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ABC MIÉRCOLES 10 5 2006 37 Sólo seis colegios se negaron a realizar ayer el examen de calidad a los estudiantes de Sexto de Primaria Los Reyes inauguran la ampliación del Banco de España, diseñada por Moneo, en el 150 aniversario de la entidad Nos apuñaló con una fuerza brutal. Intenté quitarle el arma pero parecía que la tenía pegada a la mano Casi todos los testigos, aún aterrorizados, pidieron que ocultaran a la procesada tras un biombo para declarar var un puñal por la espalda explica Belén que le contó Leilah como una premonición un par de días antes. Esa frase se me ha quedado grabada No se sabe si De Mingo quiso agredirla a ella poco antes de los hechos. Subimos a la planta sin hablar. Llevaba un libro en la mano e insistió varias veces que fuera a dejarlo a las taquillas Por último, indica que hasta los pacientes la temían y se habían quejado porque ponía los pies sobre la mesa, se quitaba bichos imaginarios de la ropa y escribía con el ordenador apagado. El resto de las comparecencias coincidieron en lo sorpresivo de la agresión, sin mediar palabra, en su sigilo, en que se comentó que sufría esquizofrenia y que sus delirios eran conocidos por sus supervisores. Así lo indicó María Alcalde, otra residente a la que intentó degollar. Le estaba dictando un tratamiento. Noelia estaba de frente, desencajada y desaliñada como en esos días. Rodeó lentamente la mesa. Oí un revuelo y la sentí encima Explica que a Leilah y a ella las trataba con frialdad y agresividad. Empeoró en enero. No hacía nunca guardias, dejaba las historias en blanco y dedicaba a los pacientes un minuto. Se reía sola y tarareaba cuando no venía a cuento. Por eso, quince días antes hablé de nuevo con dos supervisores La respuesta: le propusieron, justo el día anterior de su estallido, una evaluación psiquiátrica el detonante de lo que pasó. Ella no quería y no se la podía obligar, pero se podía prever su brote violento Muy seria, impasible y de mirada huidiza El negro predominaba en su vestimenta. Salvo una camiseta blanca con vivos del mismo color. Hasta los calcetines los llevaba en ese tono. Así compareció Noelia de Mingo al juicio que se celebra por los hechos que protagonizó, visiblemente avejentada y con un look diferente. Muy lejos estaba ya el aire estudiantil de la única foto que se conocía de ella. Su imagen eran más seria, sus gafitas redondas las había sustituido por otras, alargadas de montura dorada, incluso había acortado su cabello. Cambios por fuera, pero impertérrita, impasible y sin transmitir ninguna emoción. Ajena a todo en apariencia. Su mirada huidiza o perdida, se clavó en el arma homicida que usó con saña cuando fue mostrada. Agachaba la cabeza a ratos, quizá para no oir el espeluznante relato de los hechos por boca de las personas a las que hirió, conocidas todas. Costaba trabajo creer que en su primer año de residente la calificaran de simpática y graciosa La madre, el novio y dos hijos de las dos mujeres asesinadas GARCIA La veo en mis pesadillas empuñar el cuchillo una y otra vez confiesa una víctima M. J. Á. MADRID. Para Carmen Martín López, auxiliar de Enfermería, su carrera profesional de 32 años terminó el 3 de abril de 2003 cuando la médico resi- dente Noelia de Mingo, presuntamente, hundió repetidas veces un afilado cuchillo en su cuerpo. Sin embargo, puede dar gracias por seguir viva aunque su vida haya dado un giro de 180 Acababa de acostar a un enfermo, salí al pasillo y me la encontré de frente. Sin mediar palabra, empezó a acuchillarme. Por todo el cuerpo, sin más. No podía hacer nada, me daba y me daba. Una vez. Otra. Me coloqué en posición fetal hasta que alguien me socorrió relató, entre sollozos, al tribunal. Ha sido una de las peor paradas. Tiene la incapacidad absoluta permanente, con un 80 de minusvalía. Antes tenía buena memoria y lo hacía todo. Ahora me olvido, soy torpe; tengo dificultades para andar y respirar y necesito ayuda continuamente Duerme fatal, y aún, como la mayoría de los lesionados por la residente enferma, sigue traumatizada. La veo siempre en mis pesadillas empuñar el cuchillo una y otra vez relataba esta mujer de 54 años. Nos dijeron: no la controléis La semana previa a los hechos, hubo una reunión para hablar del caso, relata Alcalde. Tras ella, su tutor, a requerimiento suyo, le indicó: no le hagáis ningún control policial. No la vigiléis, en alusión a las historias clínicas que no hacía y a los pacientes que tenían que ser vistos de nuevo por otros A partir de ahí, el resto de los testigos declararon ocultos tras un biombo, aterrorizados por ver a De Mingo. Pilar Pérez, supervisora, destacó su fuerza brutal. Estaba agrediendo a Leilah, intente ayudarla quitándole el arma; no pude. Parecía que la tenía pegada a la mano. Quizá no aguanté lo suficiente. Tiraron de mí y salí. Pensé que iba a acabar con todos Carmen Fernández, enfermera con incapacidad permanente, añade: Noté un golpe y que se me escapaba la vida a borbotones, que íbamos a morir sin poder defendernos La Fundación, en el banquillo Familiares de las víctimas aguardaron la llegada de la imputada, a la espera de ver a la autora de tanta desgracia. Uno de ellos fue Anne Marie Fausser, madre de Leilah, quien aseguró sentir impotencia porque lo corrido se veía venir El último día que vi a mi hija me dio un largo abrazo. Fue su despedida. Antes me dijo que nunca daba la espalda a Noelia El novio de la infortunada, Fernando Alberca, lamentó que en el banquillo no estuvieran también los responsables de la Fundación Jiménez Díaz por permitir una situación de riesgo al conocer la esquizofrenia de la procesada Dijo que De Mingo era víctima de su propia familia por consentir la situación Mientras, los hijos de Jacinta Gómez, Paloma y Javier Huertas, pidieron justicia.