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ABC DOMINGO 7 5 2006 La Entrevista 11 Entre 1994 y 1995, los sondeos afirmaban que Edouard Balladur sería presidente. En la recta final le ganó su amigo de treinta años Jacques Chirac Un sabio de la República JUAN PEDRO QUIÑONERO Edouard Balladur en un momento de la entrevista con ABC -No creo que fuera una reforma de tanta envergadura. No se trataba de una cuestión de vida o muerte. -Para el primer ministro Villepin sí puede serlo... -Perdón, me estoy refiriendo al conjunto de Francia. Cuando era primer ministro yo mismo tuve que renunciar a aplicar un texto que me parecía bueno- -y lo era- y finalmente se recuperó varios años más tarde. Si se consideran las cosas desde la crisis del petróleo de hace treinta años se advierte que Francia ha logrado mucho: los controles han desaparecido, las empresas públicas se han privatizado, el mercado del trabajo se ha flexibilizado, es cierto que no todo lo necesario. ¿Dónde radica entonces el mal del Estado francés? -El problema a mi juicio es el elevado coste de los servicios públicos. Si en España esos costes se estiman en alrededor del 32 ó el 33 por ciento de su riqueza, en Francia llegamos al 44 ó al 45 por ciento. -Usted fue ministro de Economía y primer ministro, y su partido, de credenciales liberales, gobierna desde hace muchos años, con y sin cohabitación con los socialistas. ¿Cómo no han conseguido mejorar una situación que en España no ha conseguido deteriorar ni el PSOE? -Bueno, eso prueba que los ciudadanos franceses se inclinan hacia el Estado de un modo más instintivo y natural que los de otros países. Es muy difícil de explicar. Los franceses tienen sentimientos ambivalentes. Primero creen que el Estado interviene demasiado y quieren proteger su libertad individual. Y en cuanto hay un problema o dificultad se vuelven hacia el Estado y se sorprenden de que no intervenga demasiado. Y así se legislan subvenciones, contribuciones... No pretendo que mi país sea perfecto. Pero creo que habrá que evolucionar en ese terreno. ¿Cree que el ministro del Interior y posible candidato presidencial, Nicolas Sarkozy, es liberal? -Creo que lo es lo suficiente. -Cuando Sarkozy afirma que el extranjero que no quiera a Francia es mejor que se vuelva a su país ¿cree que está haciendo algo de demagogia xenófoba? -Mire, esa es una frase hecha. Creo recordar además que es una fórmula norteamericana. Insisto, cuando se vive en otro país es preciso aceptar sus reglas. Eso no quiere decir que no tenga derecho a criticarlo, porque no todo es perfecto. Pero el inmigrante debe respetar las normas del país donde se instala. Creo por otra parte que esa es la actitud de la gran mayoría de los inmigrantes musulmanes en Francia. -A diferencia de lo ocurrido con Irak, Francia se encuentra hoy al lado de Estados Unidos en el pulso con Irán ¿Habrá esta vez entendimiento? -No estamos al lado de Estados Unidos sino de la ONU, en el seno del Consejo de Seguridad. ¿Cree que podría llegarse a la guerra si Teherán no se aviene a razones con su programa nuclear? -Fui hostil a la guerra de Irak- -y el tiempo me ha dado la razón- -y lo soy también a un eventual enfrentamiento armado con Irán. No creo que las medidas militares sean las adecuadas. Respecto a otro tipo de medidas habrá que ver primero qué quieren hacer los rusos, que se han presentado como intermediarios, porque tienen ahora la llave del Consejo. Edouard Balladur (Izmir, Turquía, 1929) es uno de los grandes hombres políticos franceses que pudieron ser presidentes de la República, como Raymond Barre, conservador liberal, como él mismo; o como Michel Rocard y Jacques Delors, a su izquierda socialdemócrata. Los cuatro fueron víctimas de Mitterrand y Chirac. Ninguno de ellos tenía la falta de escrúpulos ni el talento cínico y demagógico imprescindible para liquidar a sus rivales en la larga marcha hacia la jefatura del Estado. Entre el invierno de 1994 y la primavera de 1995, todos los sondeos afirmaban que Balladur sería presidente, en detrimento de su amigo de treinta años Chirac. En la recta final de la elección presidencial, Balladur y sus tropas fueron derrotados en la batalla final, humillados con crueldad por las huestes chiraquianas. Francia perdió un jefe de Estado que pudo dar otro rumbo a su atormentado ocaso histórico. Entre la clase política francesa, Balladur se encuentra entre los rarísimos hombres de primera línea que conocen y han ejercido responsabilidades eminentes en la empresa privada, como banquero e hijo de banquero de estirpe armenia, como patrón de grandes empresas industriales, que abandonó cediendo a las sirenas políticas, seducido ¿quién sedujo a quién? por Jacques Chirac. Ministro de Economía y Finanzas de Chirac, durante la cohabitación con Mitterrand, entre 1986 y 1988. Primer ministro de Mitterrand ¿asumiendo un cargo que le cedió Chirac y terminó por envenenar sus relaciones? durante la cohabitación de 1993- 95, Balladur prometió unas liberalizaciones realizadas con forzada timidez y creyó a su alcance la jefatura del Estado. Derrotado en épica batalla, Balladur se convirtió en un sabio de la República. Consagrado a pensar o soñar la acción nacional y europea que no ha podido vivir como actor. Presidente de la Comisión de Exteriores del Parlamento, Balladur se encuentra en una posición privilegiada para avanzar ideas de mucho calado, en terrenos tan sensibles como la crisis nacional o el incierto futuro de la UE.