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4 Opinión DOMINGO 7 5 2006 ABC PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA LUCA DE TENA CONSEJERO DELEGADO: SANTIAGO ALONSO PANIAGUA DIRECTOR: JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS Directores Adjuntos: Eduardo San Martín, Juan Carlos Martínez Subdirectores: Santiago Castelo, Rodrigo Gutiérrez, Carlos Maribona, Fernando R. Lafuente, Juan María Gastaca, Alberto Pérez Jefes de área: Jaime González (Opinión) Mayte Alcaraz (Nacional) Miguel Salvatierra (Internacional) Alberto Aguirre de Cárcer (Sociedad- Cultura) Ángel Laso (Economía) Jesús Aycart (Arte) Adjuntos al director: Ramón Pérez- Maura, Enrique Ortego Redactores jefes: V. A. Pérez, S. Guijarro (Continuidad) A. Collado, M. Erice (Nacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura) J. López Jaraba (Deportes) F. Álvarez (TV- Comunicación) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) Director General: José Luis Romero Adjunto al Consejero Delegado: Emilio Ybarra Aznar Económico- financiero: José María Cea Comercial: Laura Múgica Producción y sistemas: Francisco García Mendívil DE VILLEPIN, BAJO SOSPECHA F ARBORICIDIO POLÍTICO ARMEN Cervera es un personaje público que debe cuidar al máximo su imagen, tanto por su condición de viuda del barón Thyssen- Bornemiza como por las altas distinciones que le han sido otorgadas por el Estado en razón de su relevante aportación a la cultura española. Goza, además, de un merecido reconocimiento por el indudable papel que ha jugado al servicio de los intereses generales. Por este motivo está obligada a ejercer un papel bien distinto al que exhibió ayer en el madrileño paseo del Prado, escenario de una astracanada en la que actuó como protagonista entre los vítores oportunistas de una izquierda variopinta e interesada en aprovecharse del chusco espectáculo para arremeter contra el PP en la figura del alcalde de Madrid, Alberto Ruiz- Gallardón. Ejercer un papel de agitadora social sin que el patronato del Museo haya presentado alegaciones al proyectoy liderar- -al menos a efectos mediáticos- -una concentración de grupos próximos a la oposición municipal no son funcionesque correspondan a un personaje de sus características. Sin duda, los elogios más que interesados de Izquierda Unida o los gritos- -entre bromas y veras- -de baronesa alcaldesa deben hacer reflexionar a quienes le aconsejan tales actitudes. Aunque al final no llegara a cumplir su amenaza de encadenarse a un árbol, las palabras complacientes de la ministra de Cultura, Carmen Calvo, y de la portavoz del PSOE en el Ayuntamiento, Trinidad Jiménez, son buena prueba de quién resulta beneficiado por estas circunstancias. En plena negociación sobre la colección de la baronesa, y después de que los gobiernos populares pusieran en marcha la ampliación de la Fundación, es imprescindible no dar pie a suposiciones sobre una eventual conexión entre la adquisición de esas obras por el Ministerio, a cambio de un precio sustancioso, y las actitudes públicas de su propietaria. Pero lo ocurrido ayer no hubiera sido posible si determinados sectores del PP no se esforzaran en dar aire a sus verdaderos adversarios políticos. En lugar de aprovechar las serias dificultades que atraviesa el Gobierno socialista (entre las más recientes, la quiebra del tripartito catalán o el fiasco en Bolivia) parecen decididos a empeñarse en una absurda pelea fraticida. En condiciones normales, el proyecto de reforma el eje Prado- Recoletos debería ser objeto de debate en las páginas locales de la prensa madrile- C ña. Sin embargo, el asunto ha desbordado todos los cauces razonables. Entre los muchos méritos de Esperanza Aguirre como presidenta de la Comunidad de Madrid no figura esta interferencia en un ámbito estrictamente municipal, puesto que hace referencia a la ordenación del espacio urbano, aunque pueda ampararse en competencias indirectas sobre Bienes de Interés Cultural, asumidas en su día- -paradójicamente- -por el actual alcalde. No se trata sólo de prestar apoyo a posturas discutibles, sino también del método elegido para expresarlo: es un error de cálculo utilizar una pregunta parlamentaria formulada ad hoc para dejar en mal lugar a los compañeros de partido, ante la sorpresa primero y el regocijo indisimulado después de la oposición en la Asamblea. Parece que las enseñanzas de enfrentamientos anteriores no han servido de nada y que caen en saco roto las instrucciones de Mariano Rajoy en el sentido de no malgastar las fuerzas en querellas particulares. Sea cual sea la intención, el hecho objetivo es queeste tipo de situaciones favorece las expectativas electorales (por ahora, bastante reducidas) de la izquierda en Madrid de cara a las próximas elecciones locales y autonómicas. Los responsables del PP deberían reflexionar seriamente sobre la equivocación que supone convertir en una pelea ante los ojos atónitos de la opinión pública un asunto que bien podría arreglarse con sentido común y en una reunión discreta. Resulta sorprendente que se ponga ahora en cuestión el proyecto elaborado por Álvaro Siza y sus socios españoles, aprobado por unanimidad de todos los grupos en el Ayuntamiento y que Aguirre ha calificado de extraordinario corrigiendo incluso al diputado popular que le formulaba la pregunta en la Asamblea. Tampoco es lógico que unos hablen de 16 árboles afectados y otros de más de 700, porque la subjetividad apasionada no permite llegar a resultados razonables. Los ciudadanos de Madrid tienen derecho a saber los datos