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ABC LUNES 8 5 2006 Nacional 23 El agua sigue siendo uno de los frentes territoriales de discordia. En Aragón, mientras la política saca partido a la guerra del agua trece años después de que se aprobaran por unanimidad los embalses que necesita esta Comunidad, aún no se ha terminado ninguna obra de envergadura Las eternas aguas turbias de Aragón TEXTO: ROBERTO PÉREZ FOTO: FABIÁN SIMÓN ZARAGOZA. Hablar de agua sigue siendo tocar uno de los asuntos que más discusión generan entre territorios en la España autonómica. Se acumulan ya más de diez años de disputas lideradas por los partidos políticos, pero sin que ninguna de las grandes cuestiones que debían resolverse- -los déficits hídricos- -hayan sido superadas. Entre discursos y debates, disputas electorales y mensajes encontrados, quienes necesitan el agua siguen en el mismo punto que hace más de diez años. En muchos casos, como ocurre en Aragón, el asunto se remonta al siglo XIX. Hay zonas, como el valle zaragozano del Jiloca, en las que se empezó a tirar líneas sobre un futuro embalse hace un siglo, y aún no ha llegado. Está en obras, pero aún no se ha terminado. Era uno de los que estaban incluidos en el Pacto del Agua, el histórico acuerdo que alcanzaron por unanimidad las Cortes de Aragón en 1992 y que asumió el Gobierno central, en aquel momento con Josep Borrell como ministro de Medio Ambiente y con Cristina Narbona como secretaria de Estado en este mismo Departamento. El Pacto del Agua de Aragón partía de dos ideas esenciales. La primera, que esta Comunidad necesitaba- -sigue necesitando, en tanto que están pendientes de que terminen de ejecutarse las obras- -una amplia red de embalses. La segunda, que cubiertas y garantizadas las necesidades presentes y futuras de Aragón, no se bloqueaba el acceso a recursos hídricos excedentarios. El Pacto del Agua en ningún momento cerró la puerta al trasvase del Ebro, porque la prioridad era resolver el déficit hídrico existente. En el mismo se establecía una reserva estratégica para Aragón de 6.550 hectómeros cúbicos de agua. Es decir, los embalses a construir y los existentes debían dar como resultado que Aragón tendría un derecho garantizado a disponer de 6.550 hectómetros cúbicos. Durante años, en Aragón fueron habituales las manifestaciones contra el trasvase Sin consenso y con las obras a medio hacer El resultado final de las disputas partidarias dentro de Aragón ha sido que algunas de las más significativas obras del Pacto del Agua se han visto frenadas, cuestionadas o retocadas. El consenso de 1992 se ha roto. La Comisión del Agua de Aragón fue abandonada hace meses por el PP, algunos colectivos, por otros motivos, también han anunciado su marcha. Y el PAR, desde el Gobierno aragonés de coalición con el PSOE, dice ahora que es mejor dejar los debates hasta que pasen las elecciones municipales y autonómicas de 2007, por eso de no enturbiar el asunto con la cita de las urnas. Novedad también, porque el agua ha formado intencionada parte de las elecciones desde hace muchos años. Narbona, trasvase y marcha atrás Que esa cifra no se ha cumplido es evidente. Las obras, desde 1992, quedaron en el limbo de la lentitud. Un año después llegó el anteproyecto de Plan Hidrológico diseñado por Borrel y Narbona, la hoy ministra de Medio Ambiente. En él apareció el trasvase del Ebro: se pretendía construir un canal de transferencia para llegar a trasvasar al Levante 1.800 hectómetros cúbicos al año. El anteproyecto quedó también en el limbo. La asignatura pendiente iba a pasar a manos del Gobierno del PP en 1996. Y pasó. El Ejecutivo de Aznar diseñó su proyecto de PHN, que, ese sí, acabó siendo ley. Se aprobó, pero la pieza clave del trasvase acabó derogándola el PSOE tras las elecciones de marzo de 2004. En cuestión de cinco años, el PSOE cambió de su discurso trasvasista a renegar del mismo y a criticar con bríos al PP por haber incluido un trasvase que no suponía más que retomar lo que había dejado escrito poco antes el propio PSOE. Cristina Narbona ha ejemplificado lo que es la capacidad de metamorfosis. Tras dejar la Secretaría de Estado, asumió la portavocía del PSOE en materia de Medio Ambiente y desde ella arremetió sin tapujos contra el trasvase del Ebro incluido en el PHN del Go- bierno Aznar. Y eso que éste era inferior al que en su mandato se había dejado escrito: 1.050 hectómetros cúbicos, frente a los 1.800 a trasvasar que preveía el Gobierno socialista en 1993. Pero el cambio de discurso ayudó al PSOE aragonés en las citas electorales. Y eso que, en 1993, los socialistas acusaban de insolidarios a quienes en Aragón se oponían al trasvase. El PAR lideraba el discurso de oposición en esta Comunidad; por entonces era socio de coaliciones con el PP. El discurso sobre el agua en Aragón y en el conjunto de España se ha complicado considerablemente en los dos últimos años. El nuevo PHN impulsado por el Gobierno de Zapatero no ha recogido la reserva estratégica de 6.550 hectómetros cúbicos que se fijó en el Pacto del Agua de Aragón de 1992. Además, la disposición adicional décima del actual PHN otorga a la Generalitat la capacidad de marcar los caudales que deben llegar al Delta del Ebro. Si el Gobierno acepta la propuesta que le llegue en cada momento desde la Generalitat, Aragón podría verse obligada a dejar pasar el agua y a soltarla de sus embalses si hiciera falta para cumplir con el caudal que establezca Cataluña. Pero la situación se blinda más aún a favor de Cataluña, en ese grifo que pasa a manejar en el Ebro a través del Delta: el nuevo Estatuto de Autonomía catalán que está saliendo adelante hace del tramo final del Ebro una parte diferenciada e integrada en las competencias de la Generalitat, que pasa a tener capacidad decisoria diferenciada, cuando hasta este momento la gestión de la cuenca del Ebro, como la del resto de cuencas hidrográficas, eran una competencia exclusivamente estatal.