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ABC VIERNES 12 5 2006 Espectáculos 61 Burt Munro Anthony Hopkins a 300 por hora Nueva Zelanda 2005 Director: Roger Donaldson Intérpretes: Anthony Hopkins, Diane Ladd, Paul Rodríguez E. RODRÍGUEZ MARCHANTE Una instantánea del rodaje de la película Burt Munro ABC ROGER DONALDSON Director de cine Hopkins aceptó porque estaba cansado de encarnar a psicópatas El cineasta australiano presenta el filme Burt Munro: Un sueño, una leyenda donde retoma la historia de un corredor de motos que batió un mítico récord del mundo de velocidad, encarnado ahora por el actor Anthony Hopkins TEXTO: JAVIER CORTIJO MADRID. Según cuentan las crónicas, el indio más rápido del mundo no fue ningún apache saliendo por patas ante la llegada del Séptimo de Caballería, sino la mítica y tuneada moto Indian 1920 con la que un neozelandés loco, allá por 1967, batió el récord del mundo de velocidad en las mesetas de Utah (305,89 km h. marca que aún permanece en vigor) Una epopeya con el suficiente poderío como para que el ilustre Anthony Hopkins regresara a la gran pantalla y para que el también veterano Roger Donaldson plantara la cámara para narrar esta fantástica fábula de superación personal y motora. Y, encima, por segunda vez. -En 1971 ya dirigió, junto con Mike Smith, Offerings to the God of Speed documental sobre las hazañas de Munro. ¿Le obsesionaba desde entonces ampliar esta historia hasta el formato largometraje? -Justo. Burt es el tipo de personas que se te queda para siempre en la memoria y el corazón. Cuando murió en 1978 comprendí que su filosofía de vida, permanentemente optimista y en movimiento, me había influido de una forma capital. Desde entonces, estuve escribiendo y retocando el guión hasta que por fin he podido rodar esta película. Presentarla en el Festival de San Sebastián sí que ha sido un sueño y un honor. ¿Qué hacía tan especial a Munro? -Su creencia en sí mismo y en sus posibilidades. Recuerdo muy bien cómo se le iluminaban los ojos cuando narraba sus hazañas, además del sentido del humor envidiable y su encanto natural para que todos nos quedáramos boquiabiertos como niños mirando una hoguera. ¿Cómo convenció a Anthony Hopkins? -A Anthony le conozco desde hace más de 20 años, cuando rodamos Motín a bordo en Nueva Zelanda, y luego coincidimos en una película Burt es el sobre Hemingway que no cuajó. Yo tenía mis tipo de dudas de que quisiera personas interpretar a un correque se te dor de motos, pero me queda para dijo que el guión le pasiempre en recía emocionante y la memoria y que estaba harto de ena psicópatas y el corazón carnarmalvada. Adegente más, el mundo de la velocidad le gustaba mucho desde niño, tanto a él como a su familia, sobre todo a su padre y a su abuelo. ¿El rodaje también fue sobre ruedas? -No tanto, por desgracia. De hecho, fue bastante duro, algo nada raro por otra parte. Rodamos en Nueva Zelanda, en Utah y en Nuevo México, y lo peor fueron las escenas de carreras, donde tuvimos que utilizar tomas en helicóptero para poder transmitir la sensación de velocidad al límite. -Echando un vistazo a su filmografía, comprobamos que usted ha tocado casi todos los palos: dramas políticos como Trece días filmes catastrofistas como Un pueblo llamado Dante s Peak ciencia- ficción como Especie mortal -Sí, la verdad es que soy bastante todoterreno y saltimbanqui, por así decirlo. Igual es porque soy australiano. Pero cada película es una experiencia distinta y única. Lo importante es sentirse como un niño con un juguete nuevo. -También rodó Cocktail con un aún bisoño Tom Cruise. ¿Ya apuntaba maneras de superestrella? -No tanto. Nadie se imaginaba que Tom llegara a ser lo que es. Se le veía carismático y muy concentrado en su trabajo, aunque fuese preparar un manhattan pero pensar a lo que ha llegado da vértigo. Supongo que a él no, porque siempre se ha puesto unos límites estratosféricos. -Por cierto, ¿le gustan a usted las carreras de motos? -Sí que me gustan, pero tampoco me apasionan como a ustedes los españoles. Realmente la forma en que se vive en su país el motociclismo es de locos. nthony Hopkins es un actor que no se sujeta en cualquier catálogo, un hombre en cuyo rostro caben, a la vez, los dos extremos de la moral del ser humano, tal y como demostró en ese personaje por el que le dieron un Oscar de Hollywood, Hannibal Lecter (convertir en alguien digno de un Oscar a un asesino despiadado es un arte cuyo secreto no se encuentra en ningún Método) Tiene Hopkins interpretaciones más allá de lo que ningún texto puede expresar, como ese M. Stevens, el mayordomo de Lo que queda del día o ese C. S. Lewis de Tierras de penumbra Y viene este preámbulo al caso porque Anthony Hopkins, su interpretación, es casi toda esta película que firma el australiano Roger Donaldson, Burt Munro: un sueño, una leyenda y en la que se narran las peripecias de este peculiarísimo personaje, un vejete, que con tesón e ilusión consiguió batir el récord de velocidad en Lago Salado (al otro lado del mundo, pues él es neozelandés) con una moto Indian de 1920 a cuyos arreglos y toques dedicó toda su vida. Hay algo extraordinario en el modo con el que Hopkins combina en Donaldson Munro la extravajuega las gancia de lunático cartas que con la bonhomía tiene con de marciano, dándole un cuerpo eficacia en que podría recoresta road dar tanto al Alvin movie Straight de David Lynch en Una historia verdadera como al Paco Rabal de Los santos inocentes Algunos detalles son de guión, desde luego (orinar en el limonero o la estructura y el espíritu de road movie pero otros sólo pertenecen a la naturaleza del actor, como el modo de saludar, de alegrarse o entristecerse, de vivir los achaques propios y los de su también marciana moto Indian, el trasladar su estado de ánimo a la luz, el brillo y tamaño de su personaje dentro del plano... Donaldson juega las cartas que tiene con eficacia y permite con naturalidad y una cámara servicial que esos aires Hopkins le ventilen la película, siendo ésta al tiempo un biopic una road movie un drama de superación y búsqueda del éxito, una comedia y, sin duda, una película llena de carne de cine (apta para vegetarianos) Total, que no es la tensión de una carrera entre Rossi y Pedrosa, pero sale uno con el puño agarrotado de tanto apretar el acelerador de su butaca. A