exactos y el proyecto debe realizarse en beneficio de la ciudad, con un escrupuloso respeto al patrimonio cultural y al medio ambiente, lo que no significa utilizar pretextos para paralizar las obras. Madrid es una baza demasiado importante de cara a las próximas elecciones. Sólo le faltaba a la izquierda que, a estas alturas, se beneficiara de un arboricidio político que amenaza con talar las expectativas del PP en Madrid. NOVELA HISTÓRICA, PRESENTE PERFECTO N realidad sí somos capaces de viajar en el tiempo. Sabemos que la Historia atrapa en una red de perfección científica las fechas, los sucesos memorables, las causas y los análisis documentales de los grandes hechos y personas del pasado. Pero por la urdimbre de esa red escapan los millones de vidas individuales, aventuras y testimonios verosímiles de los grandes eventos históricos. Muchos de aquellos que estuvieron presentes en las batallas, en los descubrimientos y en las grandes convulsiones, han sido devorados por el tiempo, aunque su peripecia permanece hoy al alcance de un novelista dotado por igual de imaginación y rigor documental. Firmemente apoyado en la historia, es capaz de llenar los huecos de la red con vidas rescatadas, en una audacia narrativa de sucesos posibles que pone en pie aquel mundo perdido. La construcción del personaje y del relato históricos tiene una mayor fuerza de penetración en la sociedad que la mayor parte de los volúmenes eruditos o los manuales de los expertos. Dicen que la Historia es la frontera permeable del presente con el borroso continente del pasado. El novelista es E nuestro coetáneo y con él aprendemos también a viajar más allá de esa linde. Ello permite la lectura contemporánea de aquello que no debemos permitirnos olvidar, ayuda a descubrir quiénes somos, de dónde venimos o adónde vamos. La colección que desde hoy ABC ofrece a sus lectores tiene, desde luego, ese mérito. Las veinte novelas que hemos reunido permiten un viaje por los grandes hitos de la historia de España de la mano de nuestros grandes autores del pasado, desde Baroja a Galdós, y de los de ahora mismo, como Manuel de Lope o Ángeles de Irisarri- -cuya Isabel la Reina abre la colección- pasando por algunos de los mejores novelistas internacionales como Robert Graves o John Steinbeck. Reunir de manera tan asequible tanta calidad narrativa en una presentación tan elegante permitirá a nuestros lectores hallar también en estas obras las claves fundamentales sobre algunos problemas del momento histórico que hoy vivimos. El cuento del pasado perfecciona nuestra mirada sobre el presente. Además, el viaje será muy entretenido. Y está servido. RANCIA no acaba de recuperar el pulso de la normalidad. Desde que en 2002 Le Pen sorprendió a la sociedad gala convirtiéndose en el rival inesperado de Chirac en la segunda vuelta de las presidenciales, el país permanece instalado en un permanente estado de crisis. Si se analiza el acontecer cotidiano a lo largo de estos últimos años se aprecia que estamos ante una sociedad que ha ido perdiendo progresivamente la confianza en sí misma: su falta de dinamismo a la hora de atajar los graves problemas que afectan a su tejido económico, su evidente esclerosis social y los escándalos que sacuden a su clase política han transformado a Francia en un país sin rumbo y sin ambición. Tan sólo las movilizaciones que han acaudillado con frecuencia los sindicatos y la izquierda radical han desperezado a la sociedad francesa de su letargo. Sin embargo, el objetivo de esas movilizaciones no ha sido otro que persistir en el problema, esto es, disputar a las instituciones su legitimidad y combatir cualquier aliento de reforma que trate de desmontar la cultura de subsidio bajo la que agoniza el Estado del Bienestar edificado en los años 70 y 80. Esta circunstancia, los incidentes callejeros acaecidos en París a finales de 2005 y los numerosos escándalos que pesan sobre Jacques Chirac han convertido su segundo mandato en una agónica implosión del crédito electoral que lo condujo al Elíseo. En este sentido, la condena de Alain Juppé por corrupción, el escándalo del programa de venta de petróleo iraquí por alimentos, así como otros asuntos que gravitan sobre su entorno de confianza, están conduciendo a Francia a un complicado callejón sin salida. Ahora parece que le ha tocado el turno a De Villepin, implicado en lo que la prensa parisina denomina ya como el Watergate francés. Herido de gravedad tras la derrota sufrida con la retirada del Contrato de Primer Empleo, el primer ministro Dominique de Villepin atraviesa por un nuevo calvario que quizá provoque su dimisión. Esta vez el pulso político se lo plantea la tormenta desatada por el escándalo Clearstream y la acusación de haber ordenado investigar a Nicolas Sarkozy, Laurent Fabius, Dominique Strauss- Kahn o Charles Pasqua, cuando éste era ministro de Asuntos Exteriores. Los cargos que pesan sobre él son de enorme gravedad: se le imputa haber utilizado los servicios secretos franceses para investigar una trama de corrupción que finalmente se ha demostrado falsa. El cruce de declaraciones y desmentidos de los últimos días coloca a De Villepin y su Gobierno en una difícil situación, máxime si se confirma que dio la orden de investigar a la sombra de una supuesta indicación recibida desde el Eliseo. Quizá la insistencia de Chirac de reiterar ayer su apoyo presidencial al primer ministro sea algo más que una declaración de confianza. Probablemente sea la última baza para evitar que el escándalo le salpique a él directamente.