillermo el Conquistador, en 1066, la abadía ha sido la iglesia de la coronación de los reyes y reinas ingleses. Además, esta obra maestra de la arquitectura, siempre atestada de visitantes- -resulta inverosímil que en la novela aparezca casi vacía, aunque fuera una mañana lluviosa de abril es un gigantesco mausoleo donde reposan cientos de personajes notables (como Isabel I, Churchill, Darwin y el citado Newton) y- -como recuerdan sus responsables- -una iglesia viviente, un lugar para la oración. Quizá por este motivo no consideraron muy respetuoso llenar el recinto de focos y cámaras. Lincoln sonríe por ello. Y todo gracias a su catedral, la tercera más grande de Gran Bretaña, un impresionante templo gótico que supera con mucho la altura de los tejados de esta apacible ciudad de las Midlands inglesas, que se vio revolucionada con la película. Los curiosos se agolpaban en la puerta del White Hart Hotel, donde se alojaban los artistas. El propietario del restaurante The Old Bakery aún enseña hoy a sus clientes un ejemplar de El Código Da Vinci lleno de autógrafos, que piensa subastar próximamente para una obra de caridad. Doble de Westminster en el rodaje, en el interior de la catedral se hizo una réplica de la tumba de Newton. Los turistas ya no se conforman con buscar la irreverente figura del diablillo que se encuentra en el coro, y preguntan por el asunto de moda. Escenarios cercanos han tenido un papel similar. En el castillo de Belvoir se realizaron las tomas exteriores de Castelgandolfo; en Burghley House, las interiores. La enigmática Rosslyn El efecto Da Vinci también ha beneficiado a la capilla de Rosslyn, situada a diez kilómetros al sur de Edimburgo. Esta colegiata del siglo XV ha intrigado a los investigadores por su esotérica decoración. Se la relaciona con leyendas de todo tipo, desde el Santo Grial al Arca de la Alianza, pasando por los templarios y los masones. Es renombrada por sus más de cien hombres verdes cabezas a las que les sale vegetación de las bocas; creencias paganas hablan de la unión entre el ser humano y la naturaleza. Los trabajos de restauración no permiten disfrutar del exterior, pero el interior da para dos horas largas si se pretende rastrear todos sus secretos. El final de la búsqueda de Robert Langdon, el protagonista del libro (Tom Hanks en la película) acaba donde empezó, en el Louvre. Esta vez en el centro de una plaza subterránea donde se cruzan los pasillos que conducen al museo, las tiendas y algunos restaurantes. El lugar donde la Pyramide Inversée, una enorme claraboya, casi se toca con una pequeña pirámide de piedra. El cáliz y la espada. La búsqueda del Grial es literalmente el intento de arrodillarse ante los huesos de María Magdalena. Un viaje para orar a los pies de la descastada, de la divinidad femenina perdida La última ocurrencia de Dan Brown no empuja a los turistas a caer de rodillas y rezarle a la pirámide, sino, como mucho, a perseguir con sus cámaras los arco iris que se forman en el ventanal del techo. Esculturas yacentes de caballeros medievales en la londinense Temple Church Tumba de Isaac Newton en la Abadía de Westminster (Londres) Hombre verde de Rosslyn. Símbolo pagano que representa la fertilidad