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10 SÁBADO 13 5 2006 ABC Nacional Zapatero prepara el relevo de Maragall para facilitar un futuro pacto con CiU para 2008 Mas se convierte en el eje de la política española gracias al Estatuto, el fin del tripartito y la tregua b El PSOE no pondrá excesivas trabas al presidente de CiU si gana las autonómicas pues, en caso de que no obtenga mayoría, evitaría la reedición del tripartito MARÍA JESÚS CAÑIZARES BARCELONA. 17 de enero de 2006. Artur Mas asegura en una entrevista que no se puede votar sí a un Estatuto que no contemple que Cataluña es una nación en el articulado Cuatro días después, el líder de CiU pactaba con el presidente, José Luis Rodríguez Zapatero, un texto con sustanciales recortes, convirtiéndose así en protagonista de la política española y virtual sucesora de ERC como aliada del PSOE. La salida de los republicanos del Gobierno catalán, con el consecuente adelanto electoral, ha acelerado el regreso de CiU a la posición trascendente que tuvo en anteriores legislaturas. Una posición que incluso podría llevar a los nacionalistas a formar parte del Ejecutivo español, siempre y cuando recuperen el gobierno de la Generalitat. Artur Mas dice estar preparado para gobernar, mientras que el PSOE no tiene intención de ponerle excesivas trabas e incluso quiere acelerar el relevo de Pasqual Maragall como candidato- -algo que podría producirse después del referéndum- -para facilitar ese acuerdo. Nosotros no hemos pedido la cabeza de Maragall a Zapatero; son ellos los que nos la han ofrecido asegura un alto dirigente nacionalista. Mas quiere hacer campaña con Maragall y el Gobierno El presidente de CiU, Artur Mas, consideró ayer que sería bueno celebrar algún acto puntual de campaña en favor del sí en el referéndum del Estatut conjuntamente con el partido socialista, con el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, y también con el presidente de la Generalitat, Pasqual Maragall En una entrevista a Catalunya Ràdio, Mas señaló que CiU ya lo ha pedido en otras ocasiones y siempre hemos visto a los socialistas reticentes a celebrar algún acto de este tipo. El primer secretario del PSC, José Montilla, no se mostró muy entusiasta, pero no descartó un acto conjunto si lo convoca alguna plataforma cívica. Mas y Durán i Lleida, en la rueda de prensa que ofrecieron ayer en Barcelona sión soberanista de un sector convergente, que clamaba por mantener las esencias del patriotismo. El tiempo ha demostrado que esa apuesta por la moderación fue la acertada. Las últimas encuestas efectuadas por la Generalitat han bendecido el cambio experimentado por CiU. Los sondeos demuestran, por tanto, que los catalanes añoran el tacticismo de Jordi Pujol y castigan en intención de voto el anodino papel que han tenido los socialistas catalanes en este proceso. El auge de CiU en estos dos años ha sido inversamente proporcional a la caída en desgracia de ERC. Los convergentes, condenados a la oposición en virtud del pacto tripartito de la izquierda, sobrevivieron a las primeras tensiones internas propias de una formación que, a pesar de ganar las elecciones, se vio relegada a ejercer de oposición y a reorganizar su ejecutiva. Fueron aquellos tiempos turbulentos, pues Artur Mas optó por rodearse del sector más soberanista del partido en detrimento de la vieja guardia y de UDC, su socio menor. En esta situación se encontraba CiU cuando comenzó la redacción del nuevo Estatuto. Mientras ERC iba modulando su discurso para demostrar su lealtad a Ma- CARMEN MARTÍNEZ CASTRO EL FRACASO DE ZAPATERO Impedir la reedición del tripartito Los socialistas estarían dispuestos incluso a impedir la reedición el tripartito de izquierdas si CiU ganara pero no obtuviera una mayoría suficiente en las elecciones autonómicas, que se celebrarán antes de fin de año. Y si la federación juega bien sus cartas, es muy posible que ese protagonismo de los nacionalisas convergentes vaya más allá y el PSOE también cuente con ellos para impulsar el proceso de paz en el País Vasco, ya que el Gobierno requiere ahora del nacionalismo moderado que ahora encarna la federación y deshacerse del radicalismo que encarna ERC. Para llegar hasta aquí, Artur Mas ha experimentado un giro liberal arriesgado si se tiene en cuenta la pre- E n un último acto de deslealtad para con la criatura los padres del Estatuto catalán le han dejado aparcado en vísperas del referéndum y se han puesto a hablar de lo que realmente les interesa: las próximas elecciones y las cábalas sobre el futuro gobierno. Sólo Maragall parece empeñado en defender el bodrio porque es el respirador artificial que mantiene con vida su agónica figura política. El tripartito ha tenido un final digno de su malhadado comienzo. Nació mirando a Madrid, con el pacto del Tinell y el proyecto de Estatuto como elementos de desgaste del gobierno del PP, y ha muerto por la mano del gobierno de Madrid; bien es verdad que el arma homicida la empuñó un chico de León al que Maragall, contra todo pronóstico, llevó a la secretaría general del PSOE. De tan azarosa peripecia y antes de que los catalanes nos digan qué les parece esa joya de Estatuto conviene extraer alguna reflexión porque el tripartito de Maragall ha sido el mascarón de proa de la España plural e integradora que anunciaba Zapatero. Fue el líder socialista quien bendijo el proyecto con su presencia en el balcón de Sant Jaume y es el mismo Zapatero quien ahora ampara con su silencio o medias palabras la versión más inmoral del mismo como es el entendimiento con Batasuna en Euskadi y en Navarra. Resulta patético el esfuerzo de un sector nada desdeñable de la izquierda por esconder la cabeza ante esa realidad hiriente. Los hay que culpan a los nacionalistas por ser lo que siempre han sido, otros culpan al PP por sus excesos o sus defectos y los demás critican a Maragall como si lo ocurrido fuera obra exclusivamente suya. Vueltas, contorsiones y malabarismos para esconder la mirada de una certeza inapelable y evidente: el gran responsable de este fracaso es el presidente del gobierno. Él amparó el pacto del Tinell, lo reeditó en el Congreso, trajo al Congreso un Estatuto infumable e inútil y finalmente ha dejado a los pies de los caballos a su antiguo mentor. Después del desaguisado catalán ahora ejerce de domador de tigres en la delicada cacharrería del País Vasco y Navarra. Sus publicistas pueden repetir cuantas veces quieran que estamos ante un genio pero Zapatero sólo tiene de Maquiavelo la falta de escrúpulos y de Suárez la audacia suicida. Carece de la brillantez intelectual del primero y de la nobleza democrática del segundo; Suárez puso España patas arriba para que cupiéramos todos y Zapatero lo está haciendo para expulsar a la mitad. Es inmoral pero- -como él dijo- -además está condenado al fracaso.