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ABC VIERNES 12 5 2006 Opinión 5 UNA RAYA EN EL AGUA DINAMITEROS HORA se entiende. El currículum terrorista del consejero Vendrell explica la afición de Esquerra Republicana a dinamitar gobiernos. Vendrell ponía bombas de clorato potásico en las centrales eléctricas para liberar de la opresión al pueblo catalán, y Carod Rovira coloca artefactos de deslealtad política bajo el sillón de Pasqual Maragall, que además se deja amenazar y sufre intensamente cuando tiene que echar de su gabinete a socios tan ejemplares. -Os quiero mucho, pero os tenéis que ir. No es nada personal. -Tú verás lo que haces; esto va a tener consecuencias. Ahora se entiende, también, lo que hacía Carod IGNACIO en Perpiñán. Nada malo; CAMACHO se fue allí para convencer a Josu Ternera de que, como Vendrell, se puede empezar poniendo bombas y acabar de consejero al mando de la Policía autonómica. Más o menos como el Tempranillo, que colaboraba con los migueletes para detener bandoleros, y al revés de sir Thomas de Quincey, quien sostenía que se empieza cometiendo un asesinato y se acaba por no ceder la acera a las ancianas. -Oiga, un momento. ¿Entonces a usted no le parece bien que Vendrell se haya arrepentido y reinsertado? Al contrario; en ese sentido, el ciudadano Vendrell me parece un caso estimulante y hasta ejemplar. Incluso en el supuesto de que, como sostiene el fiscal, haya pasado de colocar explosivos a extorsionar a funcionarios para que cotizasen a ERC, me seguiría resultando un salto cualitativo hacia la redención moral. No como Gil y Gil, que fue indultado por Franco y en cuanto llegó la democracia se puso a delinquir de forma reiterada. El itinerario vital de Vendrell es positivo, reconfortante y esperanzador. Su reconversión merece aplauso. Pero, bueno, sin pasarse: tampoco era menester nombrarlo jefe de los guardias. Lo que pasa es que Maragall va de innovador, de pionero, un tipo que siempre trata de estar en la vanguardia y ha convertido a Cataluña en un laboratorio de experimentación al servicio de la ingeniería política de Zapatero. Todo lo que está ocurriendo en España se ha ensayado antes, como en una probeta, en el escenario catalán. Allí se produjo primero la alianza de los socialistas con la izquierda poscomunista y los independentistas republicanos, con exclusión expresa de todo acuerdo con el PP. Después, Carod se fue a explorar el diálogo con los terroristas y obtuvo de éstos una tregua territorial limitada. Luego, vino el proceso de redacción del Estatuto, que es como el piso piloto para el futuro marco jurídico vasco. Y finalmente, Maragall ha llevado al Gobierno a un antiguo terrorista, mostrando a batasunos y etarras los beneficios de una retirada a tiempo. Quizá más pronto que tarde, a la vuelta de un año, veamos a Otegi y sus chicos de la gasolina convertidos en próceres. Al menos, alguien debería aprender del caso Vendrell que al que ha usado alguna vez la dinamita se le queda la costumbre de reventar lealtades. A EL CÓCTEL DE MERCEDES D E haber estado concluido el cambio legislativo relativo a la transexualidad que prepara el departamento de López Aguilar, hubiese podido acogerme al cambio preceptivo de sexo al objeto de estar autorizado a asistir al cóctel sexista que se organizó hace un par de noches en el Palacio del Pardo en homenaje a la interesante presidenta chilena Michelle Bachellet. Jamás podré perdonarme a mí mismo no haber nacido mujer para poder asistir al discurso de la Gran Sacerdotisa de la Secta, María Teresa Fernández de la Vega, con el que dio la bienvenida a su invitada y aprovechó para impartir una importante lección de feminismo político a lo largo de unos veinticinco minutos interminables e inolvidables. Previamente, una comprometida cantante había interpretado algunas melodías delicadamente seleccionadas para agasajar a la homenajeada y elevar, a su vez, el espíritu comproCARLOS metido de las afortunadas invitadas. HERRERA Durante varios días, el Departamento de Cursilerías Progresistas asignado a la Vicepresidencia había estado debatiendo sesudamente con qué sorprender a la visitante electa, al objeto no sólo de halagarla sino también de trasladarle una viva impresión de la exquisita sensibilidad de este Gobierno para con una dama que también ha desarrollado el reparto paritario de ministerios. Aun bien de estar desalentados al tener noticia de que la señora Bachellet no tenía planeado posar para el Vogue, se decidió empezar nada menos que con Te recuerdo, Amanda -la calle mojada, la lluvia en el pelo- una de las más pegajosas melodías de alegría y lucha, que abrió el acto. Después del éxtasis colectivo vivido entre mecheros encendidos y vaivenes emocionados, la joven voz atacó otra de las piezas de mayor ceremonial entre las celebraciones de gozo exultante: Gracias a la Vida -que me ha dado tanto- la canción de Mercedes Sosa, que sirvió para henchir de emoción incon- trolable el pecho- -o mejor, el tórax- -de todas las asistentes al agasajo, las cuales, no contentas con tanta exaltación y ternura, vieron cómo ese mismo éxtasis adquirió carácter de levitación colectiva cuando la cantante atacó un himno social y feminista repleto de juerga en lo más adentro de sus adentros: Libre te quiero que hizo que se levantaran las manos y se humedecieran los ojos de lágrimas comprometidas, que se abrazaran las asistentes, que se profirieran gritos tribales de liberación y que se pidiese otra ronda de croquetas- -de pollo, al parecer- -y un poco más de espumoso. No he podido confirmar si, tras las mentadas, se interpretó colectivamente el estribillo del Pájaro Chogüí -con todas las ministras hipando chogüí, chogüí, chogüí -o si la imprescindible melancolía de Alfonsina y el Mar -te vas Alfonsina vestida de mar, qué palomas blancas fuiste a buscar- -se instaló en los salones en algún momento del acto. Lamentable ausencia, en caso de respuesta negativa. Tanta juglaría progresista, tanto ácido folclórico, y se olvidan de Alfonsina y, probablemente, de alguna creación de Quilapayún, con su alegría asamblearia y revolucionaria, su poncho campesino y su llamada permanente a la lucha. Los chicos nos lo perdimos. Los españoles. A los chilenos del séquito de doña Mercedes no hubo manera de dejarles en el burger de El Pardo como pretendía Leire Pajín, vestida para la ocasión de Facundo Cabral y Marito- -a la vez- Hubo que tragar. Nosotros nos perdimos poder ser testigos de una bienvenida a un jefe de Estado que comienza con una proclama de la vicepresidenta Fernández y un recital del catálogo de la canción suramericana de cuando la ropa picaba. Ello, que podría suponer una garantía de relaciones ásperas durante un par de generaciones, fue, sin embargo, una explosión de virtuosidad feminista en un marco de bienvenida mediterránea y encuentro atlántico como hubiera dicho la ministra de Cultura, que iba de ella misma. Es decir, de hipérbole. Qué bonito.