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ABC LUNES 8 5 2006 Opinión 7 TRIBUNA ABIERTA POR GUILLERMO NÚÑEZ PÉREZ REIVINDICACIÓN DE LA REVOLUCIÓN La auténtica revolución que debemos reivindicar los demócratas es la que ha acontecido en este país a partir de la Constitución de 1978 E STAMOS acostumbrados a identificar el término revolución con acontecimientos que cambian de forma radical las pautas por las que se organiza la vida en sociedad. Bajo esta acepción, la revolución es un término que históricamente ha sido siempre patrimonio de la denominada izquierda política, o mejor, de las autodenominadas fuerzas de progreso, que se conforman en contraposición a las fuerzas reaccionarias o conservadoras que tratan de impedir cualquier cambio que ponga en cuestión el supuesto mundo de privilegios que éstas defienden. Bastaría con referirnos a acontecimientos históricos como la revolución leninista de 1917, la revolución castrista de 1959, o la revolución bolivariana de Hugo Chávez, para captar el poder iluminador que como consigna de actuación tiene esta acepción del término revolución entre los potenciales revolucionarios, esto es, los jóvenes. Téngase en cuenta, por demás, que por lo que se refiere a los jóvenes de nuestras sociedades del bienestar la consigna opera en un doble y peligroso sentido: como necesidad- -sin duda autodestructiva- -de cambio del bienestar alcanzado y disfrutado, por una entelequia disfrazada con el mensaje de lograr la consecución de un mundo mejor y más justo ¡viva la dictadura del proletariado! y como referencia de solidaridad e identificación con los interesadamente llamados procesos de liberación que otros pueblos llevan a cabo frente al yugo imperialista representado por Estados Unidos y su alianza con el sionismo (Cuba, Palestina, Afganistán, Irak, Sahara... Es verdad que desaparecida la antigua Unión Soviética, gracias, entre otras cosas, a la acción conjunta, coordinada y persistente en el tiempo de los defensores de la libertad, los que pretenden patrimonializar el término revolución en la acepción antes señalada han perdido un punto de referencia fundamental. Sin embargo, resulta igualmente cierto que los protagonistas de esa magna victoria de la luz frente a la oscuridad, de la democracia frente a la tiranía, deberían de reivindicar con más énfasis el término revolución para expresar dicho acontecimiento histórico. En este sentido, líderes como Margaret Thatcher, Ronald Reagan o Juan Pablo II pasarán a la historia como auténticos revolucionarios que contribuyeron de manera decisiva al triunfo de la libertad y la justicia mediante la desaparición del sistema comunista en Europa. No son, en caso alguno, líderes de una supuesta revolución conservadora (cuya lectura no puede ser otra que la de líderes contrarrevolucionarios en lenguaje leninista- progresista) sino auténticos protagonistas en la lucha por la libertad, la democracia y la dignidad de los seres humanos. Pero la revolución no sólo se identifica con la acepción hasta ahora indicada. Es más, es sólo en las sociedades libres donde la revolución despliega en sentido estricto todas sus potencialidades, pues en ellas, la revolución se identifica con el interés por el conocimiento (descubrimientos científicos y avances tecnológicos) el arte, la reflexión crítica, la consecu- ÁNGEL CÓRDOBA ción de la justicia, la paz y por la lucha incondicional a favor de la libertad del hombre. Por poner un simple ejemplo: ¿quiénes son los revolucionarios en Cuba? ¿Acaso los que mantienen en la cárcel o asesinan a aquellos que se atreven a disentir del gobierno revolucionario y defienden la libertad de expresión, asociación o libre circulación? Sobran los comentarios. Justificar la opresión y la atrocidad en nombre de la revolución sólo puede responder a la negación de la ética más elemental. Lo verdaderamente revolucionario no puede ser otra cosa que la denuncia permanente de un régimen político corrupto que ha transformado el siglo de las luces del que hablaba Alejo Carpentier en medio siglo de oscuridad e ignominia para el pueblo cubano y toda la humanidad. Vivimos un tiempo en el que prolifera la información en términos cuantitativos y se reduce el discernimiento, y en el que el lenguaje continúa siendo un instrumento decisivo para enmascarar la realidad. Parece necesario, por consiguiente, comenzar a reivindicar el