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32 Internacional VIERNES 12 5 2006 ABC Los serbios de Kosovo temen un nuevo estallido de violencia étnica SIMÓN TECCO. CORRESPONSAL LIUBLIANA. El ametrallamiento de dos ciudadanos serbios, Jovan Milósevic y Jablan Jeftic de 19 y 21 años respectivamente, durante la madrugada de ayer en Kosovo, ha disparado entre la minoría serbia el temor a que se trate del inicio de un nuevo brote de violencia, como el ocurrido en marzo del 2004. Operados en el hospital de la ciudad de Mitrovica, su estado es critico. Se trata del tercer incidente que tiene lugar en el norte de Kosovo en los últimos días. Al comienzo de la semana unos desconocidos dispararon contra el párroco ortodoxo de Raska y Prizren, que resultó ileso y, posteriormente, un autobús con pasajero serbios fue apedreado en la carretera que une las ciudades de Mitrovica y Osojanov. Los cuatro sospechosos del 7- J, en el momento de tomar un tren en la estación de Luton AFP La investigación del 7- J concluye que los atentados de Londres fueron inevitables La comisión destaca los insuficientes medios de los servicios secretos puntos débiles señalados por la Comisión es que la radicalización de ciudadanos británicos no fue totalmente entendida en un cambio de estrategia EMILI J. BLASCO. CORRESPONSAL LONDRES. Los atentados londinenses del 7 de julio del año pasado, en los que cuatro bombas en tres vagones de metro y un autobús causaron la muerte de 52 personas e hirieron a otras setecientas, podrían quizá haberse evitado, aunque parece altamente improbable si los servicios secretos hubieran contado con más medios. Al no ser así, la actuación policial y de inteligencia previa a los atentados resultó comprensible -singularmente en su decisión de no someter a un mayor control a dos de los cuatro terroristas suicidas que habían sido detectados en operaciones previas- -y cabe considerar los ataques de inevitables de acuerdo con las circunstancias, según concluyó ayer la investigación oficial. Ésta establece también que el 7- J fue tramado por una célula autónoma, sin relación con el grupo que dos semanas después protagonizó un intento de ataques similares, y sin implicación de ninguna figura de Al Qaida, aunque pudo haber algún contacto con miembros de esa organización durante la visita que dos de los terroristas hicieron poco antes a Pakistán. Los suicidas, todos ellos de nacionalidad británica, utilizaron procedimientos caseros en b Uno de los la fabricación de sus bombas, para lo que necesitaron poca experiencia La investigación ha corrido a cargo de la Comisión de Inteligencia y Seguridad del Parlamento, que ha celebrado sus sesiones a puerta cerrada. Junto a su informe, también ayer fue presentado un relato de los hechos realizado por el Ministerio del Interior, que se pronuncia en parecidos términos. Las conclusiones no recriminan propiamente ninguna actuación, ni del Gobierno ni de los servicios de seguridad e inteligencia, y se inclinan por el pragmatismo en los puntos más controvertidos. Así, no fijan una relación directa entre el 7- J y la participación del Reino Unido en la invasión de Irak; únicamente se concede que los terroristas estaban influidos por lo que creían injusticias de Occidente contra los musulmanes Insatisfacción generalizada Los informes no han satisfecho a la oposición, para la que se dejan demasiadas cuestiones sin resolver Conservadores y liberal- demócratas insistieron en solicitar una comisión de investigación pública, como reclaman los familiares de las víctimas. El Gobierno ha dejado claro que no piensa Los atentados fueron tramados por una célula autónoma sin implicación de ninguna figura de Al Qaida acceder a ello, escudado en que distraería los esfuerzos antiterroristas. El informe parlamentario califica de comprensible que, debido al poco personal y la existencia de otras amenazas más evidentes, apenas se investigara a dos de los cuatro terroristas suicidas, que aparecieron en la periferia de otras investigaciones y cuyo nombre e identidad nunca llegó a establecerse previamente. También considera no ilógico que días previos al 7- J se rebajara el nivel de alerta, ya que los servicios de espionaje no detectaban la maduración de ningún atentado terrorista. Desde el 11- M se había estimado la posibilidad de un ataque contra el transporte público, y no sólo contra edificios simbólicos como hizo temer el 11- S estadounidense. En cualquier caso, los datos del espionaje indicaban que los ataques suicidas no iban a ser la norma en Europa, lo que pudo tener un impacto en la menor alerta de las autoridades. Este punto sobre la disminución del grado de alerta fue criticado ayer por David Blunkett, que pocos meses antes del 7- J había dejado el puesto de ministro del Interior. Blunkett aseguró que si hubiera continuado al frente del departamento no habría rebajado la consideración del peligro. También lamentó que Interior no siguiera con su política de concienciar a los ciudadanos sobre el riesgo real de un atentado. En sus recomendaciones, la Comisión de Seguridad e Inteligencia del Parlamento plantea la necesidad de un sistema de alertas más útil y transparente con más trascendencia pública.