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ABC JUEVES 11 5 2006 Opinión 5 UNA RAYA EN EL AGUA SÓLO PARA MUJERES U GRAN INCOMPETENTE E L 5 de mayo dimitía el director de la CIA, Porter Goss. Pocos días antes dejaba la Casa Blanca Andrew Card; luego, el portavoz del presidente, Scott McClellan. Bush aceptaba la dimisión de Goss sin disponer de un sustituto (el general Michael Hyden llegaría tres días después) La meteorología marcaba mar de fondo con fuerte marejada. La CIA había abandonado Teherán varios años antes, confiando sus redes a los servicios británicos, franceses y alemanes. El retorno obligado, sin apenas cobertura, en territorios donde el dinero apenas arregla los problemas, está siendo difícil, lentísimo. En 2004, Bush había sustituido a George Tenet, anterior director de la Agencia. Al recibir a Porter Goss, el presidente largaba, con estilo inconfundible, su retahíla de lugares comunes Éste es un hombre que conoce la CIA por dentro y por fuera... Es un hombre adecuado para dirigir esta importante agencia en un momento crítico de nuestra historia) John Negroponte había sido DARÍO nombrado director de Inteligencia VALCÁRCEL Nacional, con competencias en el interior y el exterior. La CIA trataba de reorganizarse, pero no lograba una mínima coordinación con las otras 15 agencias de inteligencia. Con más de 20.000 millones de dólares asignados en varios presupuestos (tres veces el gasto español de defensa) mantenía inactivas grandes ramas de actividad. Algunos secretos se filtraban. El gran Seymour Hersh reveló puntos muy sensibles en las páginas del New Yorker. Hersh no se limitó a explicar los procedimientos (escalofriantes) practicados habitualmente en Guantánamo, Abu Ghraib o Bagram. No se ciñó a los vuelos y a las cárceles secretas. El material acumulado por Hersh desacredita ante la historia a buena parte de la administración Bush. Algo todavía alarmante: el presidente esquivaba desde el verano sus deberes, los encajaba a sus sucesores. ¿Las tropas de Irak? Sobre ese problema habrán de decidir futuros presidentes... ¿La protección de Nueva Orleáns? Eso llevará años, yo ya no estaré en la Casa Blanca... La sociedad americana ha defendido sus libertades y derechos durante dos siglos. Ha sentido repugnancia por la tortura. Con las democracias europeas, Estados Unidos promovió las convenciones de Ginebra. La Convención VII establece las garantías de los prisioneros de guerra. Pero son dos enormes problemas los que confluyen: la alegre e irresponsable crueldad de Bush (son cosas normales... ¡No pasa nada! y su incompetencia. Es decir, sus dificultades para el liderazgo, agravadas por la oscuridad que el 11- S introdujo en su cerebro. Es triste, en nuestro caso, acertar desde hace años, ante procesos de deterioro. Los amigos de Estados Unidos atravesamos tiempos de perplejidad. ¿Cómo se cruzará el túnel que nos separa de noviembre de 2008? Bush ha demostrado ser uno de los presidentes más erráticos de la historia americana, bajo una capa, ficticia, de resolución. Esa torpeza- -opuesta a la prudencia de su padre- -ha llevado a los mejores defensores de Estados Unidos, desde el francés Thierry de Montbrial al británico Kenneth Clarke, a escribir artículos atónitos. Por no hablar de la interminable lista de objetores americanos. Porque es allí, en Estados Unidos, donde la indignación se extiende. Condoleezza Rice se esfuerza en Irán, mientras Bush, ante este pleito mayor, escurre también el bulto. El presidente intenta que sus aliados europeos negocien, cuando debería ser la Casa Blanca quien se enfrentara directamente a Teherán. Sólo así podría salir Bush del dilema en que se encuentra hoy: resignarse ante el Consejo de Clérigos, que manda en el país, o lanzarse a otra aventura militar, quizá con fuerza atómica. Ahmadineyad escribía el lunes a Bush para ofrecerle, en una carta llena de trampas, las bases para un acuerdo. Zbigniew Brzezinski, antiguo jefe de la diplomacia de la Casa Blanca, escribe en el NY Times sobre el riesgo de impeachment: Señor presidente, sin el respaldo del Congreso y del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, un ataque por su parte contra Irán le colocaría al margen de la ley, le convertiría en un delincuente internacional. NA de las series de televisión con más éxito de los últimos años es Sexo en Nueva York deliciosa comedia en la que cuatro atractivas treintañeras exploran con generosa promiscuidad el universo masculino de la más clásica urbe contemporánea. Sarah Jessica Parker y su beautiful pack su pandilla maravillosa, nos han cautivado a todos con esa mezcla tan lograda de humor, ternura, glamour y sex- appeal. Pero... ¿se imagina alguien una teleserie en la que cuatro magnéticos tipos de moda mostrasen con todo lujo de detalles su galería de conquistas femeninas, acompañada de una prolija taxonomía de comportamientos en la cama? Sencillamente no; se trataría de un proyecto inviable que, de llevarse a efecto, daIGNACIO ría con sus actores, producCAMACHO tores y guionistas ante un pelotón de ejecución mediático, sociológico y cultural que los fusilaría de inmediato con munición políticamente correcta. En materia de igualdad de sexos, las tornas se han vuelto generalizadamente a favor de un discurso dominante que tiende a penalizar el equilibrio y prima la llamada discriminación positiva, esto es: el predominio circunstancial de la mujer sobre el varón, basado en el afánde contrapesar la larga dominancia histórica de éste. Partiendo de una evidente postergación de siglos, el feminismo rampante se considera legitimado incluso para reproducir algunos de los abusos de poder de los que ha venido considerándose víctima. Y así se da a menudo un sexismo inverso, de doble rasero, que sin embargo goza de notable impunidad social en virtud de una evidente mala conciencia masculina. Por esta razón, cualquier crítica a la cena sólo para mujeres que la vicepresidenta del Gobierno ofreció anoche a la presidenta de Chile, Michelle Bachelet, será inmediatamente calificada de machista, atávica, rancia y casposa, pese a que la convocatoria reproduce los peores clichés excluyentes y sexistas que las feministas han denunciado siempre en el ámbito masculino. Lo mismo que ha sucedido con la inaceptable cláusula de prioridad introducida por el Ministerio de Educación para los proyectos de investigación universitaria que cuenten con mujeres en sus equipos de trabajo. Es obvio que Teresa Fernández de la Vega- -y cualquiera- -puede reunirse a cenar con quien le plazca, pero esa cita tenía carácter oficial, se celebraba en dependencias del Gobierno y fue sufragada por el presupuesto público. ¿Discriminación positiva? Así lo denomina el nuevo lenguaje del pensamiento dominante. En todo caso, positiva, pero también gratuita... salvo para el contribuyente. Volvamos al sano ejercicio de la simetría intelectual. ¿Qué dirá el lobby femenino la próxima vez que un dignatario musulmán convoque una recepción sólo para hombres u obligue a las mujeres a acudir cubiertas? ¿Se alzarán las damas del poder en protesta o prevalecerá el generoso concepto del multiculturalismoy la Alianza de Civilizaciones para sepultar una igualdad lábil que se resbale por la pendiente de los prejuicios y la conveniencia? Quizá no falte mucho para saberlo con certeza...