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28 Internacional EL RELEVO EN DOWNING STREET DESGARRA A LOS LABORISTAS MARTES 9 5 2006 ABC Blair promete que Brown será su sucesor, aunque rechaza poner fecha al traspaso de poderes El primer ministro hace frente, en un clima de guerra interna, a quienes piden un calendario sus oponentes de izquierdistas y de querer destruir el Nuevo Laborismo para retornar a las antiguas posturas del partido EMILI J. BLASCO. CORRESPONSAL LONDRES. Tony Blair dio ayer algunos pasos en la dirección solicitada por dirigentes y diputados laboristas, pero les presentó batalla en su principal petición: no anunciará una fecha para su marcha del poder, aunque esto suponga una guerra civil en el partido, donde el enfrentamiento interno es cada vez mayor. En su primera comparecencia pública tras la debacle laborista en las municipales del jueves, el primer ministro británico adquirió dos compromisos significativos. Si hasta ahora sólo había mantenido que no se presentará a las siguientes elecciones, estimadas para 2009 pero que pueden ser convocadas en 2010, ayer dio a entender con claridad que no agotará el mandato. También confirmó, como quizá nunca antes lo había hecho, que el número dos del Gobierno, Gordon Brown, será su sucesor. En rueda de Prensa, Blair indicó que no tiene intención de seguir y seguir en el poder, y que dejará su puesto antes de las generales, con el fin de dar el tiempo necesario a mi sucesor para que se establezca él mismo. Quienquiera que me suceda tendrá tiempo para asentarse y liderar las pob Los blairistas acusan a líticas con las que enfrentarse a las generales Cuidadoso en su intención de no desvelar planes de futuro que resten su autoridad en lo que le quede en el poder, Blair se resistió a dar el nombre de Gordon Brown, ministro de Hacienda, como la persona que le sustituirá. No obstante, a una pregunta directa sobre si Brown será su sucesor, respondió: Por supuesto que lo es. ¿Cuándo he dicho algo diferente? Por eso es por lo que sugiero que todo el mundo se calme y sigamos ocupados con los asuntos del Gobierno Evitar un vacío de poder Según Blair, dar más detalles sobre la estable y ordenada transición a un nuevo líder paralizaría el correcto trabajo del Gobierno, pondría en riesgo los necesarios cambios que estamos haciendo por el Reino Unido y dañaría el país En su opinión, anunciar una fecha para su retirada sería dar munición a los conservadores, ya que hasta que el cambio se produjera- -los analistas insisten en hablar de 12 o 18 meses, una vez Blair alcance en mayo de 2007 sus diez años de mandato- -habría la sensación de vacío de poder. Blair señaló que quienes le piden un calendario para el recambio lo hacen para evitar las continuas especulaciones sobre el futuro del laborismo, pero consideró que ello no terminaría con esta distracción, sino que la llevaría a un nuevo nivel Lo fatídico para Blair es que los rumores y las maniobras internas probablemente se acentuarán a Tony Blair, al abandonar ayer la sala de prensa de Downing Street medida que pase el tiempo. Tras la rueda de Prensa, el primer ministro se encaró anoche, en una reunión con el grupo parlamentario, con los diputados que promueven una carta para que se comprometa con una fecha de retirada. Éstos han recibido como un ataque el hecho de que el entorno de Blair les haya presentado como REUTERS los oficiantes de un golpe interno de la izquierda del partido, que quiere destruir el Nuevo Laborismo y retornarlo a sus antiguas posturas izquierdistas. Tampoco Brown, impulsor en parte de la iniciativa, desea verse prisionero de la izquierda y probablemente aceptará los compromisos adquiridos ayer por el premier. FLORENCIA JUNTO AL TÁMESIS JOSÉ MANUEL COSTA E s el fin y Tony Blair lo sabe. Solo así puede entenderse que alguno de sus correveidiles (que no portavoces oficiales) hayan explicado el mantenimiento del viceprimer ministro John Prescott de una forma tan inadmisible como significativa. Prescott, sumido en un lío de faldas en el lugar de trabajo, se ve despojado de su ministerio de Ordenación Territorial pero conserva su puesto en el gabinete, su sueldo, sus dos viviendas de gracia, su coche oficial y su chófer, algo que como denunciaba el portavoz de Hacienda conservador George Osborne, le cuesta al contribuyente unas 250.000 libras anuales. Naturalmente, el pueblo llano se pregunta por qué Blair se empeña en tener cerca a Prescott. Y la respuesta la ofrece la nueva presidenta laborista Hazel Blears: El papel de John es realmente importante para unir el grupo parlamentario Es decir, que Blair mantendría en el Gobierno a Prescott, no porque vaya a trabajar para las necesidades de los ciudadanos, sino para que apacigüe a los levantiscos y preocupados diputados de su propio partido. Pero ni siquiera esto es verdad. Prescott permanece en el Gobierno porque Blair necesita a este hombre, tosco y popular entre las bases y con un buen control de múltiples sectores del laborismo, como colchón contra la arremetida de Gordon Brown, su eterno heredero. Arrojar a Prescott a las penumbras de los bancos traseros del Parlamento, junto a otros ex- ministros dolidos como Frank Dobson o ahora el mismo Charles Clarke, hubiera abierto el enfrentamiento directo entre blairitas y brownitas Una batalla que necesariamente concluiría con un desgarro del partido, justo en el momento en que los conservadores parecen haber encontrado un líder interesante. Y una batalla que Blair, sin Prescott a su lado, teme perder. El enfrentamiento podría evitarse si Blair, en vez de accionismos tácticos como el presente se decidiera a dejar claro cuándo y cómo piensa retirarse y dejar que su sucesor disponga de un par de años hasta las próximas eleccio- nes en los cuales dejar clara su personalidad y durante los cuales tenga ocasión de medirse con David Cameron, la estrella ascendente del conservadurismo. Pero a estas alturas Blair ya está demasiado despegado de la realidad como para pensar en otra cosa que no sean componendas palaciegas por ver, si en un último golpe de efecto y poder, puede torpedear a Brown y colocar al frente del partido y del Gobierno a alguna de las marionetas políticas que le adoran como a un gurú. Los ciudadanos, ya lo dice la presidenta del partido, juegan un papel secundario. Da un poco de lástima ver a un gran político perder por completo los papeles y echar por la borda un bagaje de credibilidad del que pocos líderes han gozado en nuestro tiempo. Pero así es el poder. Saber renunciar a él con dignidad y desprendimiento es la medida de un gran hombre.