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30 DOMINGO 7 5 2006 ABC Internacional El jefe de las escuchas extrajudiciales se perfila como favorito para dirigir la CIA La corrupción se suma a los problemas de los servicios de inteligencia de Estados Unidos de la Fuerza Aérea y número dos de John Negroponte, podría ser designado mañana, lo que plantea una batalla adicional en el Congreso PEDRO RODRÍGUEZ. CORRESPONSAL WASHINGTON. Sin poderse permitir el lujo de dejar mucho tiempo vacante la problemática dirección de la CIA, se espera que el presidente Bush designe oficialmente mañana, lunes, para ese delicado puesto a Michael Hayden, general de cuatro estrellas de la Fuerza Aérea responsable de llevar a cabo el polémico programa de escuchas extrajudiciales domésticas autorizado por la Casa Blanca tras el 11- S. Este militar cuenta con amplia experiencia en actividades de espionaje electrónico y hasta ahora venía actuando como número dos de John Negroponte, el coordinador de los servicios de inteligencia de Estados Unidos. De inmediato, la anticipada designación del general Hayden ha servido para reavivar ante la opinión pública todo el debate de los últimos cinco años sobre prerrogativas oficiales en la lucha contra el terrorismo. Como el cargo de director de la CIA está sometido a la aprobación del Congreso, la oposición demócrata ya ha empezado a anunciar una sonada batalla parlamentaria para atacar por elevación algunas de las estrategias antiterroristas adoptadas por la Administración Bush tras el 11- S. b Michael Hayden, general terrorista selectivo y perfectamente legal, a pesar de realizarse al margen del tribunal secreto creado precisamente en 1978 para autorizar este tipo de actividades de espionaje domésticas relacionadas con la seguridad nacional. Fuentes de la Administración Bush citadas por algunos medios de comunicación insisten en que Hayden es el candidato favorito por sus cualidades naturales de liderazgo y sus décadas de experiencia en los servicios de inteligencia de EE. UU. siendo tanto un productor como un consumidor de informes secretos. Aunque no faltan quienes anticipen cierta resistencia dentro de la propia CIA al nombramiento de un especialista en cuestiones más bien técnicas en lugar de espionaje tradicional. De hecho, una queja habitual de la CIA es que Estados Unidos dedica una cantidad ingente al espionaje electrónico, pero ha descuidado su aspecto humano. Hayden, producto de una humilde familia de Pittsburgh, es a sus 61 años el militar dedicado a tareas de Inteligencia de mayor graduación en las Fuerzas Armadas. Su primer destino en enero de 1970 fue típico de la Guerra Fría como analista e instructor en el cuartel general del Comando Aéreo Estratégico, con base en Nebraska. En su historial se encuentra haber dirigido el Centro Conjunto de Mando y Control Bélico, la Agencia de Inteligencia de la Fuerza Aérea y la Agencia de Seguridad Nacional, que lleva el peso de George Bush estrecha la mano del general Michael Hayden, hoy número dos del director nacional de Inteligencia, John Negroponte, en su juramento de hace un año El anuncio ha reavivado el debate sobre las prerrogativas oficiales en la lucha antiterrorista Es el candidato favorito por sus cualidades de liderazgo y su experiencia en los servicios secretos las operaciones de espionaje electrónico. Además de contar con una supuesta relación muy fluida con el vicepresidente Dick Cheney. Caso Cunningham Con todo, el nombramiento de Hayden no es el único cambio previsible en la cúpula de la CIA, ya que la institución de espionaje creada tras la Segunda Guerra Mundial se ha visto salpicada por un caso de corrupción que ya ha enviado a la cárcel al ex congresista republicano Randall Cunningham, un héroe de la aviación militar reconver- Ardiente defensa El general Hayden fue el encargado de aparecer el pasado diciembre, en la sala de Prensa de la Casa Blanca, para defender el supersecreto programa autorizado por el presidente Bush para interceptar dentro de EE. UU. llamadas de teléfono y correos electrónicos vinculados con sospechosos o simpatizantes de Al Qaida. Actividades sin supervisión judicial encomendadas durante varios años a la Agencia Nacional de Seguridad, pero que al final fueron divulgadas por el New York Times. En su ardiente defensa de estas polémicas escuchas, el general llegó a recordar que como militar profesional he jurado proteger y defender la Constitución de Estados Unidos Insistiendo en que se trata de un programa antiP. R. WASHINGTON. Dentro de la complicada situación por la que atraviesan los reestructurados servicios de inteligencia, la repentina dimisión sin explicaciones de Porter Goss como director de la CIA ha sido cualquier cosa menos voluntaria. El consenso cristalizado en Washington, con ayuda de silencios sospechosos y filtraciones a diversos diarios, es que la salida de este ex agente secreto y ex diputado republicano Un relevo muy poco voluntario habría sido forzada por John Negroponte, el todopoderoso puesto de zar del espionaje. Puesto creado hace un año en el marco de las radicales reformas impulsadas tras el fiasco del 11- S. A lo largo de estos retos de transformación y vanidades burocráticas en juego, Negroponte habría chocado con Goss casi desde el principio de su fugaz mandato con una gradual falta de entendimiento que ha terminado por llegar hasta la Casa Blanca. Planteándose una forzada salida durante una tensa reunión a puerta cerrada celebrada hace dos semanas entre Goss y Negroponte, amigos personales y compañeros de estudios en Yale. Dentro de la lista de factores mencionados para explicar la defenestración se mencionan problemas con su estilo de liderazgo, el debilitador éxodo de veteranos agentes y analistas, y su renuencia a la hora de traspasar recursos y atribuciones dentro de la profunda reorganización aprobada por el Congreso, a la vista de las recomendaciones bipartidistas realizadas por la comisión encargada de investigar las negligencias que hicieron posible 11- S. Altos cargos confirmaron de forma anónima el carácter muy poco voluntario de la sucesión. Según una fuente, cuando se le pide a alguien hacer tantos cambios, tiene sentido dejar que alguien diferente tome el relevo