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84 Deportes PRIMERA DIVISIÓN TRIGÉSIMA SÉPTIMA JORNADA LUNES 8 5 2006 ABC El francés fue ovación por el público en su último partido en el estadio blanco antes de colgar las botas. Sufrió mucho porque la tarde estuvo preñada de fuertes sensaciones y porque el Real Madrid sólo pudo empatar. Zinedine Zidane salió hasta el centro del campo para recoger los aplausos de la grada y de los compañeros. De la prensa se olvidó El gallo cantó su último gol en Madrid TEXTO JULIÁN ÁVILA MADRID. El día fue duro para Zidane. Muy duro. Porque a las estrellas les cuesta digerir su adiós. No saben cómo abrir la puerta que les llevará a una nueva vida, a un espacio que les hace estar más cerca de los mortales. Sobre las nueve de la noche sonó el primer aviso. Se despidió de su público del Santiago Bernabéu. La jornada estuvo marcada por el simbolismo. El último viaje en coche al templo para subir al autobús. La última concentración. La última comida y merienda en el Mirasierra Suite, la última charla técnica, la última ducha, la mudanza de la taquilla asignada al número 5 las fotos con los empleados del club... La despedida. Y Zidane lo aceptó. Hasta tal punto que cumplió con la parafernalia que rige en estos casos. Por la mañana llegó pronto al estadio y se cambio rápido antes de subir al autobús para ir al hotel. Sin previo aviso, de manera casi furtiva, saltó al césped del Bernabéu y dejó su mente correr durante unos minutos. Se quedó absorto. Atrapado en el silencio y en la historia. Los que le vieron comentan que soltó alguna lágrima. Después, junto a Javier García Coll, empleado del club y su amigo, se cercioró de que su familia tuviese una ubicación privilegiada en la grada para seguir el último partido del gallo Estarán allí le dijeron. Perfecto replicó. La tarde se hizo aún más pesada. En las entrañas del estadio fue acumulando parabienes y agasajos. Demasiada carga para controlar las emociones. En el calentamiento salió el último al campo. Como casi siempre. tar al lado de Zidane Zidane, eterno Merci, Zizou Zidane, gracias por enseñarnos lo que es el fútbol Gracias Zidane por cinco años de magia Y en medio de este océano otra pancarta muy llamativa fue la que rezaba con el siguiente lema: Florentino candidato El francés no miró a ninguna parte. Quizá para no emocionarse. Pero no pudo evitarlo. Sus compañeros tuvieron la culpa. Con Raúl a la cabeza, le dedicaron un aplauso cerrado. Zidane se desplomó. No quiso mirar. Se agachó en una falsa flexión. Y aguantó en esa posición lo indecible. El nudo en la garganta se hizo más grande y más fuerte cuando el público le brindó una ovación de concierto. Larga y cerrada. La escena se convirtió en una tragedia. Tragó y tragó lágrimas. Ovación final El partido, su partido, fue un calco de los últimos. Un quiero y no puedo. Sus dos primeros disparos se marcharon muy desviados y encontró portería en un libre directo al que respondió con acierto el portero del Villarreal. Salvó su tarde con un gol de cabeza y se quedó sin la mejor despedida porque el encuentro pintaba en bastos cuando fue sustituido por Raúl Bravo para sujetar el empate. Zidane se quedaba sin el colofón ideal. Había prisa y no era el momento del homenaje. Al final del partido la grada, que estaba muy alterada por las decisiones que tomó el colegiado a lo largo de los noventa minutos, cambió de chip y tributó su última ovación al gallo Zidane salió al tercio y allí se cortó la coleta mientras sus compañeros le aplaudían y abrazaban. En esa escena sí rompió a llorar con naturalidad. Una toalla le sirvió para borrar las huellas de la emoción. Zidane ya es historia en el Bernabéu. Ya duchado, una vez más, no hizo concesiones a los periodistas que siguen a diario la información del Madrid. Pese a ser un día señalado, no compareció en la sala de prensa. Un mar de pancartas La poca gente que había a esas horas en la grada le recibió con una fuerte ovación, mientras un vídeo, con el sonido a todo trapo, hacía un repaso de su vida en blanco. La presentación al lado de Di Stéfano, la Supercopa de Europa, el gol al Bayer Leverkusen en la final de Glasgow, la audiencia con el Rey, con la Liga de Campeones en el balcón del Consistorio, en una fiesta en Cibeles, con el trofeo FIFA World Player Él no se inmutó. Inició su último ritual en la zona más cercana al Fondo Sur. Una carrera. Otra. Un giro, otro. Un sprint... Quince minutos y al vestuario. Volvió con los equipos formados para jugar el partido. Y entonces encontró la grada vestida de gala para despedirle. Incluso Florentino Pérez se acercó a la Castellana para estar al lado de uno de sus fichajes estrella durante la presidencia. Innumerables pancartas con el mismo denominador. Árbitro, no pites el final que Zidane se nos va Nunca vi jugar a nadie así. ¡Gracias! ¡Lo siento mamá! Hoy debo es- Zidane remata de cabeza su último gol en Chamartín IGNACIO GIL Florentino Pérez y García Ferreras bajaron al vestuario MADRID. Muchas cosas extrañas ocurrieron ayer entre bambalinas en el estadio Santiago Bernabéu. No es muy común que un ex presidente baje al vestuario y entre con absoluta naturalidad. Y Florentino Pérez lo hizo ayer, junto con Luis Gómez- Montejano y el resto de directivos, para hacerse una fotografía con Zidane y para llevarse una camiseta firmada. Y tampoco es muy normal que en ese mismo séquito vaya Antonio García Ferreras, el ex director de comunicación, que abandonó el club hace un mes. La ecuación no cuadra. Los ex profanando el templo más sagrado de los jugadores después de un empate doloroso. Como tampoco cuadra lo que sucedió en el Fondo Sur. El día del homenaje al francés, la tarde en la que el Real Madrid se jugaba la posibilidad de apuntalar la segunda plaza en la clasificación, los ultras montaron un espectáculo demencial. Una parodia intolerable con motivos veraniegos. Con una pancarta hiriente- Después de un año de vacaciones ahora nos toca a nosotros con flotadores, con balones de playa gigantes, con colchonetas y con una sombrilla playera capaz de dar sombra a un equipo. Una carga de profundidad cuando el equipo necesita tranquilidad. Por fortuna, la grada se lo tomó por la vía graciosa, porque si la hubiese cogido por la tremenda quizá la escena hubiese terminado como el rosario de la aurora.