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24 Nacional VISITA DE LA PRESIDENTA DE CHILE A ESPAÑA JUEVES 11 5 2006 ABC Un acto a la vez contenido y distentido. Políticas y representantes de la vida social departieron en palacio entre la solemnidad, la sonrisa y la poesía de Víctor Jara Sólo faltaba Amanda BLANCA TORQUEMADA MADRID. Con la discriminación positiva protocolaria que significó ayer la cena para mujeres organizada en el Palacio del Pardo por la vicepresidenta del Gobierno en honor de Michelle Bachelet (agasajo añadido dispensado por el Ejecutivo quizá menos por razón de sexo y más por la de adscripción socialista de la visitante) la presidenta de Chile cerró ayer un extenuante día en España en el que tuvo ocasión de lucir en diversos foros su discurso solvente y aseado, muy de agradecer en un paisaje iberoamericano cada vez más teñido de mesianismo de chompa. Lo de anoche se atuvo a unos cánones contenidos y hasta cierto punto distendidos, dentro de la solemnidad requerida en palacio y de los inevitables ritos de recepción a esos dos centenares de invitadas. Nada sustancial cambió por el hecho de que la nómina de asistentes fuera a priori femenina porque, entre otras cosas, la delegación chilena estaba formada mayoritariamente por hombres (del embajador al canciller pasando por el jefe de protocolo, amén de otros varones encorbatados) y anoche fichó en pleno. La vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega y la propia Bachelet (en la que es su residencia oficial durante esta visita) pusieron esforzadas y meritorias sonrisas que no revelaron cansancio y sí deseos de agradar, en esta convocatoria inédita para la que la presidenta de Chile eligió la sobriedad indumentaria del negro. En sus palabras a la concurrencia, Bachelet sedujo y Fernández de la Vega tiró del clásico discurso de la creciente visibilidad de la mujer, con ciertos tintes poéticos, aunque del paritario Gobierno de España no asistieron todas las que son, pues además de ella se dejaron ver Carmen Calvo (estampada) María Antonia Trujillo, Cristina Narbona y Elena Espinosa, quien, pese a su aspecto retraído, es una de las ministras con más intensa vida social. En el flanco institucional aportó rango la presidenta del Tribunal Constitucional, María Emilia Casas. Como guarnición, las inevitables Carmen Chacón (de verde intenso) Trinidad Jiménez de beige y Leire Pajín envuelta en seda salvaje, muy cerca de históricas como Carmen Alborch y Rosa Conde. Especial protagonismo cobró Esperanza Aguirre, que se realzó con un broche y vistosos pendientes, para dejar en alto el pabellón popular tras la estampida de correligionarias como Soraya Sáenz de Santamaría, que estaba invitada y declinó asistir. Pilar Bardem (quizá echó de menos a la baronesa Thyssen, a quien no se invitó) no quiso pasar desapercibida con un traje pantalón blanco. Acudió la presidenta- editora de ABC, Catalina Luca de Tena. Hubo sitio para escritoras como Fanny Rubio y Laura Freixas, para diseñadoras como Ágata Ruiz de la Prada y Amaya Arzuaga, directivas como Carmen Caffarel (RTVE) y Amparo Moraleda (IBM) periodistas como Ana Rosa Quintana y Victoria Prego y clásicas de la progresía como Rosa León. En el patio de columnas, antes de los discursos y las viandas, se celebró un breve y emotivo recital a cargo de la voz prodigiosa de María José Cordero, con Juanjo Collado a la guitarra. Salió entonces a escena el Chile de manual, el de las referencias manidas pero no por ello menos estimables. Interpretaron notas y poesía de Víctor Jara, con el clásico de Amanda, la calle mojada y la fábrica donde trabajaba Manuel... Aunque si Amanda hubiera estado invitada habría tenido que asistir sola. Bachelet y Fernández de la Vega EFE En los discursos, Bachelet sedujo y De la Vega tiró del clásico discurso de la creciente visibilidad de la mujer Elena Espinosa, Carmen Calvo, Cristina Narbona, María Antonia Trujillo, Esperanza Aguirre y Carme Chacón EFE