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4 Opinión SÁBADO 13 5 2006 ABC PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA LUCA DE TENA CONSEJERO DELEGADO: SANTIAGO ALONSO PANIAGUA DIRECTOR: JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS Directores Adjuntos: Eduardo San Martín, Juan Carlos Martínez Subdirectores: Santiago Castelo, Rodrigo Gutiérrez, Carlos Maribona, Fernando R. Lafuente, Juan María Gastaca, Alberto Pérez Jefes de área: Jaime González (Opinión) Mayte Alcaraz (Nacional) Miguel Salvatierra (Internacional) Alberto Aguirre de Cárcer (Sociedad- Cultura) Ángel Laso (Economía) Jesús Aycart (Arte) Adjuntos al director: Ramón Pérez- Maura, Enrique Ortego Redactores jefes: V. A. Pérez, S. Guijarro (Continuidad) A. Collado, M. Erice (Nacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura) J. López Jaraba (Deportes) F. Álvarez (TV- Comunicación) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) Director General: José Luis Romero Adjunto al Consejero Delegado: Emilio Ybarra Aznar Económico- financiero: José María Cea Comercial: Laura Múgica Producción y sistemas: Francisco García Mendívil MERKEL Y EUROPA NGELA Merkel parece decidida a consolidarse en su liderazgo. El discurso pronunciado el jueves en el Bundestag incidió en las claves conocidas, aunque introdujo explícitamente una voluntad de liderazgo sobre el conjunto de Europa que hasta el momento había sido esbozada tímidamente. La canciller alemana ha insistido con ambición en la importancia que para el Gobierno que dirige tiene el diseño de la nueva Europa. De hecho, de sus palabras parece extraerse la idea de que el futuro político de su proyecto para Alemania pasa por la superación de la crisis institucional provocada hace casi un año con el resultado de los referendos francés y holandés. Mientras Europa no supere su parálisis será imposible revitalizar un proyecto viable de unidad. Para lo cual, Alemania está decidida a desempeñar un protagonismo dinamizador de las estructuras de la UE. La hoja de ruta propuesta por Merkel es clara. Por un lado, reducir la burocracia y los excesos reglamentistas que maniatan el día a día de una Europa que corre el riesgo de morir asfixiada por el peso de las directivas. Por otro, hacer más ágiles y dinámicas las estructuras de la Unión Europea mediante la introducción de un giro liberal que devuelva al ciudadano el papel perdido ante los estados. La apuesta de Merkel es devolver ilusión y esperanza a un proyecto europeísta que sea fiel al legado fundacional, aunque sin olvidar que el siglo XXI exige eficacia y un aprovechamiento flexible de las oportunidades. Algo que evidentemente exige que Europa tenga éxito como potencia global, esto es, demuestre su competitividad, salvaguarde su seguridad e incremente su capacidad de presencia internacional. De este modo, Angela Merkel pone las cartas sobre la mesa de un diseño renovado para Europa, asociando el éxito de su gestión al frente de Alemania a la reactivación del europeísmo bajo una nueva fundamentación que concilie las necesidades de nuestro tiempo con las esencias que hicieron posible la construcción inicial en los años de la posguerra. Dentro de su planteamiento, la existencia de un texto constitucional y europeo resulta insustituible. Aquí la revisión de los planteamientos fallidos de la Constitución requiere una pedagogía que haga más digerible la matriz doctrinal de la UE. La referencia expresa hecha a las raíces cristianas de Europa trataría de desactivar parte de los rechazos generados en Francia y Holanda. Así lo ha dejado entrever en su discurso la canciller. Su insistencia en el valor de la persona y la reivindicación de un orden de libertad que no dé la espalda a los resortes morales que vertebran la autonomía individual es un toque de atención para una Europa que debe afrontar su futuro sabiendo antes, realmente, lo que quiere ser. A ESCÁNDALOS PARLAMENTARIOS mente frecuentes, nunca se había llegado en las Cortes democráticas a expulsar del Pleno a un miembro de la Cámara. Además, por su inmediatez, dicha expulsión se configura como una sanción de plano esto es, sin posibilidad de recurso o revisión efectiva, lo que obliga a reservarla para situaciones de suma gravedad, e incluso para alteraciones materiales del orden en el recinto. El Parlamento no es una academia ni un foro de debate. Sin embargo, no son aceptables los insultos y descalificaciones personales y, en este sentido, revisten especial gravedad las acusaciones entre una diputada del PP y un parlamentario socialista por supuestas ofensas de palabra y mediante gestos, que la mesa debería analizar con detenimiento. La polémica es parte constitutiva de la vida democrática. En cambio, el insulto y la grosería deben quedar desterrados. La sesión, en todo caso, va a traer cola porque el grupo popular ha presentado una proposición no de ley para pedir la reprobación del presidente. Aunque es casi imposible que prospere, debe recordarse que las relaciones de Marín con el grupo socialista tampoco son óptimas, lo que puede acarrearle un fuerte desgaste político. El 11- M y sus secuelas, la puesta en cuestión del modelo territorial y la tensión contenida que trae consigo el proceso iniciado por la tregua de ETA son factores que alteran la normalidad de la vida política española. La democracia es un régimen llamado a encauzar los conflictos