auténtico significado de las palabras, pues de ello depende en buena medida la defensa de la libertad y la propia democracia. Por ello, entiendo que es revolucionario afirmar que no es matrimonio la unión homosexual, y ello nada tiene que ver con la defensa de los derechos de los homosexuales; que el derecho a la enseñanza de la religión es un derecho constitucional que ha de ser respetado por el Gobierno, y ello nada tiene que ver con que España sea un Estado no confesional; que sólo existe una única nación, España, y ello nada tiene que ver con la pretensión de que una simple ley orgánica trate de ignorar esa realidad histórica; que no existe un proceso para negociar la paz en el País Vasco, sino para desarmar a una banda terrorista que sólo ha causado desolación y muerte; en fin, que la penúltima revolución en España se llevó a cabo en Asturias en 1934, con la pretensión de instaurar la avanzadilla de una futura España socialista al estilo soviético, y que la última revolución aconteció en 1978, sin violencia- -salvo la de ETA y la practicada por el FRAP y otros grupos fascistas- -y con el espíritu de consenso de unos excelentes diputados constituyentes que supieron plasmar unas reglas de convivencia que hasta el presente han ofrecido a los españoles el mejor cauce para plasmar su auténtico espíritu revolucionario. La auténtica revolución que debemos reivindicar los demócratas es la que ha acontecido en este país a partir de la Constitución de 1978, siendo hora de empezar a calificar a los que propugnan la vuelta al pasado mediante la recuperación de la mal llamada memoria histórica el cuestionamiento de la Monarquía y la defensa de la España plurinacional como lo que auténticamente son: reaccionarios incapaces de discernir entre verdad y mentira. Catedrático de Derecho Financiero y Tributario de la Universidad de La Laguna REVISTA DE PRENSA POR JUAN PEDRO QUIÑONERO ESPAÑA Y LAS CRISIS SURAMERICANAS La crisis boliviana amenaza todos los procesos de integración suramericanos y deja en suspenso la influencia de España en el cono sur. En Bolivia, La Jornada afirma: El Gobierno garantiza seguridad jurídica a empresas españolas Su información termina afirmando: Las negociaciones permitirán consensuar los contratos, pero las leyes y decretos no se negocian Sin embargo, ante el futuro inmediato, La Paz publica una extensa información titulada: Las 25 dudas sobre la nacionalización del gas Dudas de impenetrable incertidumbre nacional e internacional, con muchos ramalazos para España, en un clima de exaltación nacionalista. El Diario publica un comentario editorial titulado: La nacionalización de la tierra que concluye de este modo: La nacionalización democrática de la tierra no sólo eliminará por completo el medievalismo en la agricultura, sino que es el mejor régimen agrario concebible en una democracia popular Sin embargo, La Prensa tiene sus dudas sobre la democracia popular boliviana, evocada en un artículo irónico titulado: Se nacionalizará el agua Parodiando el frenesí nacionalista gubernamental, el editorialista de La Prensa afirma: No creo en la eficacia del Estado, desde el colapso de la Unión Soviética y los países socialistas. Hecho que olvidan los socialistas andinos Ese clima de dudas y exaltación nacionalista, con muchos flecos indigenistas, suscita muchas reservas en todo el cono sur. En Panamá, La Prensa afirma que las mineras norteamericanas están inquietas y recortarán sus inversiones En Argentina, Clarín cita a Bernardino de León afirmando que los gobiernos de Zapatero y Morales sintonizan ideológicamente Por su parte, La Nación argentina afirma que La Paz intenta enviar mensajes positivos cuando se multiplican los nubarrones internacionales. En México, por ejemplo, El Universal afirma que Morales nombrará personalmente y por decreto a los futuros directores de Repsol- YPF, British Petroleum, Enron y Shell. En Venezuela, El Universal publica un artículo feroz de Julio César Pineda denunciando con serena inquietud el laberinto de la diplomacia militar en cuyas redes pudiera estar cayendo Morales, manejado por Chávez y Fidel. En Chile, La Nación estima que la crisis boliviana ahonda todas las insondables crisis suramericanas, comenzando por la crisis y el futuro mismo de Mercorur. Siempre nos quedará París. Le Monde habla de las llamaradas del gran arte flamenco en el parisino teatro de Chaillot.