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38 Madrid SÁBADO 13 5 2006 ABC Los familiares de las tres víctimas mortales de Noelia de Mingo hicieron ayer un relato escalofriante de lo que sucedió ¡Hijo, me han apuñalado, me han matado! TEXTO: CARLOS HIDALGO FOTOS: JAIME GARCÍA MADRID. Francisco Javier Huertas Gómez nunca olvidará la última llamada que le hizo a su madre, Jacinta. Porque fue la última vez que habló con ella. Oyó cómo la mataban en directo, al otro lado del hilo telefónico. Ayer se lo explicaba, con pelos y señales, al tribunal que juzga a la ex médico residente Noelia de Mingo, acusada de matar a tres personas y herir a otras siete en la Fundación Jiménez Díaz la tarde del 3 de abril de 2003. Llamé por teléfono para interesarme por mi madre- -relató Francisco Javier- que estaba ingresada, porque al día siguiente le daban el alta. Oí cómo ocurría todo, mucho ruido y jaleo, y a mi madre decir: No sé qué es lo que pasa, hay muchos gritos y peleas Yo le respondí que no se acercara, que algo debía de estar pasando. De pronto, ella dijo: ¡Hijo, me han apuñalado, me han matado! Después, añadió, hubo unos segundos en los que no oyó nada, hasta que una voz gritó: ¿Hay guantes, hay guantes? ¡Alguna camilla! ¡Necesitamos una camilla! Francisco Javier terminó diciendo que se sentía culpable un sentimiento erróneamente común en buena parte de los testigos del suceso: Si no hubiera realizado esa llamada, no habría pasado nada llegó a decir. La siguiente en prestar declaración fue la hermana de Francisco Javier, Paloma, quien se mostró muy nerviosa y afectada. Dio bastantes síntomas de arrastrar importantes secuelas psicológicas por lo sucedido; es más, cuando terminó la vista, se vino más abajo aún, la tuvieron que sentar en una silla y buscar su medicación. Explicó al juez que ella, hasta los hechos, vivía muy cerca de su madre. Pero he tenido que mudarme- -apostilló- porque no podía soportar pasar por donde ella tenía su casa, por donde iba para comprar el pan, para pasear... Sin embargo, eso no ha sido todo. Perdió su puesto de trabajo por falta de rendimiento, y lo que es peor: Intenté quedarme embarazada durante mucho tiempo, hasta que lo conseguí. Pero perdí el niño cuando estaba de tres meses de gestación. El médico me dijo que era por el estrés afirmó en público por primera vez. Duros reproches a la Jiménez Díaz Francisco Javier y Paloma son las voces y los rostros de la tragedia tangible. De los que, en parte, han muerto en vida. Por eso, tanto ellos como la totalidad de los familiares que prestaron declaración ayer- -siete de los nueve que estaban citados, puesto que la mujer de Félix Valles no pudo hacerlo por causas mayores y tampoco estuvo finalmente el hermano de Leilah El Ouamaari- -reprocharon duramente a la Fundación Jiménez Díaz la falta de asistencia psicológica y psiquiátrica hacia ellos, y que, a fecha de hoy, aún están esperando una llamada de pésame por la brutalidad que están padeciendo. Y contra la Jiménez Díaz también hubo duras palabras por parte de la pareja de la médico residente asesinada, Leilah El Ouamaari, Fernando Alberca Vicente: Ella me había referido en múltiples ocasiones, sobre todo los últimos cuatro meses, los comportamientos extraños de Noelia. Recetaba sin haber explorado a los pacientes y dejaba las historias médicas en blanco o las hacía mal. También escribía los historiales con el ordenador apagado, hablaba sola, se reía sin sentido. Sus jefes estaban informados de ello. Es más, Leilah decía que tenía miedo de darle la espalda a Noelia. Acechaba detrás de las puertas para escuchar las conversaciones entre las residentes. Por ejemplo, si estaba escribiendo un informe, sentía una presencia; miraba atrás y allí estaba Noelia, observando de arriba a abajo su cabeza. Leilah siempre procuraba sentarse con la espalda pegada a la pared. Es más, me llegó a decir: Tengo mucho miedo a darle la espalda; un día de estos me va Familiares de Jacinta Gómez, ayer, a su llegada a los juzgados La madre y el compañero de Leilah, en la puerta de la Audiencia Provincial