y no a negar las evidencias en nombre de una concordia artificial. En las últimas semanas, se han producido situaciones de fuerte tensión política en países como Italia, Francia o el Reino Unido y en todos ellos el Parlamento ha sido- -como es lógico- -centro de la atención pública. Los grupos parlamentarios deberían pactar unas reglas del juego que sirvan para encauzar los debates, sin perjuicio de la confrontación que deriva de la importancia de los asuntos que haya que tratar. A función de los parlamentos ha cambiado de forma sustancial en las democracias mediáticas de nuestro tiempo. En este sentido, los parlamentos actuales se configuran como la casa de la oposición ya que en ellos las minorías encuentran el eco necesario para su tarea, esencial en un régimen pluralista. De ahí que las cámaras de todo el mundo ofrezcan con frecuencia debates de alta tensión y una expresión plástica de las discrepancias políticas. Estas reflexiones resultan plenamente aplicables a la bronca monumental del pasado jueves en el Congreso de los Diputados, en virtud de la cual el popular Martínez Pujalte se convirtió en el primer diputado expulsado del hemiciclo por el presidente de la Cámara, al tiempo que sus compañeros de grupo pedían a grandes voces la dimisión del ministro Alonso, responsable de Interior en la fecha del caso Bono Una lectura atenta del Diario de Sesiones permite reconstruir el incidente con toda nitidez. Aunque pueda plantearse una sobreactuación de determinados diputados, parece claro que Manuel Marín actuó con demasiada rigidez al formular casi de inmediato la segunda y la tercera llamada al orden del parlamentario afectado, con la consiguiente expulsión de la Sala. En cambio, tal vez como compensación, hubo cierta pasividad presidencial en el amparo al ministro de Defensa, el cual a duras penas pudo comenzar su intervención relacionada con las tropas españolas en Afganistán. El artículo 32 del reglamento del Congreso otorga al presidente la facultad de dirigir los debates y mantener el buen orden de los mismos. A su vez, el artículo 104 da cobertura formal a la sanción impuesta. Pero el derecho parlamentario no sólo está integrado por normas escritas, sino también por prácticas y convenciones que imponen a la presidencia una gran prudencia en el ejercicio de su función arbitral y, en cierto modo, una autolimitación de sus potestades. Aunque las llamadas al orden son relativa- L JUGAR CON LAS PENSIONES E L ministro de Trabajo, con poco tino, ha sembrado una inquietud tan innecesaria como grave entre quienes son titulares del derecho a pensiones de viudedad. Actualmente, más de dos millones de personas reciben esa pensión, la mayoríaen cuantías modestas, ya que tienen un sensible recorte con respecto a la pensión previa, la del cónyuge que generó el derecho. El marco elegido por el ministro para este globo sonda del recorte del sistema de pensiones- -eufemísticamente lo denominan reajuste -es inadecuado para plantear un asunto de tamaña trascendencia social: durante un desayuno abierto a preguntas, con el tema central de la reforma laboral reciente y sus efectos en la temporalidad y la precariedad. Latesis del ministro se basaen un presupuesto muydiscutible: pensiones para quien las necesite, para los pobres que el gobierno determine en función de no se sabe qué criterios ni baremos. Detrás de esa mentalidad se esconde el discurso propio de una izquierda trasnochada que pretende imponer su justicia redistributiva sin valorar las consecuencias sociales de tamaña medida. El argumento de Caldera es que no le parece razonable mantener un gasto en pensiones para personas que no lo necesitan Pero ¿quién y cómo determina la necesidad? Las pensiones son un derecho de los titulares de la mismas; un derecho adquirido por una cotización previa que genera la expectativa de ese derecho, aunque sin ninguna seguridad en cuanto a la cuantía. Y esa pensión contributiva se extiende al contribuyente de referencia y también a su familiar directo dependiente. Tiempo atrás, se impuso, con argumentos discutibles, que cada titular únicamente pudiera recibir una pensión, con un tope máximo cualquiera que hubiera sido su contribución previa. De esta manera, algunos ciudadanos, especialmente previsores, que habían mantenido dos sistemas de contribución vieron frustradas sus expectativas en aras de la supuesta solidaridad del sistema de la Seguridad Social. Ahora la ocurrencia de Caldera consiste en estrechar el círculo en torno a los titulares de pensiones de viudedad con un argumento peligroso: se mantendrán sólo cuando sean necesarias como renta de supervivencia Este concepto, difuso y ambiguo, obliga al ministerio a concretar un proyecto que, aunque en fase de reflexión, resulta inquietante. Un Ejecutivo que ha presumido de ser adalid de la diversidad familiar, extendiendo el propio concepto de familia hasta extremos más que discutibles, baraja cambiar las reglas del juego para dar cobertura, entre otros, a parejas de hecho y divorciados. Haría bien el ministro en preocuparse de cómo reforzar la seguridad del sistema de pensiones y de cómo ir dando pasos hacia un modelo mixto de capitalización y reparto que objetive y garantice los derechos. Ese tránsito virtuoso puede hacerse en etapas de superávit del sistema. A eso debería dedicarse la Administración, y no a asustar a los viudos y a las viudas.