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26 JUEVES 11 5 2006 ABC Internacional Jacques Chirac (derecha) y Dominique de Villepin aplauden durante una ceremonia en homenaje a las víctimas del comercio de esclavos en Francia AP Chirac respalda a Villepin en medio de una escalada de revelaciones inculpatorias El presidente francés denuncia la dictadura de los rumores y la calumnia en torno al primer ministro ofrece un frágil y envenenado balón de oxígeno al Gobierno presentando una moción de censura condenada de antemano al fracaso JUAN PEDRO QUIÑONERO CORRESPONSAL PARÍS. El presidente Jacques Chirac ofreció ayer un balón de oxígeno a su primer ministro, Dominique de Villepin, confirmándole su apoyo y denunciando la dictadura de los rumores y la calumnia Luego, la dirección general del consorcio armamentista europeo EADS anunciaba que su vicepresidente, Jean- Louis Gregorin, abandonaba el cargo para poder dedicarse a su defensa judicial Gregorin es amigo íntimo y ex colaborador de Villepin. La prensa francesa le apunta como el posible cuervo que envió las famosas listas bancarias falsas lanzando sospechas sobre una larga lista de hombres públicos, entre los que está Nicolas Sarkozy. b La oposición socialista Renuncia de Gregorin La renuncia de Gregorin ahonda y aproxima el escándalo a Villepin. El ge- neral Rondot declaró ante los jueces que fue Gregorin quien le proporcionó las listas bancarias falsas en el despacho de Villepin, cuando era ministro de Asuntos Exteriores. El juez Renaud van Ruymbeke, que instruyó el escándalo de las fragatas de Taiwán, ha declarado que fue Gregorin quien intentó convencerle de la verdad sobre las listas falsificadas poco antes de recibirlas en su despacho firmadas por un misterioso cuervo Las acusaciones contra Gregorin ante los jueces y en la prensa son de una gravedad insondable. Ex responsable del Centro de Análisis y Previsión del Ministerio de Asuntos Exteriores- -donde conoció a Villepin- Gregorin ha sostenido con el primer ministro unas relaciones de amistad y complicidad excepcional desde hace años. Testigos intachables (un juez y un general) le acusan de conocer las informaciones del cuervo si él las conocía, Villepin no podía desconocerlas. Los jueces que instruyen el escándalo Clearstream decidirán cuándo desean interrogar a Gregorin. Y esa convocatoria judicial, entre otras, es una hipoteca mortal para la estabilidad del Gobierno francés, que recibirá un frágil y envenenado balón de oxígeno ofre- cido por la oposición socialista, la cual ha decidido presentar una moción de censura contra Dominique de Villepin, quien sólo puede felicitarse provisionalmente de tal iniciativa. La moción de censura socialista debería discutirse la semana que viene y ofrecerá a Villepin la oportunidad de consolidar su mayoría parlamentaria pidiendo y, previsiblemente, consiguiendo el forzado apoyo de la Asamblea Nacional. En términos políticos, Villepin está solo. Y la moción de censura le permitirá pronunciar un discurso en el que pida la confianza de los diputados del centro y de la derecha condenados a dársela. bancaria particular de Jacques Chirac en Japón fueron inmediatamente desmentidas, pero abren un nuevo frente de dudas e incertidumbre. En el punto de mira Las revelaciones del semanario Le Point quizá sean más inquietantes para Villepin. El director del semanario, Frank Olivier- Gisbert, ex director de Le Figaro, afirma que Villepin le pidió personalmente que investigase a Nicolas Sarkozy. Le Monde dedica cada día varias páginas a los más insignificantes flecos de los distintos casos superpuestos. Liberation pide cada día en primera página la cabeza del jefe de Gobierno. Incluso Le Figaro insiste en las abismales hipotecas que pesan sobre el futuro inmediato de Villepin. En el corazón de todos los posibles escenarios de la crisis, Nicolas Sarkozy insiste en el aspecto capital del proceso: La justicia debe llegar hasta el fin Con una brizna de hipocresía, Sarkozy desmiente cualquier tentativa de añadir una crisis política a la crisis judicial: como si ambas no formasen parte del mismo e insondable pozo negro donde parece hundirse la credibilidad personal del primer ministro y el presidente de Francia. Durísimas presiones La presión periodística y judicial es excepcionalmente dura. Las revelaciones del semanario Le Canard Enchainé sobre la existencia de una cuenta Con una brizna de hipocresía, Sarkozy desmiente todo intento de añadir una crisis política a la judicial