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7 5 06 CLAVES DE ACTUALIDAD moxil Pero con los pequeños, los gemelos Jaime y Carmelo, no se atrevió. Así que cuando Jaime llegó peorcillo aquel jueves del colegio y ella vio que no levantaba cabeza empezó a preocuparse. De la escuela a la tumba ¡Cómo era Jaime! Mamá, que tengo que ir al cole, que tengo que ir al cole ¡Él, que nunca se había puesto malo! Porque no era como su mellizo Carmelo, que siempre anduvo malucho por cosas respiratorias y más de una vez hubo que dejarlo ingresado, ¡pero él, que era tan sano! Así que ese jueves no hubo otro remedio que dejarle ir a la escuela, cercana a su casa en el que llaman Barrio Verde de la madrileña localidad de Torrejón de Ardoz. ¿Y sabe por qué tanto interés? Porque habían hecho unas cositas para el Día de la Madre y quería ir a por ellas. Que fue llegar a casa por la tarde y darle lo suyo al hermano y a mí lo que me había hecho. Pero chico, ¡si esto se da el domingo! Pues yo te lo doy hoy por si el domingo no puedo Y no pudo. Como estaba heladito- -recuerda Carmelo Vaquero, el cabeza de familia- -le metimos en nuestra cama. Encogidito, encogidito, y los hermanos alrededor. Papá, que Jaime se está poniendo azul El médico que lo vio lo devolvió a casa porque estoy convencido de que sabía que se iba a morir. Pero como empeoraba, llamamos a una ambulancia que tardó en venir más de una hora, sin médico, sólo con un conductor Carmen se echó al hijo que acababa de cumplir ocho años sobre sus rodillas y se fue camino de la capital, al Hospital de la Paz. ¿Adónde vamos, mamá? ¿Me vas a dejar allí como se quedaba Carmelo? No hijo, échate Y recostado sobre el regazo de su madre dejó de respirar. El día 1 hizo 25 años. Carmelo Vaquero y su esposa Carmen, en Torrejón de Ardoz, con el retrato de su hijo Jaime, primera víctima mortal del aceite tóxico Colza año 25 Marcados por el síndrome tóxico Para los Vaquero García, igual que para otros 20.000 españoles, la vida se detuvo aquel mayo negro de 1981 en que el aceite de la muerte que habían consumido, y que adquirían a granel en mercadillos, habría de corroerles para siempre las entrañas. Ésta es la historia de su suplicio sin fin POR VIRGINIA RÓDENAS FOTOS: IGNACIO GIL 20.000 afectados, 2.500 muertos Cuando el niño Jaime se murió así, inesperadamente, sin auxilio ni asistencia, se llevó consigo el estigma de ser la primera víctima mortal de la colza. Fue el sombrío presagio de lo que les esperaba a 20.000 españoles- -de los que según las asociaciones de afectados por el síndrome tóxico han fallecido hasta hoy 2.500- que habían tomado el aceite desnaturalizado con anilinas y derivados del fenilaminopropandiol (PAP) importado de Francia para uso industrial, y que a precios bajos habían adquirido, sin etiquetar, en mercadillos ambulantes. Un negociete de trece canallas desalmados para los que semejante crimen, a diferencia de sus víctimas, no es hoy más que agua pasada, sanos, salvos y, por supuesto, libres. Sobre el sillón del saloncito de la familia Vaquero, a mano de don Carmelo, se alinean la botella de (Pasa a la página 14) ira que era gracioso Jaime. Todo el día zascandileando, haciendo reír a sus hermanos hasta cuando se ponían malos. Como aquella última semana de abril, en que ninguno se había librado de lo que parecía a todas luces un constipado, de esos que te dan de lleno al descuido de los albores de la primavera y te dejan para el arrastre. Por eso Carmen Gar- M cía, la madre de Jaime, según se levantaban los mayores con los primeros síntomas les iba dando lo que desde hacía tanto tiempo había resultado mano de santo: un vaso de leche caliente y un cla- La tragedia que sacudió España dos meses después de la intentona golpista de Tejero, y que puso contra las cuerdas al Gobierno de UCD, se cebó especialmente con los niños