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8- 9 S 6 LOS SÁBADOS DE El Kelvingrove Art Gallery and Museum expone piezas de Mackintosh lones de té diseñados en 1903 por encargo de Miss Kate Cranston y que, cien años después, siguen abiertos para solaz de una parroquia fiel y de unos visitantes que quedan sorprendidos por la exquisita luminosidad de los espacios, sobre todo The Room de Luxe, y por unos muebles que combinan la rudeza de la tradición medieval escocesa con la delicadeza de la nueva modernidad: suaves curvaturas, motivos geométricos y empleo de maderas lacadas y decoradas. Después de merendar es fácil dejarse tentar por la mercadotecnia Mackintosh disponible en estos establecimientos. Obra maestra. Glasgow School of Art, innovadora por dentro y por fuera Apuntes prácticos El Festival Mackintosh tendrá su momento culminante en septiembre, pero ya es posible disfrutar de eventos que invitan a descubrir el talento del artista escocés. En www. glasgowmackintosh 2006. com y en www. crmsociety. com es posible encontrar todas las pistas, planificar el recorrido por Glasgow, descargarse el programa de actividades o adquirir el Mackintosh Trail Ticket. Más información para viajar a Escocia: www. visitscotland. com es Reapertura de Kelvingrove ¿Cómo decoraría este tipo su propia casa? Respuesta: no deje de visitar la Hunterian Art Gallery (www. hunterian. gla. ac. uk) donde se han reconstruido los principales interiores de la vivienda del número 6 de Florentine Terrace que Mackintosh y su esposa, la también artista Margaret Macdonald, compartieron entre 1906 y 1914. El mobiliario es original. Cerca de esta instalación está el museo más importante de Escocia y el más visitado del Reino Unido después de los clásicos londinenses: Kelvingrove Art Gallery, que volverá a abrir sus puertas en julio después de una gran reforma que ha durado tres años y ha dejado una factura de 27,9 millones de libras esterlinas (43 millones de euros) En el espléndido edificio- -la entrada será gratuita- -habrá, por supuesto, una galería dedicada a Mackintosh. Hay más tentaciones modernistas: House for an art lover (www. houseforanartlover. co. uk) The Hill House... y un Mackintosh Trail Ticket billete de un día que, por 12 libras (18 euros) permite visitar 12 atracciones del artista y usar sin límite el metro y los autobuses de Glasgow. La escuela sigue alumbrando arte Charles R. Mackintosh LUGAR DE LA VIDA Las niñas de Curtis E MÓNICA F. ACEYTUNO ran dos, las niñas de Curtis. Se quedaron con ese nombre cuando se fueron a vivir a Curtis siendo niñas, como quien se va al fin del mundo, porque Curtis es frío y el monte que lo rodea, a fuerza de vientos, está lleno de tojos. Siempre hay dos o tres grados menos en Curtis. Parece un pueblo del Oeste, por la ausencia de árboles en las calles, como si el viento hubiera barrido también, de la cabeza de sus alcaldes, la idea de lo hermosa que puede llegar a ser una calle arbolada. Al final de Curtis, junto a la estación, está el Express, el restaurante que toma el nombre de un anuncio de café en su fachada. Con la televisión en lo alto siempre puesta y sus manteles de cuadros, el Express es una de las mejores cosas de Curtis. La otra, la casa de las niñas de Curtis, con su patín de escalera y su cocina de leña que hacía las veces de mesa. Los días de feria estaban siempre muy arregladas. Lo peor que les podías hacer a las niñas de Curtis, era ir a verlas fuera de los días señalados. Pero, avisando, estaban impecables y siempre sonrientes. Una de ellas casó pero no tuvo hijos y cuando murió el marido se podría decir que enviudaron las dos porque el hombre se preocupó de no deshacer con el matrimonio la unión entre las dos hermanas. La tarde de ayer fue una tarde de primavera de esas que nunca acaban, o al menos de las que no se quiere que acaben nunca, porque todo está bien, los ramos florecidos y los sacerdotes, uno con el incienso, otro dando la misa con cariño, y el otro tocando un piano portátil que sonaba a órgano mientras la luz entraba por el ventano ojival de piedra provisto de unos clavos para que pasen a la iglesia los rayos de sol y no los ratones. En la palmera, imitaban mil cantos los estorninos. Maruja, en silla de ruedas, con el pelo blanco, junto a la caja de su hermana cubierta de rosas, sonreía llena de tristeza a todos los que iban a darle el pésame, por la alegría de volver a verlos. Se enterró ayer en Oza una de las niñas de Curtis. Como si hubiera vuelto a marcharse monte arriba, sus primos revivían la infancia y lloraban todos como niños.